MIS RECUERDOS DEL AGUA LIMPIA. Autor: El Adobero

Cascada de San Miguel del Monte Mich. Google images

…simplemente tomábamos el agua directamente de los arroyos por los que corría agua cristalina y fresca todos los días del año…


Hemos disfrutado durante muchos siglos del agua limpia sin ningún recelo y preocupación. La usamos sin medida y parece que pesamos que es eterna. Sin embargo, a los que tenemos los años caminados como yo, nos ha tocado vivir desde una infancia plena de agua hasta esta madurez cuando nos empezamos a hacer consientes que la estamos terminando…


Mi memoria está llena de recuerdos, gratos y no tanto, de mi convivencia infantil con el agua. Yo nací en un pueblo que está en la margen derecha del Río Lerma en Salvatierra, Guanajuato. Un río que tenía un gran caudal perenne de agua que corría todos los días de año. A veces más, a veces menos, pero todos los días llevaba agua.

Caudal del Río Lerma. Salvatierra. Guanajuato. Google images
Caudal del Río Lerma. Salvatierra. Guanajuato. Google images

En sus veras existían huertas de frutales, guayabas, duraznos, granadas, aguacates, y muchas más… Con sus aguas se regaban las tierras más fértiles del centro de nuestro país. El granero del Bajío, el Valle de Huatzindeo.

Toda la vida de este pueblo estaba basada en el agua; las magníficas cosechas de sus tierras, maíz, jitomate, chile, camote, cacahuate, cebolla, melón, etc. se lograban por el agua del río. Las únicas industrias del pueblo y sus alrededores eran una fábrica de hilados y tejidos y una fábrica de aceite comestible. Ambas utilizaban la energía eléctrica que se autogeneraban mediante turbinas que aprovechaban el caudal de agua del río.

Un sistema de acequias y canales corrían por el pueblo y daban vida a algunos molinos de granos, trigo y maíz que la gente todos los días utilizaban para la elaboración del pan y las tortillas.

Las estaciones del año estaban bien definidas, casi con precisión y puntualidad inglesa. Se sabía perfectamente cuando empezaba la temporada de calores, de lluvias, de vientos y de frío. Las fechas de las siembras y las cosechas, igualmente, se establecían conforme al cultivo que tocara en las fechas de año. El sistema de riego era, fundamentalmente, con el agua del río.

Inundación en el Barrio de Santo Domingo. Salvatierra. Gto. Imag Arcadia Salvaterrense
Inundación en el Barrio de Santo Domingo. Salvatierra. Gto. Imag Arcadia Salvaterrense

Sin embargo, en mis recuerdos también aparecen algunas inundaciones, sobre todo en el barrio de Santo Domingo, el barrio donde nací. Se presentaban algunas lluvias torrenciales que duraban hasta semanas sin parar. La casa donde nací se derrumbó a los pocos días de mi nacimiento, precisamente por exceso de humedad. (Creo que de ahí me nació la vocación de ser constructor).

En las afueras de mi pueblo, había una aldea llamada “La Angostura” en ese lugar hay un manantial de agua cristalina del cual un grupo de arrieros se dedicaban a acarrear agua en cántaros sobre el lomo de una recua de burros. Vendían el cántaro a 5 o 10 centavos, (en eso me falla la memoria). Agua fresca con un dulce sabor a tierra… (Los primeros antecedentes de las aguas embotelladas).

Pasaron los años y me fui a estudiar a Morelia, Michoacán, un estado en el corazón de la sierra madre occidental. En el seminario de Morelia, mis recuerdos ligados al agua son todavía más interesantes. El seminario estaba ubicado a un lado de lo que le llamábamos “los filtros”, en ese lugar se potabilizaba el agua que consumía la ciudad. El agua llegaba ahí mediante canales en tierra que conducían las aguas pluviales de los arroyos provenientes de la sierra que se encuentra al sur de la ciudad. Una característica de estas aguas era su color rojizo, que tomaba del color de la tierra por donde iba pasando.

Recuerdo algo que en estos tiempos parece cosa de fantasía: Cuando salíamos de día de campo a los cerros de la sierra, o a jugar futbol a “Jesús del Monte”, no teníamos necesidad de llevar botellas con agua, (porque aún no se había inventado el gran negocio de vender el agua en botellas de plástico), simplemente tomábamos el agua directamente de los arroyos por los que corría agua cristalina y fresca todos los días del año. El paseo a la cascada de “San Miguel del Monte”, el paseo a “Pico Azul” 20 kilómetros al sur de Morelia, o aún más lejos a la gran cascada de “Chorro Prieto” a 30 km; todos a pie. Y sin necesidad de llevar agua, porque la tomábamos de los arroyos.

Igualmente en las vacaciones comunitarias a “Erongarícuaro”, en la orilla poniente del “Lago de Pátzcuaro”, caminábamos a “Pichátaro”, a “Urimbo”, a “Tzintzuntzan”, a “Napízaro”, al cerro del “Gorupo”, todos a pie, cortando frutas silvestres de los árboles de los cerros, peritas, manzanas y tejocotes; corriendo y bebiendo agua de los arroyos.

Al paso de los años, la vida me trajo a Querétaro en el año de 1971. Y, aunque no lo crean: me tocó conocer los manantiales todavía de la Cañada con agua cristalina.

Nuestro río, desde la época colonial, ha llevado aguas salobres y apestosas, debido a los obrajes y trapiches que se ubicaron en sus márgenes. Desde entonces no ha sido un río de aguas limpias… Igual que en mi pueblo, en la margen de este río se ubicó una gran industria de textiles en el poblado de Hércules la que utilizaba las aguas del río para sus procesos y obviamente las regresaba al mismo, malolientes y contaminadas.

Manatiales secos de La Cañada. El Marqués. Querétaro. Google images
Manatiales secos de La Cañada. El Marqués. Querétaro. Google images

Pero el agua de la Cañada era limpia, fresca y cristalina. De esa agua que enamoró algunas monjas, según se cuenta del Marqués de la Villa del Villar del Águila y que para lograr su amor, se las hizo llegar mediante la construcción de El Acueducto de Querétaro.

El agua de los manantiales de la Cañada, regaba grandes huertas de las vegas del río en la Cañada y Hércules, hasta llegar al seminario diocesano.

Todo esto parece un sueño y les juro, a los jóvenes de hoy, que lo que digo es verdad…

¡El agua limpia existía y era de todos!

 

 

 

 


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