ANTES DE LA ERA SMART. Autor: El Adobero

Antes de la era Smart. Imag etnoleon. Google images

Muchos eran los amigos con los que coincidíamos todos los días, casi siempre en el mismo lugar, seguramente con la misma plática del día anterior, y uno que otro chisme de un nuevo día…


Les comparto en esta ocasión algunos recuerdos de cuando no contábamos con el universo de accesorios y aparatos que actualmente marcan nuestras vidas. Ahora todo es Smart y antes todo era con el contacto directo con las personas. No pretendo prejuzgar si antes era mejor que ahora, simplemente así fuimos los que ahora tratamos de sobrevivir a la era de todo lo inteligente.


Parece que fue hace mucho pero mucho tiempo, cuando todas las mañanas, al salir temprano a nuestras actividades, teníamos la costumbre de saludar a cuanta persona nos encontráramos en el camino.

– Buenos días Don Pancho

– Buenos días Doña Chonita

– Buenos días compadre

Y así sin parar, con la mejor cara que podíamos, íbamos saludando a todo mundo.

Muchas veces nos parábamos, sin pensar en la prisa que llevábamos, a platicar con algunos de los muchos amigos que teníamos, amigos de cuerpo presente, de saludo de mano y que seguramente contaban con algún apodo adecuado a su personalidad. El Gordo, la Changa, El Flaco, la China, el Bizco, el Chueco, la Queta, y muchos, muchos más.

Amigos de todos los días. Imag noticiasdenavarra. Google images
Amigos de todos los días. Imag noticiasdenavarra. Google images

Muchos eran los amigos con los que coincidíamos todos los días, casi siempre en el mismo lugar, seguramente con la misma plática del día anterior, y uno que otro chisme de un nuevo día. Nuestra convivencia era directa, en vivo, con mucha habilidad para el uso del doble sentido. Hablábamos el lenguaje completo, y sí, la verdad, con muchas señas buenas y más de diez leperadas. De las que ahora la gente culta hace constante uso.

Anteriormente para tener comunicación con algún familiar que vivía en algún lugar, ni siquiera tan lejano, le enviábamos una carta escrita a mano, que metíamos en un sobre, le pegábamos una estampilla de correo, la metíamos en un buzón y después de una semana, de cuando iniciamos su escritura, le llegaba a la persona a la que destinábamos nuestro mensaje. Ahora podemos enviar un mensaje a cualquier lugar del mundo en segundos.

A los amigos los conocíamos y los saludábamos de cuerpo presente. Les escribíamos cartas a mano, con caligrafía. Si esa carta iba dirigida a alguna enamorada, rebuscábamos el leguaje más florido y representativo de los sentimientos que se desbordaban en el corazón, con la esperanza de convencerla de nuestros nada desinteresados sentimientos. Cuando recibíamos la añorada respuesta en un sobre de color y con perfume de lavanda, de mujer bonita, la alegría rebasaba los lugares más recónditos del universo y sentíamos cómo el corazón aceleraba y nos ponía las sienes a punto de explotar.

Las antiguas postales de nuestros viajes. Imag todocoleccion. Google images
Las antiguas postales de nuestros viajes. Imag todocoleccion. Google images

Recuerdo que si teníamos la oportunidad de realizar algún viaje, por más cercano que este fuera, buscábamos en los puestos del lugar las recordadas postales que eran fotografías representativas del lugar que estábamos visitando. Viene a mi mente, cómo mi madre guardaba las que le enviábamos, mis hermanos y yo, desde Morelia dentro de un baúl cual si fueran los más grandes tesoros que poseía.

En mis recuerdos de la infancia y del despertar a la adolescencia, tengo en mi memoria la central de teléfonos de mi pueblo, ubicada frente a la peluquería y a un lado de la zapatería “Canada”. Los aparatos telefónicos que se tenía en los hogares servían para comunicarse con las operadoras de dicha central de las que casi todas conocíamos sus nombres.

– Bueno días Mariquita, ¿me podría pasar una llamada con Doña Cholita la del portal de la columnas?

– Claro que sí Don Pancho, le comunico.

– ¡Gracias Chula!

Y así se pasaban todo el día comunicando al enorme pueblo, que en ese tiempo tenía unos 10,000 habitantes y como unos 100 teléfonos.

Las guapas telefonistas. Google images
Las guapas telefonistas. Google images

Uno de mis pasatiempos más añorados era pasar en múltiples ocasiones frente a la central de teléfonos para admirara a las hermosas señoritas que sacaban y metían cables con una habilidad que imaginaba sólo tenían en la estación de despegue de cohetes de Houston en los Estados Unido que en un futuro próximo llevarían al hombre a la luna. Chicas hermosas, radiantes, ataviadas con minifaldas que al cruzar las piernas en sus elevados bancos, nos hacían casi desmayar de la emoción.

Poco a poco la modernidad nos fue alcanzando y en mi pueblo llegó la primera estación de radio del Señor Sandoval, que venía de la ciudad de Morelia, y por eso mismo a su hijo Rafael, escuincle medio creído, los apodamos “El Morelia”. Su padre, un magnifico ingeniero, construyó por sí mismo la antena y armó el equipo de la primer estación de radio en frecuencia AM de mi pueblo. Era el ingeniero de sonido, de transmisión, de programación y al mismo tiempo el locutor de la estación de radio. Tiempos aquellos….

Poco a poco nos fuimos modernizando, llegaron las primeras televisiones en blanco y negro y los radios de transistores, algunos con onda corta, las cámaras portátiles de fotografía y una que otra máquina para sumar y restar.

 

 

Viejos amigos. Google images
Viejos amigos. Google images

Pero ni con todas estas invenciones de la modernidad de antes, dejamos de gozar de las amistades, de aquellas de saludo de mano mugrosa, de gritos de banqueta a banqueta, de señales groseras con las manos, de piropos suaves e inspirados… en fin, de convivencia humana.


Participa con tus comentarios abajo en este mismo espacio.

Compártelo con tus amigos y así integraremos una comunidad pensante y positiva.

Date la oportunidad de enviar lo que produce tu pensamiento a:

pioxsalgado@eladobero.com
adobero21@gmail.com

¡Hasta el próximo adobe!

Related posts

One Thought to “ANTES DE LA ERA SMART. Autor: El Adobero”

  1. Anónimo

    OBVIAMENTE EL MÁS GROSERO ERAS TÚ VIEJITO.

Deja un comentario