EL SACO DE CANICAS. Autor: El Adobero

Saco de canicas. imag lascanicas.com. Google images

Empezamos a valorar las canicas que nos quedan y quisiéramos que nunca se acabaran…


Queridos amigos, lectores de El Adobero. En esta ocasión les comparto una reflexión del valor de nuestras vidas y de cómo debemos aprovechar uno a uno nuestros días…


La vida es similar a un saco de canicas, cuando somos niños el saco está repleto, tenemos muchísimas, nos divertimos jugando con ellas, y lo que menos pensamos es en contarlas. Así son los días de nuestra vida.

Las apostamos con otros niños. Imag juesgostradicionales.net. Google images
Las apostamos con otros niños. Imag juesgostradicionales.net. Google images

Cuando somos jóvenes, muchas veces las desperdiciamos e inclusive dejamos que algunas se pierdan en juegos sin sentido. Las apostamos en juegos con otros jóvenes y las perdemos sin que ello nos cause la menor preocupación. A fin y al cabo aún tenemos muchas, tantas que no valoramos cuantas nos quedan.

Al pasar a la edad adulta, ni siquiera pensamos en ese saco de canicas, nuestra vida está enfocada a trabajar para tener muchas cosas materiales, en criar a nuestros hijos y luchar con todas nuestras capacidades en darles lo mejor, sin darnos cuenta que en ese saco cada vez quedan menos canicas, menos de la mitad del total de las que disponíamos para nuestra vida. Nuestros hijos crecen y poco a poco hacen su vida. Llega el día en que se van y nos empezamos a quedar solos. Y es cuando, repentinamente volteamos y vemos que nuestro costal ya empieza a vaciarse, pero, no hay de qué preocuparse, aún tenemos bastantes. Seguimos en nuestra rutina diaria de hacer más y más cosas, y nuestras canicas son menos cada día.

La soledad se va haciendo más grande, aun teniendo muchas personas en nuestro entorno, nos vamos sintiendo solos, cada día más y más solos. Llegamos a la madurez, a la vejez.

Ahora sí, volteamos y vemos que nos quedan pocas canicas por apostar. Muy pocas.

Empezamos a valorar las canicas que nos quedan y quisiéramos que nunca se acabaran, añoramos todo el universo tan grande que tuvimos y entramos en remordimientos por las desperdiciamos sin sentido. Las que perdimos en el camino de la vida, las que no disfrutamos plenamente. Muchas las perdimos en pleitos y resentimientos con nuestros seres queridos. Otras en amores falsos o traiciones, en vicios y ocio sin provecho. En rencores y falta de amor hacia los demás.

Ahora que ya son pocas y que nuestro costal está lleno de agujeros por los que nuestras canicas se fugaron y otras las desperdiciamos sin siquiera darnos cuenta, tenemos la oportunidad de revalorar nuestra vida.

Tenemos que parchar todos los agujeros que tiene nuestro costal, nuestra vida. Tenemos que reconciliarnos, primero con nosotros mismos y simultáneamente con los demás, sobre todo con aquellos que estuvieron o siguen estando cerca de nosotros. Tenemos que perdonarnos y perdonar, sin condiciones. Ya no podemos seguir desperdiciando las pocas canicas que nos quedan.

Una a una debemos disfrutarlas a todo lo que se pueda, debemos amar día con día, no echar a perder esa oportunidad de vivir esa canica de hoy, una a una, con intensidad, con amor. No debemos perderlas en falsos orgullos y pleitos, corajes o resentimientos con los demás, así lo que vamos a lograr es terminar nuestro costal y dejarlo totalmente vacío antes de que el tiempo se termine.

La última canica. Imag pinterest
La última canica. Imag pinterest

Debemos estar preparados para cuando llegue el día en que tengamos que terminar el juego con la última canica, aun en la soledad, podamos estar en paz con nosotros mismos, con los demás y en el último juego, con Dios.


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