LA VIDA ES UN INSTANTE ENTRE DOS ETERNIDADES. Autora: Guadalupe Mendoza Alcocer

La Vida es un Encuentro entre dos Eternidades

… usted continúa enamorada de las emociones”. Doña Guadalupe asiente, dice: – cómo no, nada más de oír a Hugo Avendaño, “siento en el alma unas ganas inmensas de llorar”


La Arquitecta Guadalupe Mendoza Alcocer, nos comparte en esta ocasión un artículo especial de Doña Lupita Morales Chávez, una mujer michoacana, extraordinaria madre de familia que nació y vivió con el siglo XX.


Guadalupe Morales Chávez vio la luz en Quitupan, Michoacán, en 1917, el mismo año en que nació nuestra Carta Magna en Querétaro. Murió en la Ciudad de México el 13 de septiembre de 2018. Se puede hablar de ella como una mujer ejemplar del siglo XX, mujer que afrontó los retos de sacar adelante una familia de cinco hijos todos universitarios, a cual más sobresaliente en su área, sufragando los gastos familiares con su trabajo de enfermera. Su perfil de mujer mexicana de provincia que emigró de su pueblo natal a la capital huyendo del Movimiento Cristero, nos permite pensar en un sinnúmero de mujeres a las que Guadalupe representa.

De la apasionante vida de Doña Guadalupe se tuvo conocimiento a través de sus hijos y amigos de familia, en su vida se entretejió el bolero como una fortaleza que la ha acompañado siempre. La vida de trabajo de Guadalupe Morales, que se adivinaba llena de matices, llevó a la directora de la revista electrónica MEC-EDUPAZ, doctora Graciela Mota Botello de la UNAM, (actual presidenta del Icomos mexicano) a realizar una entrevista a Doña Lupita para registrar su testimonio de vida tan vinculado con la Cultura Mexicana de nuestro tiempo, y así al cumplirse los 98 años de la entrevistada dejar esa marca de vida de una mujer que aún conservaba plenamente la lucidez.

A Doña Lupita le tocó ver y juzgar, con sentido crítico, a los últimos 21 presidentes de México, 21 abanderados de seis partidos diferentes que según ella “no han sido capaces de impulsar a nuestro país a un desarrollo definitivo”.

Volviendo a su infancia, cuando salieron ella y su familia de Quitupan en la década de los veinte, se fueron unos años a Jiquilpan, lugar más tranquilo, en donde tenían familiares. Ahí cursó hasta cuarto de primaria. Era una buena educación con buenos maestros. En Jiquilpan tenía su casa Lázaro Cárdenas, aún no era general, iba seguido, le gustaba la música y el baile. Mis primos eran también muy alegres, cantaban y tenían piano, les gustaba tocar a Manuel M. Ponce y otras canciones yucatecas de amor, dijo la entrevistada. Graciela le dice: “por lo que la escucho siempre le ha gustado el bolero, usted continúa enamorada de las emociones”. Doña Guadalupe asiente, dice: – cómo no, nada más de oír a Hugo Avendaño, “siento en el alma unas ganas inmensas de llorar”

Francisco Javier López Morales
Francisco Javier López Morales

Graciela Mota señala: desearía mencionar a cada uno de sus hijos de brillante trayectoria, pero por su estrecho vínculo con Querétaro menciona solo al doctor en arquitectura Francisco Javier López Morales, director de Patrimonio Mundial del INAH y miembro distinguido del ICOMOS Mexicano e Internacional.

Guadalupe Mendoza Alcocer
guayus@hotmail.com
ICOMOS.AMMPE.UAQ

 


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