LOS SANTOS REYES SON MAGOS DE VERDAD. Cuento de Navidad. Autor: El Adobero

Los Santos Reyes son Magos de Verdad. Imag infovaticana. Google images

– Pídele al niño Dios, y a los reyes magos con mucha fe lo que quieres que te traigan… con mucha devoción…


Queridos amigos, me permito compartir en el final de esta temporada de fiestas navideñas, un cuento, entre verdad y sueños, de como los Santo Reyes han sido y seguirán siendo Magos de Verdad.


Las fiestas de navidad han pasado, llegó el año nuevo, 1963, y solo estábamos esperando con ansiedad el día de los reyes. Ya las calles de mi pueblo han sido invadidas por los comerciantes de todo tipo de chucherías y juguetes para que los reyes se surtan y regalen a los niños los regalos que les hemos pedido. Aún no se acostumbra escribir cartas a los reyes magos.

Mi mamá frecuentemente, mientras está haciendo sus quehaceres, me pregunta.

– Bueno y ¿qué le vas a pedir a los reyes?

– No se mamá, no sé. Nosotros no acostumbramos el diminutivo mami.

Las dudas afloraban porque el año del anterior no había sido un buen año para mi papá. Se las han visto duras para sostener a todos los hijos “que Dios les dio”… Sin embargo, yo recordé que desde que tengo uso de razón, siempre llegaron los Santos Reyes a mi casa, nunca dejaron de venir a visitarme.

Recuerdo mi primer regalo, un perrito hecho con cuero curtido de conejo, con ojos que bailaban con una munición adentro. Al año siguiente un camioncito de hoja de lata, así se llamaba la lámina doblada con que se fabricaban muchas cosas entre ellas, muchos juguetes. Las llantas eran de hule, parecían de verdad, estaba pintado con pintura de aceite de esa que huele mucho a ferretería, tenía sus faros relucientes y su caja de redilas para cargar materiales. Yo jugaba mucho con mi camioncito a llenarla de tierra y piedras, que disque para la construcción de una casita para mis papás.

Al siguiente año, día de los reyes, me trajeron otro juguete de lámina, muy bonito, un trenecito que daba vueltas con cuerda en un círculo de lámina también pintado con paisajes, chiquito pero que me hacía soñar con grandes viajes, muy lejos, hasta Pátzcuaro les decía a mis amigos.

Al otro año, no tenía yo muchas esperanzas de un buen regalo, sin embargo llegó la noche y al ver que mi mamá nos mandaba cada rato a dormir, presentí que si iban a llegar, no sabía a qué horas y la emoción me quitaba el sueño. Me hacía el dormido porque mi mamá nos había dicho

– Si no se duermen los reyes no van a llegar

El Rey Baltazar sobre su elefante. Imag Pinterest
El Rey Baltazar sobre su elefante. Imag Pinterest

Y pues ni modo, a hacerme el dormido. En eso estaba cuando repentinamente, con la luz de las velas que utilizaban mis papás para alumbrarse en la noche, voy viendo en la pared de la cabecera de la cama de mis papás un elefante y sobre él un rey, el rey negro, oh que gran sorpresa, que emoción, si vinieron. Me quedé totalmente quieto para que no viera el rey que estaba despierto, cerré los ojos y no vi qué me habían traído. Al despertar, totalmente a obscuras todavía, me bajé de la cama y empecé a palpar para averiguar cuál había sido mi regalo, sobre mis chanclas estaba un pequeño paquete que supuse sería un juguete, no sabía que era, con mucho cuidado, si hacer el menor ruido, lo tomé y me salí del cuarto al patio de la casa, había una gran luna por lo que me preparé para jugar. Era una mulita con su carrito detrás, decía la caja que era “La Burra Filomena”, la desempaqué y vi que tenía una manivela para darle cuerda, le di toda la cuerda que pude, y la puse en el suelo, cual va siendo mi sorpresa, que se suelta a correr a toda velocidad y relinchar por todo el patio haciendo un gran ruido. En la… se levantó mi papá y con voz amenazadora me dijo

– Ándale chacho canijo, vete a dormir, ya no estés dando lata o te escondo tu mula.

Nunca supe cómo mi papá sabía que el juguete era una mula, si no la había visto. Al siguiente día y todo el año jugaba frecuentemente con mi “Mula Filomena”, ese fue un juguete que yo quise mucho, me duró muchos años, hasta que ya todo oxidado dejó de funcionar y se fue a la basura.

Por fin, llegamos a este año, 1963, realmente no esperaba yo nada, frecuentemente pasaba por las jugueterías y en particular por el almacén de Don Pancho que tenía muchísimos juguetes que me gustaban, pero en particular uno, muy especial, un patín del diablo… pero, pues la verdad, no creo que me lo fueran a traer. La mañana del 5 de enero mi papá, como era su costumbre en esa fecha, me llevó a caminar con él, recorrimos los puestos callejeros y cada rato me enseñaba, pistolas de fulminantes tipo revólver de esas que usaba Chéster en el programa de la tele que se llamaba “La Ley del Revólver”, estaban re padres, me dije a mi interior, bueno pues que sea eso….

Seguimos caminando y de repente me dijo:

– Bueno, pues vámonos a la casa, que tenemos que preparar tus cosas para que mañana vayas al colegio.

– No papá, ¿que hoy no vamos a ir al almacén de Don Pancho?

– Mmm… para qué, ¿qué no viste ya las pistolas y te gustaron?

– Nomás a ver papá

De mala gana pasamos a la tienda e inmediatamente me dirigí al lugar donde estaba el maravilloso patín del diablo, de metal, pintado de amarillo, con llantas como las del jeep del padre León. Olía riquísimo, a nuevo… Mi papá me jaló y me quiso alejar de ahí. Lo vio Don Pancho y le dijo:

– Leopoldo, déjalo que vea, déjalo que sueñe, que tal y ¡sí se le hace!

– Cómo crees Pancho, ni de chiripada…

– De cualquier forma más tarde te veo en el rosario, le replicó Don Pancho.

Nos alejamos. Yo iba un poco cabizbajo pero ya resignado…

Llegó la noche, después del rosario, mientras platicaba Don Pancho con mi papá, le pedí mucho al niño Dios del nacimiento del templo parroquial que me mandara con sus reyes magos el patín del diablo que tanto quería, pero pues si no, de perdida las pistolas de fulminantes…

Llegamos a la casa y mi mamá, nuevamente nos mandó a dormir temprano. Totalmente resignado, me dispuse a dormir y al poco rato llegó mi mamá y me dijo

– Pídele al niño Dios, y a los reyes magos con mucha fe lo que quieres que te traigan… con mucha devoción.

Así lo hice, cerré mis ojos y me puse a rezar. No terminé ni siquiera la oración a mi ángel de la guarda, cuando me quedé profundamente dormido. Ahora sí, ni se me apareció el rey negro… ni nada.

Cerca del amanecer, desperté y la curiosidad me ganó, empecé a tentalear a los pies de la cama para averiguar qué me habían traído. Realmente no esperaba yo más que mis pistolas o cualquier otro pequeño juguete de lámina. Toqué los zapatos viejos y nada… Ahora sí, ya valió, no hay nada… aventé otro manotazo y nada… me bajé a gatas de la cama y en medio de obscuridad, arrastrándome para tratar de tocar algo… repentinamente sentí algo frío, quise retirar la mano y que se me cae algo grande en la cabeza, me dolió de a montón, ah que la fregada ¿y ahora? Mi papá prendió rápidamente su vela y oh, cual va siendo mi gran sorpresa, que veo el patín del diablo amarillo no podía ligar palabras, solamente balbuceaba, el patín, el patín…

– Ya salte a jugar a fuera para que dejes dormir. Me gritó mi papá

Mi mamá estaba sonriendo y suavemente tomó la mano de mi padre y le dijo:

– Ya déjalo que juegue y vente a dormir.

Apagaron su vela y yo salí directamente al patio a montar en mi patín del diablo, con un gran chipote en la cabeza. No me bajé de él hasta el momento de ir al colegio.

Desde ese día siempre iba y regresaba al colegio en mi patín del diablo, a toda velocidad, y eso que las calles de mi pueblo eran de empedrado… Por las tardes jugaba competencias con mis amigos, a las carreras en el jardín grande. Yo era realmente muy bueno, hacía piruetas y muchas diabluras…

Esos reyes sí que habían estado buenos. Solamente recuerdo que mi papá iba cada semana a “saludar” a Don Pancho, hasta el siguiente año.

 

La adoración de los Reyes Magos. Imag traveler.es. Google images
La adoración de los Reyes Magos. Imag traveler.es. Google images

 

Pasaron muchos años, hasta este 2019, y los reyes magos continúan llegando cada año a mi casa, algunas veces pobres, algunas otras, ricos. En un principio a mí y a mis hermanos, después a mis hijos y ahora les traes sus regalos a mis nietos, con sus juguetes modernos. Pero, eso sí, nunca han faltado y estoy seguro que, a través de los años, seguirán viniendo los Reyes Magos a mi casa.


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