UNA TRAGEDIA BRUTAL EN LOS ANDES Autor: Manuel Alvarado Escalante

Tragedia en los Andes. Imag Canal siete bahía blanca. Google images

Con maletas, partes del fuselaje del avión y todo lo servible hicieron una muralla que los protegiera algo del intenso frío…


Les comparto un artículo extraordinario de Manuel Alvarado, que nos describe la grandeza de la voluntad y la solidaridad humana, con un realismo tal que te atrapará y te hará vivir esa experiencia como si tú formaras parte de esa aventura…


Tengo ochenta años y aún me impacta la tragedia sucedida en el año 1972.

Cuando leí en un periódico Excélsior una corta nota sobre dos muchachos que habían estado diez semanas atrapados en las heladas montañas de la cordillera de los Andes y se habían podido salvar llegando a Los Maitenes en Chile, sentí escalofríos. (1)

Tenía yo treinta y cinco años, hoy tengo ochenta y me vuelve a impresionar la tragedia. Cuando oigo hablar de ella, cuando leo un comunicado, cuando simplemente llega a mi memoria o cuando, al repasar un librero, veo algo de los que se escribió, siento una angustia interna.

Fernando Parrado. Sobreviviente de los Andes. Imag eltiempo.com. Google images
Fernando Parrado. Sobreviviente de los Andes. Imag eltiempo.com. Google images

En alguna parte de la prensa, creo que fue en una nota de un noticiero de televisión, Fernando Parrado, uno de los supervivientes y uno de los dos héroes que salvaron a sus compañeros, habló sobre los valores de la vida y de la familia, hace unos días.

Es una de las historias más impresionantes de la supervivencia humana que se logró debido a su credo, a la unión de compañeros, a la férrea voluntad y a la fortaleza física de algunos de ellos.

Es más válida la opinión sobre el valor de la vida, de la familia y los valores morales, más válida, repito, la opinión de un hombre que estuvo expuesto a extremosas circunstancias, a penurias de temperatura de congelación, sin alimentos ni medicinas durante setenta y dos días, es más válida, una vez más, que la mía o la de cualquier persona que no haya vivido situaciones de esa naturaleza. Esto es parte de lo que comentó:

Gracias a su credo religioso, el de todos ellos, los mantuvo unidos y les dio esperanza de salvación. Nunca perdieron la fe y aunque hubo desesperación y se mostró a veces la debilidad humana, se recobraban y siguieron firmes en su deseo de salvarse y de su credo. (2)

Siguiendo con el tema, yo estaba tan impresionado con la tragedia que leí tres libros que se escribieron más de una vez cada uno, cantidad de notas que se publicaron y vi dos películas que se realizaron (muy malas las dos).

Equipo Uruguayo de Rugby. Google images
Equipo Uruguayo de Rugby. Google images

El caso es que un equipo de fútbol rugby, los Old Christians cuyos miembros habían sido alumnos del Colegio Stella Maris de Uruguay (3) y que había destacado en las competencias, decidió ir a Chile para enfrentarse con otros equipos fuertes similares de Santiago de Chile.

Contrataron un avión Fairchild de 40 pasajeros que pronto se llenó porque algunas amistades, parientes y familiares decidieron hacer el viaje en forma de paseo y así fue fácil cumplir con el costo del vuelo tipo Charter. Organizado todo, el avión salió de Montevideo el día 13 de Octubre de 1972.

Un error de la navegación, posiblemente del piloto del avión (4), hizo que éste virara anticipadamente hacia el norte y esto ocasionó que se adentrara en las montañas de Los Andes. Después de varios sustos en los que el avión perdía control y lo volvía a recuperar, vino el desastre, el accidente fatal. El avión se estrelló en las montañas, a una altura de 4,000 msnm., en un sitio casi inaccesible y muy poco visible de la cordillera cerca del volcán Tinguiririca, en Chile.

En el impacto, el avión se partió en dos, quedó la parte trasera en un sitio y la parte delantera fue a quedar lejos, se deslizó sobre la nieve como en tobogán hasta parar en una zona más baja del choque.

De cuarenta pasajeros y cinco tripulantes solamente se salvaron veintiséis personas. El piloto Ferradas y al copiloto Lagurara, quien había tomado el control del vuelo, quedaron atorados en la cabina de pilotos, no hubo forma de sacarlos de allí.

Cuando los pasajeros que se salvaron, algunos de ellos sin un rasguño, pudieron reaccionar y lograron salir del avión destrozado, entre fierros retorcidos y asientos apiñados, trataron primeramente de salvar a los que habían quedado atrapados dentro del avión y de algunos que lograron ver alrededor del fuselaje, en la nieve.

El resultado y la cuenta fueron terribles. No se sabía por dónde empezar. Trataron de encontrar comunicación con la torre de control de Chile pero los aparatos fueron dañados en el choque y no lo lograron. El piloto estaba con vida, gravemente dañado y no pudieron obtener nada de él. Solamente decía: “Hemos pasado Curicó.” Pero eso a los muchachos no les servía porque no conocieron con detalle la ruta (5). La realidad es que no lo habían pasado y ese fue el problema de navegación, esto es, los tripulantes viraron antes de pasar Curicó.

¿Por qué viraron antes de lo debido? Nunca se sabrá. Han pasado 56 años del tremendo accidente y se hicieron intensas investigaciones sin que se llegara a conocer el motivo.

Entre tanto trabajo que tenían por delante, estaba el adaptarse al intenso frío de las montañas, que sería peor en la noche. No llevaban ropa gruesa porque su programa de viaje no lo ameritaba. Tampoco llevaban comida fuera de golosinas, y menos aún medicinas. Llevaban algunos refrescos que habían comprado como golosina, esto es: tampoco tenían agua.

busacaban maletas que les sirvieran de protección. imag cultura de montanio.com. Google images
busacaban maletas que les sirvieran de protección. imag cultura de montanio.com. Google images

Mientras trabajaban en todo, Bobby Francois y Carlos Paez buscaban maletas que les sirvieran de protección y tuvieran algo de abrigo, voltearon hacia la montaña para buscar más maletas y vieron a un compañero que se tambaleaba y daba pasos inciertos sobre la nieve que le cubría hasta la cintura, volvía a salir porque la pendiente de la montaña le ayudaba. Le gritaban que no siguiera ese camino porque no llegaría al deteriorado avión pero él no parecía oírles, cuando estuvo más cerca lo reconocieron, era Carlos Valetta. No les hacía caso o no los oía y siguió su camino hasta que en un momento desapareció dentro de la nieve para no volver y nunca se supo más de él. Había quedado en la parte trasera del avión y trataba de llegar a ellos. La desesperación angustiosa de Carlos y Bobby fue enorme porque la nieve les impedía el paso para llegar a él, a Carlos Valetta. Tuvieron que resignarse a verlo desaparecer sin poderlo salvar ni buscar.

Marcelo, que era el capitán del equipo de rugby, tomó el mando de la situación y organizó la casa en que iban a vivir. Al principio ellos pensaron que los rescatarían de inmediato, el mismo día del accidente pero al oscurecer y sin haber señas del rescate, adaptaron el fuselaje del avión para pasar la noche sin congelarse. La temperatura desciende a menos 30 grados C. en esas montañas.

Con maletas, partes del fuselaje del avión y todo lo servible hicieron una muralla que los protegiera algo del intenso frío. Marcelo dio órdenes de buscar alimentos y solamente encontraron dos placas de chocolate, lo que equivale a nada siendo 29 personas vivas.

Así pasaron la primera noche teniendo la seguridad de que en la mañana aparecerían helicópteros sobre los picos de las montañas, los que vendrían a recatarlos. Pero, ¡nada! No llegó nada ese día, ni el tercero ni el cuarto ni… Las noticias, escucharon una corta noticia que decía que la búsqueda de los posibles sobrevivientes del accidente del equipo de rugby se suspendía definitivamente porque ya no era posible encontrarlos, que seguramente la nieve los había cubierto y no tenía caso ya seguir los trabajos de búsqueda.

Hubo una fuerte impresión en todos. Unos lloraron, otros se abrazaron y alguno llegó a la desesperación en la que tuvieron que intervenir otros para calmarlo.

Siguieron pasando los días y una noche, con borrasca y pésimo tiempo, una avalancha de nieve entró por la “muralla” que los protegía y llenó el avión de nieve. Los que pudieron, rascando con las manos, subieron a la parte más alta, bajo el techo del avión, y se arrastraron hacia afuera. Hubo aquí también actos de heroísmo de personas que salvaron a otras que no podían salir.

Quedaban solamente 16 sobrevivientes. Imag scoopnest. Google images
Quedaban solamente 16 sobrevivientes. Imag scoopnest. Google images

En ese accidente murieron nueve personas más. Quedaban ya solamente diez y seis sobrevivientes.

Fernando Parrado tuvo una crisis de desilusión y se le vio apagado varios días hasta que reaccionó y, dicho por su propia boca, tomó la decisión de salvarse, querer vivir y tener una familia. Así, tomó la decisión de salir de allí y buscar ayuda para salvar a sus amigos. Durante varios días le preparaban lo necesario para su excursión y le proporcionaban lo mejor: la ropa más gruesa, las mejores gafas de sol, carne secada al sol y lo poco de agua que podía cargar.

Un día Fernando le dijo a Roberto Canessa que tenía miedo de viajar solo, que lo acompañara. Roberto aceptó de inmediato, le dijeron al grupo y prepararon también a Roberto. Hubo un tercero, Vizintín, que salió con ellos pero el primer día de camino desistió por miedo o por incapacidad. La montaña que tenían que escalar y después de llegar a sus picos descenderla era mucho más empinada que lo que parecía desde su campamento. A esa altura sobre el nivel del mar los esfuerzos cansan más. Lo que esperaban ascender en un día o menos, se convirtió en tres.

Roberto y Fernando tuvieron una larga trayectoria. Se pensaba que la población Curicó estaría a 10 o 15 millas y estaba a 90. Así que después de descender la montaña y de llegar a donde no había nieve siguieron sin ver a ningún ser vivo todavía, tuvieron problemas de digestión y sus zapatos les molestaban, desde luego, se quedaron sin comida y sin agua.

Con esfuerzos sobrehumanos siguieron caminando hasta encontrar un río caudaloso, el río Azufre. En un cierto momento, en la otra orilla lograron ver a un arriero, Sergio Catalán, a quien le hicieron señas (no podían cruzar el río allí) y le gritaban, mientras que el arriero pensaba que lo saludaban y seguía su camino.

Así las cosas, pensaron que el arriero los había abandonado y, tristes, regresaban a su campamento cuando vieron a tres hombres montados a caballo que les gritaban desde el otro lado, sin que pudieran darse a entender por el ruido del torrente fuerte del río.

A fuerza de gritar lograron entender “MAÑANA” y sintieron un enorme alivio. Ya veían cerca su salvación y el rescate de sus catorce compañeros que quedaron en el maltrecho avión y de quienes no sabían nada desde hacía diez días.

Hicieron su pequeño campamento pasajero, prendieron fuego y se durmieron alternadamente dos horas cada uno para hacer guardia. Fernando estaba tan cansado que en la madrugada siguió más de dos horas. Roberto lo dejó dormir, considerando que estaba más cansado que él y que todavía les podría faltar mucho camino y necesitaría reponerse.

Se puede decir que el décimo día terminó su fatigante caminata. A las seis de la mañana Roberto y Fernando vieron en la orilla contraria del río, como el día anterior, a un hombre montado a caballo cerca de una hoguera y dos más un tanto alejados.

Fernando corrió a la orilla y, a señas entendió que bajara a la garganta del río que los separaría solamente treinta metros. Aún sin oírse por el ruidoso torrente se podría solucionar algo. Uno de los hombres venía preparado con papel y lápiz y les envió un mensaje que decía: “He enviado a un hombre que llegará allí más tarde. Dígame lo que desea”.

Fernando nuevamente le hizo señas para entenderse que no tenía lápiz con que escribir. El aldeano tomó su pañuelo, hizo una bola con una piedra y un bolígrafo y lo lanzó al otro lado, a Fernando.

Roberto Canessa no presenció todo esto porque estaba enfermo, ya no podía caminar, se quedó en su pequeño campamento.

Yo quiero imaginarme la emoción que debió haber sentido Fernando Parrado. No había visto a una persona, fuera de sus compañeros, desde hacía setenta y dos días, había pasado sacrificios extremos con el accidente brutal del avión, había perdido a su madre y a su hermana, dos personas muy queridas de él, había perdido también a cuatro de sus mejores amigos y había hecho una extenuante excursión de diez días sin equipamiento en las altas montañas nevadas de los Andes hasta llegar a las planicies. Todo eso lo podrán haber experimentado en la historia de la humanidad, solamente tantas personas como los dedos de las manos.

Entonces Fernando escribió lo que a mí me parece lo más emocionante y sucinto de toda esta grave tragedia:

Nota de Parrado. Google images
Nota de Parrado. Google images

“Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace diez días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas, Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles.” ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor. No podemos caminar. ¿Dónde estamos?
S O S”

Juntó el mensaje, el bolígrafo, una piedra y los envolvió en el pañuelo. Arrojó el envoltorio y el aldeano lo recibió. Leyó todo con esmero mientras Fernando estaba en el colmo de las ansias, hizo unas señas dando por entendido que comprendía todo, le arrojó un pan y se fue cabalgando por la orilla. Fernando subió a ver a su extenuado compañero de osadía con el pan, se lo mostró y Roberto, al mirar el pan dijo: “Estamos salvados.”

Ese mismo día, a media mañana llegó un hombre campesino, Armando Serna, que se presentó con ellos y les dijo que venía a ayudarlos. Roberto y Fernando con nerviosismo y entrecortada, le contaron su odisea. Armando les dio un queso y les pidió que lo esperaran a hacer unas labores del campo. Como a las dos horas regresó y los sacó de allí para llevarlos a la casa que tenía, les preparó un “manjar” de comida y dos camas. En ese trayecto, de su último campamento pequeño a la casa de Armando, Roberto ya no lo hizo a pie, no podía caminar más. Lo subieron al caballo mientras Armando y Fernando caminaban junto a él.

Debemos imaginar, lector que me haces el favor de seguir estas mis letras, que si no hubieran descubierto en esa oportunidad, en ese momento, a Sergio Catalán con la ayuda inmediata que les prestó al día siguiente, Roberto podría haber muerto. Esto es, ya estaban en el límite de su resistencia ambos pero Roberto estaba enfermo y exhausto.

La noticia cundió por todo Chile y por Uruguay, primero. Después por Argentina y por todo el continente americano. (6) Las autoridades chilenas tuvieron sumo cuidado en cerciorarse de la veracidad de las información e incluso del mensaje que escribió Fernando Parrado y lo lanzó a los arrieros. Pero mientras fuera falso o cierto se prepararon para el caso último con un equipo de rescate de primera clase con experiencia en los Andes. Se incluía un médico y un asistente sanitario. Al mando del equipo estaba el comandante Morell.

Las lágrimas brotaron en todos los casos. Google images
Las lágrimas brotaron en todos los casos. Google images

Hubo casos curiosos y emotivos todos. Las lágrimas brotaron en todos los casos, unas de alegría y otras de pena. La salvación de diez y seis supervivientes era un motivo de inmensa felicidad. Pero para los familiares y amigos de los 24 pasajeros y 5 tripulantes que fallecieron, al cerciorarse de los nombres, de los que se habían salvado fue muy doloroso; sus ilusiones se vieron perdidas y lloraron, lloraron, lloraron.

El padre de Carlos Páez, quien nunca dejó de buscar el avión y siempre tuvo la seguridad de que los muchachos, al menos algunos, estarían con vida, le sucedió que estaba por tomar un vuelo de Santiago de Chile a Montevideo, el mismo día 20 de Diciembre, cuando por un altavoz del aeropuerto lo llamó la policía. Era el último de la fila que iba a abordar al avión pero tuvo que atender a tan importante llamada. Al llegar con la policía, teniendo el temor natural de alguna infracción que hubiera cometido, y muy nervioso, vio que las personas que le llamaron lo recibían con abrazos y, al mismo tiempo, le explicaban de la salvación de diez y seis muchachos.

El equipo de rescate llegó al sitio en donde se encontraban Canessa y Parrado con sus tímidos salvadores anfitriones llevando tres helicópteros. Se hicieron los arreglos de la navegación a cargo del comandante Massa y volaron las naves en pos de la salvación de catorce personas jóvenes y heroicas.

El día anterior sucedió que Carlos y Fito habían tenido la misma sensación. Los dos sintieron que sus compañeros, Nando y Músculo, había logrado llegar a algún sitio poblado. Fueron prudentes en comunicar esto a sus compañeros para no caer en la desilusión, en caso de que no fuera cierto. Además, en la radio habían oído noticias sobre ellos (las que tenían mucho tiempo de no transmitir) pero eran imprecisas, desconfiables.

No fue fácil la navegación para el equipo de rescate y las naves porque el tiempo había cambiado, primero tuvieron que esperar a que la niebla se disipara pues la visibilidad era escasa (con la predicción de Sergio Catalán que los tranquilizó explicándoles que esa niebla era natural de las mañanas). Ya superado esto, el viento soplaba fuerte y tuvieron que navegar bajo. Fernando y Roberto iban apostados en los helicópteros para reconocer los lugares, los picos y las referencias y poder guiar a los pilotos. Se acercaban a las montañas que habían sido la ruta de los dos “alpinistas improvisados” y los pilotos no podían creer que hubieran hecho ese trayecto sumamente empinado y peligroso.

Como a la una de la tarde del día 21 de Diciembre los catorce muchachos que seguían en su improvisada casa, oyeron ruido de motores y todos dejaron lo que estaban haciendo para voltear al cielo. Lograron ver tres puntos lejanos que crecían y se acercaban a ellos haciendo giros, círculos y cambios de dirección por el viento.

Las naves no lograban alcanzar el paso de la montaña por el viento y la altura. El altímetro llegó a un poco más de 4,500 msnm. Gracias a la experiencia y habilidad de los pilotos pudieron sortear la alta montaña y llegar al fuselaje destrozado, que costaba trabajo identificarlo en la nieve. Los helicópteros no pudieron aterrizar (“anievizar”) por la pendiente, el viento y la nieve. Los pilotos mantuvieron a las naves en posición horizontal y a ras del suelo para que subieran los muchachos.

El andinista Sergio Díaz con su asistente sanitario fueron los primeros en bajar de los helicópteros. Los catorce muchachos se abalanzaron sobre ellos abrazándolos y rodando por el suelo, invadidos de una inmensa alegría.

Los helicópteros no pudieron transportar a todos, así que se quedaron ocho muchachos en el lugar pero esta vez estaban acompañados, tenían agua, tenían comida y ropa para no pasar frío.

El traslado de los ocho que no cupieron en el primer viaje se había planeado para un segundo viaje de ese mismo día pero tuvo que hacerse al día siguiente dadas las condiciones del tiempo. Las autoridades chilenas habían ordenado que los muchachos fueran al hospital San Fernando. También las autoridades emitieron por radio la lista de las personas salvadas, hasta este momento en que los oficiales consignaron quienes eran y cuántos.

Atención a los rescatados.imag movieweb.me.Google images
Atención a los rescatados.imag movieweb.me.Google images

Se les atendió a los diez y seis con minuciosa atención. Tres de ellos estaban en más mala condición. Mangino tenía una pierna rota y temperatura alta, Inciarte tenía una infección fuerte en una de sus piernas y Algorta se quejaba de un dolor agudo en la región del hígado.

Cuando los médicos reconocieron a los muchachos, se enteraron de que habían comido carne humana, no hicieron escándalos alguno y supieron bien cómo enfrentar esta situación que podía causar escándalo, principalmente en la prensa.

Un sacerdote, el padre Andrés Rojas, párroco de la iglesia de San Fernando Rey, en parte por iniciativa de él mismo y en parte por invitación de las autoridades, habló con los muchachos. Coche fue el primero en platicar y enterarle que habían comido carne humana para salvarse, contestándole el padre que no había falta alguna en ello. Coche, por otro lado tenía su opinión clara y firme. Le dijo al padre Rojas que para él esto había sido una comunión con sus amigos fallecidos y que tenía un grande agradecimiento con ellos porque así pudieron salvarse.

Mangino, que fue el segundo en platicar con el sacerdote, coincidió con la opinión de Coche. Para Inciarte lo que le aquejó fue que por qué Dios lo había escogido a él para salvarse. ¿Cómo había hecho Dios la selección de los que se salvaron y por qué? El padre sabiamente le dijo que hay ocasiones en que no podemos entender la Voluntad de Dios y las debemos aceptar con humildad.

No fue fácil, a pesar de todo lo que hicieron las autoridades, los padres de los muchachos y la Iglesia Católica, enfrentar a la prensa que deseaba una noticia más grande que la salvación de diez y seis personas de un accidente terrible aéreo. “Fueron antropófagos, mataron a los débiles para obtener su carne, etc.”, fueron algunas acusaciones sin base que les dijeron algunos periodistas.

Sobrevivientes. Google images
Sobrevivientes. Google images

En el Colegio Stella Maris en donde habían estudiado los muchachos se llevó a cabo una reunión extensiva no solo planeada por los Hermanos Cristianos sino también por el personal del Club Old Christians. En ella los muchachos abordaron los temas de su terrible experiencia, dieron detalles para que el Mundo entero conociera la verdad. Naturalmente que invitaron también a la prensa.

El público escuchó en silencio los relatos de cada uno de los sobrevivientes. Delgado con su elocuencia explicó y dijo, entre otras cosas: “ Cuando uno se despierta en la mañana entre el silencio de las montañas y ve a su alrededor los picos de nieve – algo majestuoso, sensacional, algo que asusta – uno se siente solo, solo, solo en el mundo excepto por la presencia de Dios. Porque les puedo asegurar que Dios está allí.” “. . . eso fue lo que nos ayudó a sobrevivir y ahora no queremos que esto, que para nosotros fue algo íntimo, íntimo, se mirado o tocado como cualquier cosa.”

El hermano Daniel Juan les preguntó a los periodistas si tenían alguna pregunta pero nadie la tuvo. Había quedado satisfecha la prensa y la mayor parte de la gente.

Los muchachos, sus padres y familiares, e incluso sus amigos, tuvieron problemas de adaptación porque todos ellos regresaron cambiados en sus actitudes y hasta en su carácter.

Carlos Páez dijo en una entrevista: “…Cuando consigues un Ensayo, (7) no eres tú sino todo el equipo quien lo marca. Esto es lo mejor del juego. Si hemos sido capaces de sobrevivir, ha sido porque actuamos con espíritu de equipo, con gran fe en Dios, y porque rezamos.” (8).

Notas:

1. Los Maitenes, región de Chile próxima de San Fernando y relativamente cercana de Santiago de Chile.
2. Haciendo un comparativo que sirve de ejemplo de fe, el entrenador de fútbol de la selección de Croacia del pasado Campeonato del Mundo, dijo que ante su desempeño notable, de la selección, fue su devoción y su credo lo que hizo que llegaran a ser subcampeones.
3. El Colegio Stella Maris fue fundado por los padres de familia uruguayos que querían una formación superior para sus hijos e invitaron a los Hermanos Cristianos a instalarse en Montevideo.
4. La tripulación y los dos pilotos del avió, Ferraras y Lagurara eran experimentados tripulantes.
5. Posteriormente, cuando trataron de salir del lugar en donde habían quedado, para salvarse, estudiaron mapas y cartas de navegación y supieron en dónde estaba Curicó.
6. Podría yo asegurar que en todo el Mundo. Una noticia así recorre el Mundo y es “pan caliente” para la prensa.
7. Try es el término que se usa en el juego de rugby para la anotación, equivalente a gol en fútbol. La traducción en español es Ensayo.
8. El colegio Stella Maris es religioso y católico. Está dirigido por los Hermanos Cristianos, congregación dedicada a la educación y formación de jóvenes. Se iniciaron en Irlanda del Norte. Sus principios y metas son muy exigentes. Combinan la educación con el deporte.


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