El NOGAL. Autor: Tarsicio Salgado Tovar

El Nogal. Google images

Lo plantaron cerca de la ribera del río, por lo que hoy es la calle de Manuel Doblado, casi al inicio de la vieja vía por donde los insurgentes entraron a la ciudad durante la revolución de nuestra Independencia…


Tarsicio nos comparte un cuento de nuestro pueblo, lleno de fantasía y creencias populares, tan real cuanto cabe en nuestras tradiciones…


No sé qué tiene ese nogal, lo cortan cada vez que cobija una desgracia, crece de nuevo y la fatalidad vuelve a ocurrir. Da más penas que nueces.

Los ancianos no quieren hablar y cambian la plática, cuando les preguntan por él.

Fue una suerte que Adán García, viejo, ciego y ya un poco loco, antes de morir me contara tembloroso lo que les voy a narrar.

La abuela india de Adán le confió que ese nogal lo plantó la muerte antes de que llegaran los españoles y que lo cuidó hasta verlo frondoso y de abundantes frutos para que los que la quisieran acompañar se congregaran bajo su sombra.

En el tiempo de la primera peste, bajo su ramaje fueron amontonados y quemados los cientos de difuntos que no pudieron librarse del cólera. Esas cenizas y la lama lo hicieron fuerte, extraordinariamente frondoso, fértil y atractivo para quienes, agobiados por los pesares de la vida, buscan un lugar para reposar, y también para los que simplemente desean elevar sus pensamientos, antes de morir, más allá de las mezquindades de este mundo banal y traicionero.

Lo plantaron cerca de la ribera del río, por lo que hoy es la calle de Manuel Doblado, casi al inicio de la vieja vía por donde los insurgentes entraron a la ciudad durante la revolución de nuestra Independencia.

Sus almas desde entonces claman justicia. Google images
Sus almas desde entonces claman justicia. Google images

De las fuertes ramas de este árbol colgaron los soldados de Agustín de Iturbide para que sirvieran de ejemplo a quienes, por oponérseles, juzgaron traidores, blasfemos y endemoniados. Está por demás decir que la mayor parte de ellos eran inocentes.

Sus almas desde entonces claman justicia, sus lamentos se inician al empezar la noche, como ruido de enjambre de abejas, los curiosos que ponen oído atento al rumor, distinguen las ahogadas maldiciones para quienes les arrancaron la vida sin darles ni siquiera oportunidad de purificar sus pecados con el perdón de Dios obtenido en confesión. En ese tiempo los sacerdotes absolvían a los soldados del bando al que ellos pertenecían perdonándoles ciegamente los pecados que cometieron y aun los que no alcanzaron a cometer.

Desde entonces, ese nogal es conocido como el árbol de la muerte. Dicen que llama a los que ya no tienen fe ni deseo de soportar la soledad, las ofensas, las enfermedades, los abandonos, los fracasos, las traiciones y los desengaños de la vida.

Parece que todos se han arrancado la existencia por su propia mano, pero no es así.

Si a una madre la fatalidad le arrebata a sus hijos a manos de ladrones, de policías prepotentes, de amigos traidores y de mujeres casquivanas, al llegar al pie del nogal ya no vive, aunque active el clarín de la eternidad con un balazo en el paladar o en la sien, ya pertenece a la muerte, no se suicida, abre la puerta a la única paz que la desgracia puede darle. Dios seguramente la recogerá.

Si una adolescente, en la flor de las ilusiones, sufre el arrebato de la inocencia a manos de quien, por mandato divino y natural, debe cuidarla y protegerla, si se ve obligada a entregar a la muerte a una vida no nacida, es un ser muerto, que se entrega a la justicia del cielo clamando dignidad y clemencia, Dios la perdonará porque ella no se quitó la vida, sino que, contra su voluntad, la perdió bajo el nogal, en el atascadero de los malvados.

Si un artista, bohemio y enamorado, encuentra a su Dulcinea en los brazos de un gañán, que le ha roto los sueños, las ilusiones y ha arruinado los planes que daban razón a su existencia, no es un suicida, la bala que le arranca, bajo el nogal, la existencia es sólo el instrumento que lo acerca a la paz de otra forma de vida donde no hay engaños ni mentiras.

No sé qué tiene ese nogal que da más penas que nueces, sólo sé que bajo su fronda muchos se han entregado por sí mismos a la justicia divina.


Participa con tus comentarios abajo en este mismo espacio.

Compártelo con tus amigos y así integraremos una comunidad pensante y positiva.

Date la oportunidad de enviar lo que produce tu pensamiento a:

pioxsalgado@eladobero.com
adobero21@gmail.com

¡Hasta el próximo adobe!

Related posts

Deja un comentario