REFLEXIÓN SOBRE EL TIEMPO Y LA VEJEZ. Autor: Julio Díaz Reyes

El Tiempo y la Vejez. Imag cronicaglobal.elespanol.com. Google images

Reflexionemos acerca de la vida, considerando la edad como significado de la vida que ya hemos vivido, o la manera de como la hayamos vivido…


Reflexionar las siguientes cuestiones ¿A quién le importa el tiempo? ¿A quién le importa la vejez? podría entusiasmarnos, alegrarnos, ponernos nostálgicos, pero seguro será una magnífica oportunidad para descubrir nuestra unicidad y nuestra grandeza, toda vez que disfrutamos el más grande de los dones ciertos ¡la vida!


“Envejece bien quien ha vivido bien“
Pitágoras

Reflexionemos en que la vejez es una gracia, si se llega a ella con alegría y creatividad. Vivir plenamente el momento actual, es la juventud de la longevidad. Aunque intuitivamente y de manera generacional, hemos desarrollado mecanismos para enfrentar la vejez, siempre será bueno reforzarlos, porque a pesar de manifestarnos festivos todo el tiempo al tratar el tema, otorgamos al envejecimiento y a la muerte mucho más poder del que estamos dispuestos a reconocer.

¡Reflexionemos en que la mente y el cuerpo son inseparablemente uno!

 

La edad como significado de la vida. Imag Instituto Geroncológico. Google images
La edad como significado de la vida. Imag Instituto Geroncológico. Google images

Reflexionemos acerca de la vida, considerando la edad como significado de la vida que ya hemos vivido, o la manera de como la hayamos vivido, así ante la cuestión coloquial ¿Qué edad tienes? Considerando que se conocen tres formas de medirla: Edad Cronológica, la que se tiene según el calendario; Edad Biológica, la que tiene el cuerpo, según los signos vitales críticos y los procesos celulares; Edad Psicológica, la que se tiene según el estado de ánimo. Es decir, se es tan viejo como se cree serlo.

Reflexionemos por separado estas clasificaciones de edad, y seguramente que si pensamos en la cronológica, siempre estará presente en los festejos de cumpleaños, aunque el involucrado a veces miente sobre su edad y solo el individuo sabrá porque no dice la verdad. Pero hay casos en que algunas personas jóvenes veinteañeras pueden tener un cuerpo o un nivel de expectativas de personas mayores y viceversa. Si pensamos en la edad biológica, corremos el riesgo o cometemos errores al calcular la edad de las personas, pues la apariencia varía de una persona a otro debido en gran medida al cuidado que le haya dado a su salud o a las enfermedades que haya padecido. Y pensar en la edad psicológica de las personas, será interminable la reflexión, toda vez que según el individuo y su situación vigente pudiera ser su edad, dado su comportamiento ya sea positivo, negativo, alegre, triste, eufórico o deprimido por causas y situaciones particulares.

Por ejemplo hay quienes creen que llegar a la ancianidad débil, socialmente inútil, enfermo, incluso pobre, senil ¡si acaso se llega! es llanamente, porque “Así son las cosas” ¿Cuál será nuestro caso?

Reflexionemos nuestras creencias, es decir aquellos recuerdos o enseñanzas que permanecerán grabadas en nuestra memoria, pero que cada uno de nosotros les damos vigencia en la medida de nuestras conciencias. Las creencias son peligrosas porque nos aferramos a ellas como verdades absolutas e incuestionables. Mientras los pensamientos forman activamente imágenes o palabras en la mente, las creencias están grabadas a un nivel más profundo. Pero la conciencia es mucho más poderosa que cualquier pensamiento incluso que cualquier creencia. De esa manera la conciencia puede transformar los efectos negativos de las creencias en nuestro beneficio, porque es capaz de generar nuevos impulsos mentales que a su vez, generan nueva información biológica.

Reflexionemos en las funciones corporales tanto físicas como mentales. Desarrollemos el poder de los pensamientos, participemos de todas las reacciones que se producen en nuestro organismo. Recordar sólo lo que nos convenga. Para usar la memoria eficientemente y evitar que ella nos use.

Hagamos un ejercicio para reflexionar la experiencia, que con toda seguridad será una aventura maravillosa. Visualizar algún buen momento vivido de intensa actividad física de la niñez o de la juventud. De preferencia debe ser una escena plena de gozo, en la que se haya tenido la oportunidad de ser el actor principal. Los detalles son importantes. Imaginémonos con la misma intensidad y el deseo de estar nuevamente allí, con el mismo sol y el mismo viento en la piel, los mismos colores, los mismos olores, las mismas personas, los mismos rostros, las mismas voces y las mismas sensaciones. Recuerden el nombre del lugar utilizando la bioquímica de la memoria como vehículo.

 

“La experiencia no es lo que te ocurre, es lo que haces con lo que te ocurre”

Aldous Huxley

Envejece bien quien ha vivido bien. Imag ideaverso.com. Google images
Envejece bien quien ha vivido bien. Imag ideaverso.com. Google images

Reflexionemos la cuestión ¿A qué edad nos morimos? Que plantea Oscar Frese, médico de 68 años, según estadísticas, a los 82 años las mujeres, y a los 79 años los hombres. Pero se puede prolongar esta edad con calidad de vida, mejorando alimentación, hábito de actividad física y manejando el estrés. Se trata de llegar a ese final sin depender de otros. Es decir, cuidarse y prepararse para no molestar a los demás. “Envejece bien, quien ha vivido bien“, dijo Pitágoras.

Reflexionemos otra cuestión ¿Qué es envejecer? Parece fácil entender el proceso natural, al ir perdiendo capacidades físicas y mentales. Algunos se deprimen al constatar su decadencia física. Preocuparse demasiado de la apariencia externa es infructuoso, tal vez velar por el interior, por un espíritu activo y positivo, podría redituar mejores dividendos. Por lo tanto, procurar siempre una actitud activa y positiva, será un camino lleno de luz que ayudara a distinguir lo abrupto y sinuoso del derrotero de la vida. Vivir alegres con un sello saludable como la risa, hará que la actitud humana se vuelva proactiva ¡Un día sin risa, es un día perdido! ¡Carpe diem, es decir, vivir el día de hoy! Reflexionar ahora en la amistad, toda vez que, la vida en la tierra es un paso, el amor un espejismo, pero la amistad es un “hilo de oro” que sólo se rompe con la muerte. Reflexionemos en que la infancia pasa, la juventud la sigue, la vejez la reemplaza, la muerte la recoge. La más bella flor del mundo pierde su belleza, pero una amistad fiel dura para la eternidad. Vivir sin amigos es morir sin dejar recuerdos.

Pero sobre todo, estar conscientes de la importancia de la vida que vivimos en esta tierra es algo sorprendente y para reflexionar al respecto compartiré con ustedes, lectores reflexivos la siguiente lectura acerca de una anécdota de Alejandro El Magno, conocida como; “Los Tres Últimos Deseos de Alejandro Magno”, que ciertos o no, nos muestran una gran verdad en la forma en la que concebimos la vida.

Según esto, Alejandro, encontrándose al borde de la muerte, convocó a sus Generales y les comunicó sus tres últimos deseos:

1 – Que su ataúd fuese transportado por los médicos de la época.

2 – Que mientras lo llevaran a su tumba, fueran esparcidos por el camino los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas, etc.).

3 – Que sus manos estuvieran fuera del ataúd, balanceándose en el aire y a la vista de todos.

Uno de sus Generales, sorprendido por lo extraño de su petición, le preguntó cuáles eran sus razones. Y Alejandro le explicó:

1 – Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.

2 – Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.

3 – Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que venimos con las manos vacías y con las manos vacías nos vamos.

Reflexionar entonces sobre el tiempo y la vejez, nos corresponde a cada quien hacerlo, y cualquiera que sea la forma en que concibamos nuestra existencia, nuestro tiempo y nuestra calidad de vida o nuestro otoño, será la mejor respuesta a nuestra existencia por lo tanto, ¡Carpe Diem!

 

Carpe Diem. Imag 20minutos. Google images
Carpe Diem. Imag 20minutos. Google images

“Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.

Ingmar Bergman


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