DESCUBRIENDO PALENQUE. (Proveniente de un Viaje Inolvidable a Mérida). Autor: Manuel Alvarado Escalante

Descubriendo Palenque. Imag Visit Mexico. Google images

Al terminar la vereda apareció de pronto como por encanto la ciudad antigua de Palenque con una magnificencia que nos dejó a todos sorprendidos y admirados…


Este artículo es una parte de las memorias Un Viaje Inolvidable a Mérida que realicé con mi escuela de preparatoria en el año 1955 (1). Lo interesante está principalmente en la situación en que se encontraba México y la zona arqueológica de Palenque. Nótese que hablo del trayecto de ferrocarril porque en esa fecha aún no había carretera para llegar a Palenque. Dice de esta manera:


Diciembre 16 de 2015.

“Así llegamos a la estación Palenque cerca del atardecer y descendimos del ferrocarril. Algunos compañeros (2) fueron en un taxi con el padre Carlos a buscar un transporte que nos llevara al pueblo y la mayoría nos quedamos en la estación esperando el transporte y cuidando el equipaje. Se hizo de noche hasta que llegó un camión de redilas que nos llevó a nuestro destino y al “hotel”.

El hotel era un conjunto de cabañas de madera con catres de tijera y lona. Los baños se encontraban al fondo de un patio de tierra y la madera de las paredes no llegaba al piso para evitar que se pudriera pronto.

Allí nos dimos un ansiado baño, cenamos en algún lugar y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente el padre Carlos ofició Misa (3) que resultó conmovedora en ese lugar, al aire libre, con una vegetación esplendorosa y con mucha gente devota del pueblo que se acercó a participar.

Terminada la Misa y después de desayunar muy bien nos subimos al camión de redilas y tomamos la ruta hacia la zona arqueológica.

No había carretera, era una brecha que tenía marcadas las dos rodadas de los vehículos y que con tanta vegetación nos hacía agacharnos para evitar que las ramas de los árboles nos golpearan.

Para llegar, dio una vuelta forzada el camión a la izquierda, y vimos una explanada sin árboles en donde era el estacionamiento. Nos bajamos todos con gran intriga y curiosidad sobre lo que íbamos a ver y conocer en persona, ese sitio arqueológico ya famoso.

En ello, la cultura y preparación de nuestros profesores era una gran ayuda para saber lo que había pasado con los mayas y con Palenque, destacando la erudición del profesor Ubaldo Vargas Martínez (4) que nos daba todo su cuantioso saber en explicaciones y los relatos de cómo se había descubierto esta zona arqueológica tan importante de la civilización maya.

Selva de Palenque. Imag Pasaporte y mochila. Google images
Selva de Palenque. Imag Pasaporte y mochila. Google images

De la explanada en donde se quedó el camión nos dirigieron los guías a una vereda que estaba entre los árboles y la maleza de la selva; se puede decir que parecía un túnel de plantas y árboles.

Al terminar la vereda apareció de pronto como por encanto la ciudad antigua de Palenque con una magnificencia que nos dejó a todos sorprendidos y admirados.

Fue impresionante para todos, ver esa majestuosa antigua ciudad maya engarzada en la selva con sus templos, su palacio y la gran pirámide, El Templo de los Letreros, que aparecía para nosotros en primer término.

Con el impulso propio de la juventud, el entusiasmo que nos despertó conocer algo inusitado, y la belleza de la ciudad abrazada por la selva, caminábamos de aquí para allá, unos nos llamábamos a otros para ver lo que habíamos descubierto y no nos dábamos abasto (5). Los profesores y el guía, en su momento, serenamente nos iban platicando y explicando quiénes fueron los mayas, cómo fueron los que allí vivieron y cómo se había creado la ciudad.

 

Pirámide de las Inscripciones. Imag Viaje en Mochila. Google images
Pirámide de las Inscripciones. Imag Viaje en Mochila. Google images

Así las cosas y reservándose un secreto para el final, los guías nos llevaron a la pirámide el Templo de los Letreros que es la mayor edificación de la ciudad de Palenque, subimos hasta la parte más alta en donde rematan unas habitaciones y nos enseñaron, dentro de la habitación principal y central, una baldosa que cubría una escalera interior.

Se movió la baldosa, vimos una escalera, encendieron unos focos y descendimos todos por ella hasta el fondo en donde encontramos un cuarto de unos tres por cinco metros: ¡era la tumba del rey Pakal!

Todo era sorpresa para nosotros pero nos quedamos atónitos cuando vimos una enorme lápida de cantera labrada por su cara superior y por sus cuatro costados; esta enorme y pesada lápida mantenía sellado el sarcófago del rey Pacal que fue quien ordenó la construcción de la pirámide y del sarcófago para su descanso eterno.

 

 

Lápida de la Tumba del Rey Pakal en Palenque. Imag Jose Francisco Sastre G. Google images
Lápida de la Tumba del Rey Pakal en Palenque. Imag Jose Francisco Sastre G. Google images

La lápida es bellísima, su labrado es magnífico y de una destreza y arte sobresalientes e inusitados. Muestra en su cara superior al rey Pacal ataviado con vestidos y ornamentos delicados, dignos y reales; está rodeado de plantas y flores. Se dice que pesa cinco toneladas y como es más grande que la escalera, tuvo que ser trabajada y depositada durante el proceso de la construcción de la pirámide. La tumba se encuentra a tres metros sobre el basamento de la pirámide.

Regresamos al hotel ya empezada la noche, todos nos dimos un baño porque el calor y la actividad de todo el día nos tenía cansados y sucios. Merendamos y nos fuimos a dormir en nuestros catres de tijera de madera y lona.

No sé cómo les habrá ido a los profesores esa noche con esas camas; a los jóvenes no nos afectó mayormente por la edad, pero los adultos deben haber sentido muy duro y angosto el catre.

 

 

Baño de la Raina. Palenque. Imag marckomeneses. Pinterest
Baño de la Reina. Palenque. Imag marckomeneses. Pinterest

No tomamos al día siguiente el ferrocarril (6) porque pasaba en el sentido contrario al que nosotros necesitábamos, esto es, iba hacia Coatzacoalcos y nosotros íbamos hacia Campeche; esto estaba programado en el viaje. Tuvimos así que estar otro día en Palenque, lo que fue mejor pues volvimos a visitar la zona arqueológica e hicimos un día de campo en el arroyo Otolum, en “el Baño de la Reina”.

Le llaman así a un lugar del río en donde se bañaba la reina y no podía ser usado por nadie más; no puedo decir si esto es leyenda o realidad. (7). Nos percatamos de que se trata de un lugar bellísimo dentro del río y cuenta con remansos y pozas muy apropiados para bañarse y jugar.

Nos divertimos muchísimo nadando, jugando y “haciendo guerras de cerbatanas.”

Varios amigos quisimos internarnos en la selva y le pedimos permiso al padre Carlos quien consultó con el guía. Aprobaron nuestra petición y fuimos con el mismo guía siguiendo sus indicaciones, las rutas que debíamos tomar y las precauciones que debíamos de tener.

Javier Morales llevaba una pistola y yo llevaba un rifle de calibre 22 que mi papá me prestó. (8). El guía llevaba algún arma. Poco vimos de animales y menos de caza pero la magnífica vegetación con árboles enormes, ceibas, caobas, mameyes y otros, muy altos y frondosos todos; los pájaros, las parvadas de loros verdes y los ruidos y los gruñidos lejanos de los saraguatos (mono grande de esta selva) fueron suficiente para disfrutar y conocer algo nuevo para nosotros, muy diferente y exótico.

Parte del relato muestra un ejemplo de la riqueza arqueológica enorme. En este caso, Palenque que es una de tantas que tuvo la civilización maya en el sureste del país. También muestra la riqueza biológica inmensa que es la selva de Chiapas y Tabasco. Esto es una parte del caudal de los tesoros de México.

Notas.

1. Terminaba yo la preparatoria de aquel entonces que consistía de dos años escolares.(1955)
2. Fuimos 22 o 25 alumnos de diferentes grados con seis profesores. Tres de ellos fueron para cuidarnos y otros tres fueron de viaje.
3. El padre se llamaba Carlos Hernández Prieto, llegó a ser rector de la Universidad Iberoamericana y falleció a temprana edad, a causa de un infarto. Fue una persona brillante, reconocida y para mí guarda una imagen ejemplar.
4. Ubaldo Vargas Martínez, erudito maestro que tenía grandes conocimientos de historia universal y de música. Sus clases nos dejaban extasiados siempre.
5. En esas fechas no había tantas restricciones para visitar y subir las edificaciones. Claro que los guías nos advirtieron, antes de entrar, de las precauciones y respeto que deberíamos guarda en la zona arqueológica.
6. El ferrocarril hacía el recorrido entre Coatzacoalcos y Campeche, un día en un sentido y otro día en el sentido contrario. Nosotros nos dirigíamos a Campeche para después seguir a Mérida.
7. Esto nos lo platicaron los guías y lo leí, además, en un cuaderno de Palenque. No lo considero de gran crédito.
8. Para llevar las armas durante el viaje, tuvimos que aceptar las exigencias estrictas del padre Carlos. Muy pocas veces las pudimos usar.

 

La Patria es generosa, nosotros debemos ordenarla.

manuelae66@yahoo.com.mx

 


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