EN BUSCA DEL TIBURÓN BALLENA. Autor: El Adobero

En busca del Tiburón Ballena. Imag Polo Salgado

Repentinamente me paré y vi hacia delante de la lancha y vi dos aletas negras emergiendo de las olas, eran dos tiburones pensé…


Las vacaciones familiares son de los eventos que más disfruto. La convivencia con mis hijos y mis nietos es algo que da sentido a la madurez y me alegra la existencia, a tal grado, que soy capaz de las acciones más inverosímiles o ridículas que podamos imaginar. Desde jugar en la arena a construir castillos y ciudades, hasta andar correteando tras un disco volador con la agilidad de tiempos idos, jugar al fútbol o hacer excursiones extremas como la que voy a compartir con ustedes.


Cielo. Mar. Rocas y fósiles marinos. Imag El Adobero
Cielo. Mar. Rocas y fósiles marinos. Imag El Adobero

En esta ocasión las vacaciones fueron en Isla Mujeres en la costa este de la península de Yucatán. Las maravillas naturales de este lugar nunca dejaron de sorprenderme, estanques naturales en la playa, formados con rocas de lava volcánica que contenían restos de fósiles marinos; caracoles, trilobites, y muchos más, los orificios de estas rocas sirven también de hogar a erizos de mar. En estos estanques se han convertido en el lugar donde desovan muchos peces de colores que hacen niño al más maduro y nos convierten en un viejo baboso que se pierde en la maravillosa visión de los cientos de peces nadando alegremente al rededor tuyo.

 

En otro lugar, como el anterior, se ha formado una gran alberca natural; la Alberca del Gran Rey, un gran estanque parecido al que les describí en el párrafo anterior, solamente que aquí tiene una maravilla más, en las rocas de su entorno anidan y empollan miles de aves en los huecos de las rocas, mientras unas están empollando sus huevos, otras cuidan de sus polluelos y tratan de ahuyentar a los humanos que cerca nos admiramos de esta maravilla de la vida.

La tarde anterior a la aventura que quiero compartirles, hicimos un recorrido en una lancha de pescadores a través de la costa de la isla. Llegamos a una zona donde había algunos barcos naufragados por algunas tormentas de años atrás y ahí mis nietos y sus padres hicieron snorkel en los restos de algunos barcos. De ahí hicimos un recorrido a través de la Laguna Macax, un parque que es una reserva ecológica protegida, vimos de todo desde maravillas naturales, donde anidan algunos pelícanos, hasta fiestas en yate donde algunos turistas hacían lo que en su casa no los dejan hacer. Nos tocó disfrutar de una maravillosa puesta de sol y de la plática y las mentiras de un guía bastante dicharachero por no decir hablador, que por las aventuras que narró es más fregón que “Chanoc y Tsekub Baloyán” juntos. Regresamos al hotel al caer la noche a refrescarnos y descansar. Llegando al hotel nos dice mi hijo

-el recorrido de mañana es para ver a tiburón ballena y saldremos de este mismo muelle a las 8:00 de la mañana.

Todos nos quedamos tranquilos aun disfrutando del maravilloso recorrido que acabábamos de terminar sin imaginarnos lo que sería la aventura del Tiburón Ballena. Disfrutamos de unos juegos de ping pon, futbolito y billar con mis nietos, algo que hacía más de cuarenta años que no jugaba. Después de una cena ligera y unos vasos de vino tinto, a dormir relajadamente.

Esperando en el Muelle. Imag El Adobero
Esperando en el Muelle. Imag El Adobero

Me levanté temprano para tomar un baño y bajar a desayunar, recordé que mi hijo nos dijo que debería ser algo ligero -no entendí por qué hasta unas horas más tarde. Hacía algo de viento por la mañana y el mar parecía un poco picado, pero me dije – Debe ser algo pasajero, al rato se ha de calmar. A esperar la lancha que pasaría a recogernos al muelle del hotel. Casi puntual y empieza la aventura.- Hay que hacer equilibrio y ágilmente abordar el bote, esperando no caer y hacer el ridículo. Era una lancha de dos motores fuera de borda en la que viajaríamos diez pasajeros y dos de la tripulación. Eran tres chicas de los Estados Unidos, una pareja de holandeses, la familia de mi hijo y este adobero. Sin saber nada absolutamente de cómo se desarrollaría el trayecto, rápidamente se ubicaron mi hijo, su esposa y mi nieto en la parte de atrás de la lancha, cerca de los motores sin saber que en esa ubicación se iban a dar una buena bañada ya que el agua que arrojaba la lancha al chocar con las olas les iba a pegar de frente. Mi nieta y yo nos ubicamos en la punta con los demás pasajeros. A mi nieta le tocó sentada sobre la punta y a mí en medio del pasajero holandés y una chica americana. A todos nos pidieron que nos colocáramos chalecos salvavidas –pensé que era por costumbre. Ya más tarde me cercioraría que realmente sí es por seguridad.

Listos para la travesía. Imag El Adobero
Listos para la travesía. Imag El Adobero

La mañana estaba un poco nublada y el mar como que poco a poco se iba picando más. Iniciamos el trayecto en búsqueda el tiburón ballena. El ayudante del capitán nos dió algunas instrucciones a cerca de tener paciencia ya que la búsqueda del tiburón ballena era parte de la aventura, no hay lugar determinado donde se pueda encontrar. Me quedé reflexionando acerca de cómo le harán para saber tan siquiera una zona aproximada donde lo puedan buscar… Es como una aguja en todos los pajares del mundo.

Una inmensidad. Imag El Adobero
Una inmensidad. Imag El Adobero

La inmensidad del mar poco a poco me iba impresionando, la altura de las olas cada vez era mayor, calculé que de la parte más baja o sea el valle a la parte más alta o la cresta, fácilmente habría más de tres metros y en muchos casos mucho más. La velocidad de la lancha cada vez era más grande y cómo íbamos en forma perpendicular a la playa pues nuestro viaje generalmente fue contra las olas. La verdad ya a los quince minutos iba sintiendo un poco, o un mucho, de miedo.

Yo nunca fui aficionado de las aventuras extremas, cuando más me subí al barco pirata y a la montaña rusa del Parque Bicentenario de Querétaro cuando estábamos a punto de inaugurarlo, y eso para probar los juegos mecánicos recién instalados y realmente no me quedaron muchas ganas de volver a subirme. Sin embargo cuando los saltos de la lancha en contra de las olas se fueron haciendo más grandes y más frecuentes, el recuerdo de aquellos juegos me fue pareciendo como una broma a comparación con lo que estaba viviendo.

Los saltos eran cada vez de mayor altura, en cada choque de la lancha con un ola grande salíamos disparados hacia arriba. Yo, al ir en medio, no tenía de donde sujetarme, ni modo de que del viejito holandés a mi izquierda o de la chica americana de mi derecha. Ganas no me faltaron, de mi derecha, por supuesto, pero como soy muy bien portado… Realmente iba suelto, para sentir seguridad me sujetaba fuertemente del cojín en el que iba sentado, lo tomaba con las dos manos y cuando brincaba iba totalmente sujeto a él. Recordé como, cuando niño, mi hijo al estar dando sus primeros pasos se sujetaba de su pañal para sentir que iba agarrado de algo y así fue como empezó a caminar. Hubo un salto en el que salí disparado y pegué contra el ligero techo que llevaba la lancha en esa zona – ahora si ya me llevó la chin… – pensé. La caída era tan violenta como el salto, solamente que al caer de sentón el golpe me hacía quedar algunas veces sin aire y a eso le agregamos el golpe que se sentía en la columna y más, donde ésta pierde su casto nombre. Y esto se repitió más de cien veces –no es cierto un poco más, como unas veinte. La verdad no las conté, pero pensé seriamente en las dificultades que iba a tener más tarde para sentarme.

Llevábamos más de una hora de camino, escuché que el navegante empezó a hablar por radio y decía que le calculaba que íbamos en la milla 28 y que él calculaba que aún faltaban unas 6 para llegar a la zona donde podría estar el tiburón ballena. Deduje que hablaban de millas náuticas y me propuse que llegando a Querétaro iba a investigar la equivalencia en metros, y es de 1,852 metros por milla náutica. O sea, que andábamos a más de 50 kilómetros de la costa, por lo tanto la velocidad de la lancha era mayor a los 50 km/hora. Ahora sí que andábamos “ancá la chin…” de la playa, o tantito más pa’ allá.

Lanchas compañeras de la búsqueda. Imag El Adobero
Lanchas compañeras de la búsqueda. Imag El Adobero

Las comunicaciones por radio fueron más frecuentes y más tarde me percaté que no éramos los únicos que andábamos en búsqueda del tiburón ballena sino que eran más de diez lanchas que estaban haciendo el recorrido y me imagino que así es como pueden encontrar a estos animales, trabajando en equipo. Repentinamente me paré y vi hacia delante de la lancha y vi dos aletas negras emergiendo de las olas, eran dos tiburones pensé. Los gritos a través del radio se hicieron más fuertes y se coordinaban entre todas las lanchas, se numeraron para que en orden cada uno atendiera a sus turistas y dio inicio la experiencia.

Mi nieto Polo con el guía. Imag Polo Salgado
Mi nieto Polo con el guía. Imag Polo Salgado

El mar seguía muy picado pero aun así los primeros en bajar fueron mi nieto y mi hijo –qué padre es saber nadar como ellos, pero eso a mí no me tocó; siguiendo las instrucciones del guía rápidamente llegaron hasta donde estaba uno de los tiburones ballena. Mi hijo llevaba una camarita especial para hacer tomas submarinas por lo que les puedo compartir un corto video de su experiencia.

El Tiburón desde mi lancha. imag El Adobero
El Tiburón desde mi lancha. imag El Adobero

Yo lo vi desde la punta de la lancha, era un animal de aproximadamente seis metros de largo, impresionante, realmente muy amistoso para aguantar el enorme asedio de los humanos. Imaginen ustedes que en un lapso de una hora bajaron a verlos aproximadamente unos cien turistas en parejas, una pareja por cada lancha a la vez. Esto me motivó a pensar sobre lo agresivo para el hábitat de estos seres es este tipo de recorridos. No fue por miedo, no… pero me dije –yo nunca voy a volver a venir. Y me justifiqué en mi espíritu respetuoso del medio ambiente y sus ecosistemas. De verdad, no fue miedo. Je je…

Natalia. Lista para la búsqueda. Imag El Adobero
Natalia. Lista para la búsqueda. Imag El Adobero

Bajó mi nieta y mi nuera dos veces, mi hijo y mi nieto lo hicieron varias veces más. Igualmente todos los turistas que nos acompañaron a excepción del turista holandés y este adobero bajaron a esta excitante aventura. Creo que él tampoco tenía miedo, solamente precaución… bueno, por la edad…

 

Nota: El fechador de la cámara del video no estaba configurada. Por ello el error de la fecha que se observa en el video.

Estuvimos en esta convivencia con los tiburones aproximadamente una hora y media. Poco a poco todos los turistas empezamos a manifestar cansancio y aún faltaba el regreso… Calculé que íbamos a tardar alrededor de una hora y media, pero el capitán y el guía que la hacía de navegante también, como que se pusieron de acuerdo y le metieron mayor velocidad a la lancha.

El mar estaba igual de picado que en el viaje de venida. Yo me puse más vivo y me corrí hacia la derecha, de tal forma que quedé en la orilla de la lancha y podía sujetarme con un pasamano. Mi nuera quedó en la parte frontal de la lancha y mi hijo en medio, donde yo hice el viaje de venida y mi nieto en el extremo izquierdo del asiento de la punta de la lancha. Por mi ubicación yo ya no sufrí tanto, sin embargo a mi hijo y a mi nuera les fue como en feria; mi hijo se mareó y mi nuera también. La lancha iba a toda velocidad nuevamente cruzando las olas y saltando como una pequeña barca de papel. Como que yo ya no tenía tanto miedo. De repente observé a mi nieto que iba con una cara de angustia. Estaba apanicado pero le daba vergüenza decirlo… se aguató como los meros machos, no dijo nada, solamente al pensar que nadie lo veía, se limpió unas lágrimas de miedo y siguió aguantando hasta el final.

Casi exactos, después de una hora empezamos a divisar en el horizonte el perfil de Isla Mujeres, como que todos respiramos más relajados, hasta empezamos a bromear con el guía. Éste se acercó con mi nieto y le dijo:

– ¡qué buen nadador eres!, -porque cuando andaban nadando junto al tiburón, mi nieto dejaba muy atrás al guía en la persecución.

Para todos fue una buena aventura. Para mí algo que creo nunca volver a repetir. Volví a sentir la gran sensación de miedo que hacía muchos años no percibía.

Fin del Trayecto. Imag El Adobero
Fin del Trayecto. Imag El Adobero

Por fin llegamos al muelle del hotel – gracias a Dios me dije… Y de inmediato al bar. –dos tequilas por favor y dobles… Mis nietos y sus padres comentaban a cerca de la maravilla de haber tenido tan de cerca a este animal, en su estado natural. Ellos si tenían mucho que presumir, para cuando regresen a su tierra… yo a escribir mis recuerdos con todos ustedes…

Mientras tanto… ¡Salud!


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