NOVENARIO DE RECUERDOS, RELATOS Y POEMAS PARA MAMÁ ROMA. Primer día: UN GRAN CORAZÓN. Autor: Antolín Orozco Luviano

Mi mamá Romanita. Imag Antolin Ororzco L

El próximo 10 de julio se cumplirá el primer aniversario del fallecimiento de mi madre Romanita Luviano Valencia. En su memoria, publicaré un novenario de recuerdos y poemas que le dan vida y presencia…


(Primer día).

UN GRAN CORAZÓN

UNO

 

Descansaba mi madre después de un luminoso día de abrazos, flores, cariño, risas, brindis, poemas y canto. El horizonte de sus ochenta y cinco años era una línea infinita de agradecimiento a Dios y recuerdos de la vida. Cerca de la media noche, con sus ojos cerrados, esperaba el bendito sueño que llegara hasta su cama; hacía a un lado sus preocupaciones y dolencias de su cuerpo. Una oración permanecía en el silencio de su habitación.

Se encontraba cansada, pero contenta. Ese día —sábado nueve de agosto de 2014— había sido un florido regalo de voces alegres, cariñosas. Desde temprana hora empezó a recibir felicitaciones por teléfono. La inconfundible tonada de las mañanitas nos despertó. Eve y yo fuimos a sumar nuestras voces con la de Pera, que cantaba: “…despierta, Roma, despierta, mira que ya amaneció…” Y la sonrisa de mamá iluminó su casa.

Contenta con su vestido nuevo, mamá salió al corredor donde ya disponíamos las mesas y manteles para la comida. Eve probaba el guiso que vaporaba en la cazuela y Pera atizaba el fogón. Amigos, familiares y vecinos fueron llegando con un abrazo y flores o fruta para mamá, en tanto yo buscaba en el armario un destapador de cerveza.

Canto y poesía le dieron sabor bohemio a la tarde. Imag. Antolín Orozco L
Canto y poesía le dieron sabor bohemio a la tarde. Imag. Antolín Orozco L

Cuando llegó Andrés Jaimes, desempolvé la vieja guitarra que no salía de su estuche desde hace dos años; tenía una cuerda rota. El pintor-trovador la habilitó, y su canto se escuchó en el corredor donde mamá aplaudía complacida. Mario Ruiz Santamaría, colgó esa tarde el “Morral Calentano”, y con Lolita y Mario Lalo estuvieron en el festejo.

Canto y poesía le dieron sabor bohemio a la tarde. Eve compartió poemas de su nuevo libro “Luz en las sendas” y leyó los mensajes que de lejanas tierras enviaron mi hermana Tencha y mis sobrinos. En la llamada de mis hijas Sandy y el abrazo de Jazmín, mamá sintió latir el corazón de sus nietos.

La tarde transcurrió entre canción y canción. Aun cuando se fueron mis primos Chayo Orozco, Lencho Real, el tío Efrén, el primo Fer, Mayita Leyva, Lupita y Martín Mora; José Luis Santamaría continuó con su canto de trova y nostalgia. Mamá se sintió feliz. El recuerdo de mi padre estuvo presente.

 

DOS

 

Cerca de la media noche, cuando fui a “darle las buenas noches”, mamá dormitaba. No le hablé. Me retiré despacito. Me puse a garabatear recuerdos y afloraron sentimientos: mamá, joven, cantaba haciendo quehacer. Enjarraba el piso de la casa de adobe; cultivaba rosales y almendros. Les hablaba con cariño a las plantas y a las abejas. Siempre tenía agua fresquecita en las tinajas.

Y en ese disfrutable silencio acompañado de grillos, siguieron llegando momentos de otros tiempos, de cuando mamá me enseñó las primeras letras; de cuando los Reyes Magos nos traían a mi hermana y a mí lápices, cuadernos y colores, en lugar de juguetes; de cuando me enseñó a darle gracias al nuevo día; de cuando con su ejemplo diario aprendí a valorar y a querer las plantas, las flores, el agua, el sol, los pájaros y las abejas.

Amanecer en Tierra Caliente. Pintura Artística Rico.
Amanecer en Tierra Caliente. Pintura Artística Rico.

“Amaneciendo Dios” —decía mi madre—, hay que ponerse en actividad, para que fructifique el día y la vida. En mi infancia no le encontraba mucho sentido a esta expresión. Ahora que soy mayor me agrada la idea de que “Dios amanece”.

Y eran amaneceres con olor a albahaca, a yerbabuena, a rosales, a hojitas de naranjo. Y es que mamá cortaba manojitos de esas plantas para que yo los fuera a vender a la plaza.

Recordé la ocasión que me envió a vender queso fresco y gorditas de requesón en hojas de almendro y regresé llorando con la bandeja vacía. Me acompañaba La Güera Nacha, una santa viejecita de ojos verdes y pelo de algodón, quien le dijo a mi madre: “Roma, no le vayas a pegar a tu hijo. Unos guachitos lo invitaron a jugar pelota. Él puso la bandeja en unos tabiques. Mientras correteaba la pelota, pasaron unos cuches y se comieron todo el queso y requesón”. Mamá llevó sus manos a la cabeza; le agradeció a mi “ángel de la guarda”, y expresó: Va, ni modo —me consoló— y dijo: no olvides esta lección.

 

TRES

 

Mientras mamá dormía, un sentimiento de amor y gratitud llenó la casa: Gracias, madre, por levantarme temprano; por recordar de niño mis deberes: ayuda a tu padre con la ordeña; lleva los becerros al potrero; agarra maíz de la troja y dales de comer a las gallinas; saca agua del pozo para que les lleves a los cuches. Da los buenos días a tus abuelos. ¿Ya saludaste a tus tíos?

y yo fuera a un seminario a continuar mis estudios. Imag. Extridentinos de Morelia.
… y yo fuera a un seminario a continuar mis estudios. Imag. Extridentinos de Morelia.

Y mientras los almendros y rosales crecían, yo también; atrás habían quedado el Silabario, las tablas de multiplicar, mis juguetes de madera. Era tiempo de aprender a ser útil, y la voz de mamá en mi corazón: ¡se acomedido!, no estés de más; agarra un libro, riega una planta, ¿ya tendiste tu cama?, ¡así no se barre!, recoge esos granos de maíz, no desperdicies comida, la tortilla es sagrada.

Pese a las limitaciones en el pueblo de mi infancia, que no tenía luz eléctrica ni teléfono ni caminos, mamá abrió rendijas para que mi hermana y yo pudiéramos asomarnos a un bonito horizonte, de música, de danza, de poesía: le dijo a nuestro profesor de primero y segundo de primaria que nos enseñara bailables, canto y poesías para declamar. Quería que perdiéramos la timidez, pero en realidad con eso nos estaba prendiendo alas.

Luego convenció a mi padre de que mi hermana Tencha estudiara un curso en Morelia y yo fuera a un seminario a continuar mis estudios de primaria. Mi hermano Gerardo, que nació después, tuvo al igual que nosotros la fortuna de que en casa, modesta y humilde, hubiera una fuente de valores que mamá Roma y mi padre llenaban todos los días.

Gracias, MAMÁ. Extraño tus oraciones, tu sabiduría y tu gran corazón…

Antolín Orozco Luviano


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