LA INGRATITUD. Autor: Salomón J. Zamudio Alfaro

Ingratitud. Google images

…cuando hagan un favor aclaren que no esperan retribución, ni agradecimiento, aclaren que quieren amigos no enemigos y de esta manera no sufrirán los efectos de la ingratitud…


Desde tiempos inmemoriales, se ha hablado y escrito sobre la ingratitud. Todos nosotros sin excepción, alguna vez por lo menos, hemos sido ingratos. La ingratitud es uno de los vicios que menos se toleran, resulta familiar que una madre se queje de la ingratitud de sus hijos, que un amigo lamente la ingratitud de otro amigo, un gobernante de sus gobernados, etc., el ingrato no tiene problema, el problema lo sufre quien siente que se le debe una retribución.

Ahora bien, son muchas las peculiaridades del ser humano que en la colectividad, son criticadas y mal vistas por sus semejantes, pero al fin y al cabo son estas peculiaridades las que marcan el carácter del ser. Resulta curioso que el ser humano sea ingrato “per se”, pero analizado concienzudamente, veremos que hay una razón para ello. Todos los esfuerzos que hacemos como humanos para conseguir nuestro peculio en realidad son aparentes, no es nuestro empeño físico o mental, quien nos da de comer, esto que hacemos, no es más que un impulso de nuestra parte, al movimiento natural del universo, a que verdaderamente debemos nuestra proveeduría.

Nosotros somos dueños de nada, todo lo que poseemos es prestado, por eso cuando damos, o le hacemos a alguien un favor, no estamos dándole algo nuestro, por tanto no debemos esperar retribución alguna. Al contrario debemos agradecer, que podamos hacer algo por alguien más que nosotros mismos.

Hacer el bien, no es algo extraordinario, no es digno de algún encomio especial, es más bien una obligación, una retribución de nuestra parte, por todo lo recibido. Hay miles de ejemplos de esto que se ha dicho, la naturaleza es pródiga, abundante, da sin distinciones, esto se observa en todos los reinos asociados con la humanidad. Las plantas dan sus frutos, los animales lo que su naturaleza les dicta, los minerales, el sol, el aire, el agua, todo da y nadie ni nada espera retribución por sus dones.

Con estos mismos ejemplos, debemos proceder en consecuencia y dar. Ahora bien, ustedes se preguntarán, ¿cómo hay que dar?, algunos opinan que hay que dar hasta que duela, otros que hay que dar de lo que sobre, otros más hablan de un diezmo de todo lo que se posee, son muchas las maneras de dar y no todo lo que se da es dinero, a veces un consejo a tiempo es más valioso que el dinero, pero también es importante dar dinero.

Si aprendemos a dar, sin pretensiones, sin intereses ocultos, sin presiones, poco a poco veremos que es tan natural recibir como dar. Decíamos que no poseemos en realidad riqueza alguna, en ocasiones la vida nos convierte en simples administradores de la riqueza y como tales tenemos más obligaciones con los demás que con nosotros mismos. Dar debe ser causa de alegría, de satisfacción. Por tanto, ¿cómo debemos dar? Debemos dar en la medida en que dar nos cause felicidad. Podemos ser demasiado mezquinos para dar, o bien, dar nos cause dolor o pesadumbre, ésto indicará que aún no estamos listos para dar, el saber dar va de la mano con el crecimiento de nuestra conciencia y en esa misma medida nos podemos dar cuenta de nuestra propia superación.

Dar sin Esperar. Googlel images
Dar sin Esperar. Googlel images

Dar es una buena forma de ver cómo vamos avanzando a lo largo de nuestra vida, en bien propio, podemos empezar a dar cosas pequeñas que no nos causen aflicción y poco a poco conforme nuestra conciencia se va haciendo más grande y vamos adquiriendo mayores conocimientos, el dar irá desarrollándose en las mismas proporciones.

Por tal motivo, es que al principio decíamos que en ocasiones, el que hace un favor, es decir da, espera retribución, a veces no tanto material, en la mayoría de las veces la retribución que espera lo llama agradecimiento. Pero en realidad el que recibe, no le importa de dónde viene el bien y eso es algo que debemos tener muy presente, nosotros cuando damos no somos más que meros instrumentos. Los bienes están ahí para el que quiera tomarlos y todos somos dueños de nada, esto es una verdad que yace en todos nosotros, por tal motivo es que todos somos ingratos. El que sufre la ingratitud en todo caso, es el que está actuando equivocadamente, porque al dar ha pensado que es el dueño del bien que comparte y además de sentir satisfacción por el hecho de dar, aún quiere dejar a posteriori una recompensa igual o mayor que el bien otorgado.

En estas circunstancias, es que lo más sano y lo mejor para todos, es hacer el bien sin esperar retribución alguna, así mismo, el que recibe debe hacerlo sin ofertar una retribución que sabe, no va dar, pero que el que da espera oír. Todo esto dependerá, del grado de conciencia que cada quien tenga, recuérdese que todo está previamente consensado y que la realidad es que todos participamos de todo, las relaciones interpersonales y sus consecuencias son para experimentar y aprender.

Cuando hagan un bien, nunca esperen retribución. Imag Pinterest
Cuando hagan un bien, nunca esperen retribución. Imag Pinterest

Queridos nietos, cuando hagan un bien, nunca esperen retribución, háganlo porque lo quieran, porque les cause felicidad hacerlo, porque sientan una necesidad de ayudar a esa persona o grupo, háganlo por ustedes mismos, compartan la felicidad que causan y después olvídense de lo que dieron, cuando hagan un favor aclaren que no esperan retribución, ni agradecimiento, aclaren que quieren amigos no enemigos y de esta manera no sufrirán los efectos de la ingratitud.


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