MERCADO DE LA INMACULADA EN LA CIUDAD DE MORELIA. Autor: El Adobero

Mercado Gastronómico de la Inmaculada... Img El Adobero.

… me formé en la fila que vi más corta para comprar los boletos “tipo kermese” y escoger la mayor cantidad de platillos que pueda soportar mi estomaguito…


La noche de mi llegada, a pesar del cansancio y de la hinchazón de mis pies, no podía perderme una visita al Mercado Gastronómico de la Inmaculada, una gran aventura de comida y tradiciones de este maravilloso estado de Michoacán, el cual ya tiene una gran fama y prestigio, tanto de los parroquianos de la colonia Don Vasco de Quiroga, donde se encuentra ubicado, como de los turistas mexicanos y extranjeros.


La colonia Don Vasco de Quiroga fue la primera colonia fundada, por allá del año 1907, fuera del casco urbano histórico de la Nueva Valladolid, hoy Morelia.

Los vecinos de esta colonia siempre han sido muy buenos anfitriones y gracias a la costumbre tan arraigada de compartir sus manjares con quien los visita fue que, con la organización del padre José Ibarrola Bulh, se inició la venta de cenas típicas en esta colonia por el año de 1943.

Recuerdo que en mi infancia alguna vez tuve la fortuna de visitar esta colonia y los vecinos colocaban sus puestos con los diferentes platillos en el frente de sus casas, con las consecuentes molestias para algunos vecinos que no se dedicaban a esta actividad. Posteriormente, desde el inicio de la construcción del templo de la Inmaculada, se contempló en el sótano del mismo la ubicación de un mercado gastronómico, de buena imagen, higiénico y sobre todo, organizado bajo el esquema de una cooperativa, donde todos son socios y comparten sus ganancias, también destinan una pequeña parte para la ayuda del templo.

Les cuento mi aventura:

Calzada de Fray Antonio de San Miguel. Img El Adobero
Calzada de Fray Antonio de San Miguel. Img El Adobero

Después de mi caminata inicial por el centro histórico, aproveché un rato para descansar y tomar una siestecita en el hotel ubicado sobre la Calle Real (Av. Francisco I. Madero) por el barrio de Villalongín, salí empezando la noche y me encaminé hacia el oriente orientándome con el “google maps” que me indicaba mi recorrido a pie. Me entretuve un rato admirando le fuente de “Las Tarascas” y tranquilamente me encaminé por la calle de Fran Antonio de San Miguel, (antiguo camino a San Diego), paralela a la calle de los arcos. Ésta es una hermosa calzada bordeada de frondosos árboles en los cuales, a esa hora, aún se escuchaba el chirriar de miles de pájaros que anidan en sus ramas.

Novios en la calle de Fray Antonio de San Miguel. Img El Adobero
Novios en la calle de Fray Antonio de San Miguel. Img El Adobero

El frescor de la noche y un tenue alumbrado invitan a los enamorados a aprovechar las bancas de piedra en la vera de la calzada, unos novios, de esos de a de veras, ataviados con sus elegancias de la noche, que antes era la más esperada de la vida, y ahora solamente la que “ya nos tocaba”, aprovechaban el lugar para eternizar sus esbeltas y juveniles imágenes que, más temprano que tarde, irán perdiendo y trasformando en la silueta bonachona de la felicidad acumulada.

Luces de la calle Tejedores de Aranza. img El Adobero
Luces de la calle Tejedores de Aranza. img El Adobero

Llegué sin prisas al frente del Santuario de la Virgen de Guadalupe y antes de la calle del Acueducto quebré a la izquierda en la calle Hospital. Aquí sí, la obscuridad me impulsó a caminar más de prisa como si fuera un vecino del barrio. Rápidamente le echaba un vistazo a mi teléfono para consultar mi google, antes de dos cuadras, los aromas sustituyeron la modernidad y me encaminé con un buen apetito sobre la calles de Tejedores de Aranza dando vuelta a la izquierda, muchas luces de colores que, imaginé, se quedaron de la fiesta del 8 de diciembre, me dieron la bienvenida. Había fiestas en varias casas, algunos puestos en otras, una panadería de las de antes, con pan macizo no esponjado, de una gran variedad, niños envueltos de Morelia rellenos de higos y ate, el olor a chocolate que seguramente merendaban en alguna casa. Todo eso incrementó mi de por sí, animoso apetito.

Un templo modernista estaba lleno de feligreses, misa del sábado por la noche, afortunadamente más dedicados a la devoción que a las tentaciones de la gula. Me apresuré, antes de que esta bola de… salga de misa, para llegar a la entrada del mercado. Recordando la frase de “al lugar que fueres haz lo que vieres”, me formé en la fila que vi más corta para comprar los boletos “tipo kermese” y escoger la mayor cantidad de platillos que pueda soportar mi estomaguito, (bueno digo…). Para no fallarle, me compré $120.00 en boletos para la cena – total, si me falta, vengo por más.

Tamales de Ceniza. Img El Adobero
Tamales de Ceniza. Img El Adobero

Llegué al puesto que más me apetecía desde que estaba planeando este viaje, el de las corundas. Después de una breve fila llegué y pedí mi orden de corundas –Ya no tenemos “joven”- como buenas morelianas, buenas para levantarle el ánimo a los visitantes –sólo tenemos de las secas- , – ¿qué es eso?- repliqué – tamales de pura maza sin manteca -, -ah, ¡de los que se llaman de ceniza!- ¡esos meros!, me contestaron. Para esos tamales, que en mi infancia hacía mi madre, tamales de pobre pero con un sabor exquisito, se revolvía la masa con ceniza de los fogones en vez de royal y un poco de sal, se rellenaban en hojas tiernas de carrizo y a cocer. Qué recuerdos…

Pues una orden de tamales de ceniza, con su salcita, carne deshebrada de cerdo, crema y queso, y un buen vaso de agua de horchata para el acompañamiento. Total $30. En el trascurso escuchaba en el fondo música de banda, de esas de Michoacán, como la de Pichátaro o la de Zirahuén.

De ahí a las enchiladas placeras, una enorme fila (no cola…). Las servían con dos piezas de pollo, muslo y pierna, además de su verdura en vinagre, sus papas con zanahorias fritas, lechuga, crema y queso… Me desesperé y además tanteé que no me iban a caber. Mejor me fui rápidamente a las quesadillas fritas, aquí si son de queso; para no sufrir, solamente una orden, con su salsa, crema y queso y un vaso, porque ya no se usan los jarros, de atole de canela endulzado con piloncillo para el acompañamiento. Total $35.

Gelatina de leche con rompope. Mercado de la Inmaculada. Img El Adobero
Gelatina de leche con rompope. Mercado de la Inmaculada. Img El Adobero

Para el postre, una gelatina de leche con su rompope casero, bien cargado, como si fuera para obispo. Relajadamente disfruté de esa delicia admirando el paisaje… Total $20

Totalmente satisfecho, lleno, súpito, hasta el full, tomé los $35 que me sobraron de boletos y se los día a un niño que recogía los platos y vasos de las mesas y las preparaba para los siguientes comensales. Sonriendo los puso en la bolsa trasera de su pantalón y pasando un rato, los contó y me gritó ¡gracias!

Batalla del arcangel San Miguel contra el demonio. Mercado de la inmaculada. Img El Adobero
Batalla del arcangel San Miguel contra el demonio. Mercado de la inmaculada. Img El Adobero

A la salida, en el arco de bienvenida, un espectáculo más que multimedia en 4D, un coloquio robotizado que narraba la historia de la Inmaculada Virgen María, con robots, sonido y luces. Dragones y arcángeles, a escala real, que se trenzaban en tremenda lucha y María Santísima salía triunfante. Nada que pedirle a los espectáculos gringos.

La Lotería Mexicana. Mercado de la Inmaculada. Img El Adobero
La Lotería Mexicana. Mercado de la Inmaculada. Img El Adobero

Más adelante, la lotería mexicana, como las de antes, con los parroquianos sentados en unas bancas largas de tablones de madera, jugando hasta tres tablas al mismo tiempo, muchos chiquillos… Pues no me lo van a creer… No alcancé lugar, ni tablas. Pero disfruté al por mayor los gritos y dichos del que cantaba las cartas de la lotería. ¡Lotería! gritó una abuelita cerca de mí, ¡mi premio!, dos platos y dos vasos gelatineros, ¡nooo, eso ya no, ya tengo muchos!, mejor una olla express… – Ja ja ja, se oyó en todo el local. Y le dieron una olla de peltre azul con manchitas blancas, de las de antes, – ¡ah, pero con su tapa!, para que no se te tire la leche abuelita, le gritó el ayudante. –Échame otras tablas, gritó la abuelita y siguió jugando, después de meter su premio en una gran bolsa de hilos de plástico de colores, de las que ya no hay. Alcancé a ver que ya tenía varios premios y un viejito como “yo…visnando” me dijo – esa viejita sí que tiene suerte… Ya lleva tres maridos y es soltera…, – Ja ja ja se oyeron grandes carcajadas de los parroquianos…

La Borrachísima Banda Imagen. Mercado de la Inmaculada... Img El Adobero
La Borrachísima Banda Imagen. Mercado de la Inmaculada… Img El Adobero

De repente me di cuenta de que la música que se oía dentro del mercado sonaba más claro y fuerte afuera. – Ah jijo es música en vivo… ¡Qué buena suerte!, me dije para mis adentros. Recordando cuando de niño escuchaba la banda de Pichátaro y la de Zirahuén en las vacaciones comunitarias del Seminario. Me desplacé a un lado del templo y para completar una buena noche, estaba una banda de viento tocando fuera del templo. “La Borrachísima Banda Imagen”… pura música para el espíritu, (pero no santo).

Acueducto de Morelia. Img El Adobero
Acueducto de Morelia. Img El Adobero

Me decidí a emprender el regreso, ahora por la calle del acueducto, caminado y disfrutando de la arquitectura de este monumento, que en su tiempo impulsó el bienestar y crecimiento de la ciudad. Después de caminar un rato, me encontré con un local modernista con luces multicolores, que tenía entreabiertas las persianas, era temprano, había pocos clientes y varias chicas escazas de ropa… ¡Ah chin…, que pend… soy, es un table!… ¡Retírate satanás!… y me fui sonriendo con rumbo al hotel. A descansar plácidamente, obviamente después de tomar un omeprazol por aquello de la gastritis…


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