MAESTROS. Autor: Blanca Lizette Alegría Morales

Ser Maestro. Google images

Ser maestro no es solo vaciar un contenedor de conocimientos en las cabezas de los estudiantes, es ayudarlos a desarrollar sus virtudes y talentos. Es contribuir en la formación de seres humanos en cualquier etapa de sus vidas…


Estudie Derecho, pero creo que mi vocación es la Docencia. Si, a veces dudo si éste es mi camino. Pero cuando veo progresos, esfuerzo, entrega, etc. Creo que recorro el sendero indicado.

Esta historia la quiero dedicar a mis mejores Maestros y no, esta vez no hablaré de mis queridos profesores que dentro y fuera del salón han sido un apoyo extraordinario en mi desarrollo profesional y personal.

Hoy quiero dedicarles unas palabras a los Maestros más exigentes, implacables e impredecibles que, a lo largo de nueve años, me han forzado a mejorar cada segundo que comparto con ellos. MIS ALUMNOS.

Mis alumnos. Cosa seria... Google images
Mis alumnos. Cosa seria… Google images

Mis alumnos eran, son y serán cosa seria. Mientras escribo este artículo vienen a mi cabeza cientos de anécdotas, rostros, sonrisas, lágrimas, rabietas, experiencias, años, etc., que he vivido con ellos.

¿Cómo puedo ser breve y objetiva en un tema tan serio y encantador? Y es que, en sesenta minutos de clase cimbran mi universo. Salen con cada cosa que a veces no sé si reír, llorar o huir de la galaxia.

Estoy leyendo un libro fantástico de Fernando Savater titulado “El valor de educar” y vaya que se necesita valor. Este libro me ha puesto en jaque. Hay días que me motiva a seguir y mejorar y otros en los que me hace pensar seriamente en dedicarme a otra cosa. A algo fácil. Porque la docencia es todo, menos sencilla. Únicamente los que nos dedicamos a ésto sabemos el reto que es, y hay días que siento (o tal vez sentimos) que lo hago por amor al arte. Es que el sueldo no es suficiente comparado con la responsabilidad que tenemos. Responsabilidad que comienza desde las maestras de kínder, hasta los catedráticos de los pos doctorados.

Pero, volvamos a nuestro tema principal. LOS ALUMNOS.

¡Qué no daría por ver sus rostros mientras exhibo nuestros trapos sucios en Internet!

Ser alumno no es sencillo, hay un mundo fuera del salón clases esperando a ser descubierto y conquistado por cada uno de ellos. Es un castigo ser joven y tener que esperar sentado y encerrado el momento de poder salir a compartir sus ideas, poner en práctica lo aprendido en el aula y quemar toda la energía en mejorar el entorno.

Son jóvenes, quieren comerse el mundo en un bocado, desean demostrarle a los adultos lo equivocados que hemos estado en los últimos milenios, están sanos, llenos de energía, de su mente brotan miles de ideas geniales, su corazón palpita con la energía de mil caballos de fuerza. Ash…, pero ahí encerrados, disque aprendiendo… creen que se consume su indómita juventud.

Ahí comienza mi reto. La alumna “más joven que he tenido” es una nena de cuatro años, hoy ya es una señorita, hace tiempo que dejó de ser mi alumna, pero vive en mi corazón. Cuando nos llegamos a reunir intercambiamos recuerdos. Ella me platica que cosas aprendió de mí y cómo se las enseñé, y yo le comentó todo lo que recuerdo sobre su forma de ser en la infancia. Es un ser humano tan especial, que me enseñó a cómo iniciar mi camino de maestra.

Recuerdo que cuando comencé a darle clases, yo todavía no me certificaba como Maestra de Inglés, yo era joven y me movía la vocación, la inquietud, el hambre, la pasión, el ímpetu de mejorar el mundo, etc. Así que, le enseñaba muchas cosas por corazonada y preguntándole a maestros con experiencia. Afortunadamente, la pequeña si aprendió muchas cosas y no le generé ningún trauma.

Cuando comencé a estudiar para Maestra de inglés, fue una revelación. Comenzaron las reglas, los métodos, los retos, las alucinaciones. Me gustaría que entendiéramos por alucinaciones a las PLANEACIONES.

Planeaciones. Gogle images
Planeaciones. Gogle images

Planeaciones. Pienso mil cosas horribles mientras escribo este párrafo, se acelera mi respiración, se me hace un nudo en el estómago, me duele la cabeza, me pone de malas. Pero ni modo, son un mal necesario. Y ni son tan malas y ni son tan necesarias. (Éste es el momento en el que me queman en leña verde).

Sin una buena planeación y real; entiéndase por real a una planeación que cumpla con los objetivos de la clase adaptándose a las necesidades, posibilidades, aptitudes, actitudes, capacidades, intereses y nivel REAL de los estudiantes; éstos no obtienen el conocimiento porque no hay un objetivo claro. (Otra vez pueden quemarme en leña verde…)

He visto que en muchas escuelas nos imponen a los maestros libros, material excelente, extraordinario, hermoso, diseñado por los ángeles del cielo. Que no sirve. No sirve porque no se adapta al contexto, necesidades y nivel de comprensión del alumno. ¿Entonces, qué pasa? El sistema carísimo, que nos llegó casi casi de otra galaxia, fracasa. Y no solo fracasa el sistema, fracasamos los maestros y lo peor arrastramos a nuestros alumnos.

Mi bronca con las planeaciones es muy sencilla. Me exaspera sentarme a planear una clase. Revisar el tema, plasmarlo en una hoja (ya sea de Word o de papel), estudiar lo que no entiendo para que no me vayan a “agarrar en curva”, ver videos (muchos videos hasta encontrar los adecuados para mis alumnos: ya saben, breves, entretenidos, fáciles, concretos), enviarles videos, preparar material didáctico, destruir todo lo planeado porque es “aburrido”. Iniciar de nuevo, buscar ejercicios, guardarlos en la compu, imprimirlos, enviarlos a mis alumnos, buscar canciones, manualidades, películas que tengan que ver con el tema, elaborar material relacionado con esas canciones, películas, videos, artículos, etc.

Ya después de más de una hora de planeación. Te sientes orgulloso de tu trabajo y crees que vas a cambiar el mundo. ¡Rayos! Me faltó agregar algo o sobra ésto, puedo mejorar aquello. Otra vez corres a la planeación a retocarla o a veces hasta rehacerla. Y decides fingir que no eres maestro para no obsesionarte por tu trabajo tras bambalinas. En el mejor de los escenarios.

Llegas a clase, tus alumnos no entienden el tema, están cansados, tienen broncas en su alma, hay otros temas más interesantes en el mundo real, etc. La planeación se fue al caño. Pero hay un programa y obligación que cumplir. Entonces, hay que adaptar la planeación a las circunstancias del día. Si puede leerse contraproducente, como que se mima a los estudiantes. Pero finalmente tenemos que encontrar el modo de que se interesen, se involucren, aprendan y aprehendan.

Un buen maestro inspira a sus alumnos. Google images
Un buen maestro inspira a sus alumnos. Google images

Me atrevo a decir que un buen maestro no es solo el que prepara su clase, domina el tema y lo expone. Un buen maestro es aquel que inspira a sus alumnos, logra que comprendan el tema y se interesan por lo que ocurre alrededor.

Como maestros no sólo debemos dominar nuestra materia, debemos involucrarnos en lo que acontece en el mundo, en nuestra localidad. Hay que empaparse, de ciencia, tecnología, arte, respirar los hechos que ocurren a diario en el planeta, hacernos uno con el mundo y con el alumno, contagiarle esa curiosidad. Aunque no nos gusten ciertos temas, no podemos darles la espalda porque tarde o temprano algún chico nos va a preguntar o nos compartirá ese gusto y no podemos ignorarlo.

Los alumnos son mis mejores maestros porque me obligan a actualizarme, a buscar nuevas estrategias de aprendizaje, a manejar la libertad, a ser tolerante, paciente, a ser muy seria cuando quiero morir de la risa con sus ocurrencias, a ser fuerte cuando me estoy derrumbando por dentro, a no huir cuando las cosas se ponen difíciles, a sonreír en los días nublados, a ser un buen ejemplo. Con mis alumnos he experimentado nuevos géneros musicales, literarios, me comparten sus experiencias en la gastronomía, en los viajes, en sus centros laborales. Siempre en sus exposiciones aprendo algo nuevo. Me “heredan” las palabras para explicar de una forma más sencilla un tema complejo.

En este sitio de los lamentos, confieso que varias veces he llegado a trabajar con el corazón roto, sin esperanzas, queriendo ser otra persona. Pero al ver sus caras, escuchar sus pretextos, recibir sus saludos cálidos, todo se borra.

Es imposible describir la alegría que se siente cuando veo sus avances, cuando se sacuden el maldito miedo y la cochina pena para intentarlo y triunfan. Me encanta ser testigo de su esfuerzo y de lo conscientes que son de este hecho. No hay con que pagar cuando se responsabilizan de sus faltas o, esos momentos en los que brota la empatía.

No todo es miel sobre hojuelas, hay días de terror. Hay momentos en que me sacan canas verdes y quisiera actuar peor que “Hulk”, pero recuerdo que soy la maestra, soy la autoridad y soy el ADULTO RESPONSABLE que debe guiar a esos alumnos por el buen camino. Y todos sabemos que la ira no es un buen camino.

Ignoramos por completo cuál es la situación por la que atraviesan nuestros pupilos. No podemos cambiar lo que están viviendo, pero si podemos hacerlos sentir cómodos, seguros y tranquilos mientras compartimos nuestra vida y tiempo con ellos en el aula.

Sobre todas las cosas, escojo una y mil veces ser maestra.... Google images
Sobre todas las cosas, escojo una y mil veces ser maestra…. Google images

Sobre todas las cosas y actividades laborales escojo una y mil veces ser Maestra. Porque ser maestra es ser una eterna alumna, es mantenerme activa, viva, nunca dejarme de sorprender, vivir todas las emociones en tres mil seiscientos segundos.

Ser maestro no es solo vaciar un contenedor de conocimientos en las cabezas de los estudiantes, es ayudarlos a desarrollar sus virtudes y talentos. Es contribuir en la formación de seres humanos en cualquier etapa de sus vidas.

Los Maestros somos un símbolo de autoridad y como tal, siempre seremos un ejemplo. Enseñamos más con lo que hacemos que con lo que decimos.


Participa con tus comentarios abajo en este mismo espacio.

Compártelo con tus amigos y así integraremos una comunidad pensante y positiva.

Date la oportunidad de enviar lo que produce tu pensamiento a:

pioxsalgado@eladobero.com
adobero21@gmail.com

¡Hasta el próximo adobe!

Related posts

Deja un comentario