¿QUIÉN ME PRESTA UNA ESCALERA PARA SUBIR AL MADERO? Autor: Rosa María Salgado Rico

Quien me presta una escalera. Google images

A mi Jesús, que nunca me ha soltado, que ha estado conmigo siempre, aún en esos momentos en los que sufrí, lo que a nadie he deseado…


No tengo palabras para presentar el artículo que nos manda Rosy. Solamente recomendar que lo lean de principio a fin, con su corazón abierto y dispuestos a escuchar…


Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el nazareno…

Saeta Popular

Esta época siempre me ha hecho sentirme orgullosa: con gran satisfacción hablo con mis hijos, y con todo el que me dé chance, de lo grandiosa que fue la vida de Jesús, y conste que no estoy hablando del Dios padre, sino de ese hijo justo, inteligente y sobre todo amoroso.

Me encanta ver su actuar de hombre y saber que sufría, se enojaba (¡y bien enojado!, recuérdese la escena de los mercaderes echados del templo), amaba y se desilusionaba, pero siempre perdonaba.

¡Qué difícil es eso!

Perdonar es tan complicado como renunciar a uno mismo y entregarse a Dios, como estar dispuesto a no olvidar sino a comprender, a asimilar y ser capaz de rememorar y no sufrir.

El perdón lleva consigo también aprendizaje, Jesús no quiere que nos caigamos mil veces y que suframos siempre por lo que nos pasa o por lo que los demás, intencionalmente o no, nos causan. Jesús quiere que aprendamos a no caer o caer de la mejor manera, de la que duela menos. Ahora que está tan de moda el coaching, puedo asegurar que Él fue el primero y el mejor de todos.

Cuando te conviertes en madre (o en padre) eres capaz de hacer eso por tus hijos, no una, sino un millón de veces. Es curioso como suceden las cosas, estaba a punto de escribir este artículo sobre Jesús, cuando me di cuenta de que una persona a la que quiero mucho está a punto de convertirse en cómplice de él dando a luz próximamente a un ser hermoso y especial.

A ti, que estás a punto de ser lo más importante para un ser humano indefenso, a ti que tuviste el valor de ser instrumento de Dios, como lo hizo la madre de Jesús, a ti que volverás a sentir la alegría de tener un pedazo de cielo en tus brazos y pegado a tu pecho, te expreso mi más grande admiración y el deseo de que tu corazón se llene de dicha y de orgullo por la capacidad tan grande de amar que tienes.

A mi Jesús que nunca me ha soltado. Google images
A mi Jesús que nunca me ha soltado. Google images

A mi Jesús, que nunca me ha soltado, que ha estado conmigo siempre, aún en esos momentos en los que sufrí, lo que a nadie he deseado, que me sonrió cuando parí a cada uno de mis hijos, al que bendijo mi matrimonio; al que recibió a mis abuelos en sus brazos y los estrechó fuerte mientras yo lloraba su partida, al que me perdonó todos y cada uno de mis errores y me dejó caer cuando sabía que me iba a poder levantar, no tengo más que decirle GRACIAS te amo más que nunca porque me has ayudado a limpiar mi corazón.

Jesús: el madero fue sólo un momento:
tu grandeza y tu amor son eternos.
¡Oh, no eres tú mi cantar, no puedo cantar,
ni quiero, a este Jesús del madero
sino al que anduvo en la mar!


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