LA OTRA LEYENDA DE LA FUNDACIÓN DE LA NUEVA VALLADOLID. MEMORIAS DE UN “PERRO DE AGUA”. Original del Maestro Miguel Bedolla Herrera. Adecuación por: El Adobero

Plano de la Nueva Valladolid. Google images

La india Matla, utilizando sus habilidades femeninas, fue apagando una a una las luces de la tienda del virrey, al tiempo que iba despojándose de sus atuendos…


Leyendas van y vienen. Cada uno de los ingeniosos escribanos le da su toque de imaginación, muchas veces adornado por las florituras del leguaje, que disimulan los hechos y las intenciones reales de los conquistadores.

Ahora una nueva versión de la historia, contada por los antiguos “perros de agua” que fueron testigos canoros de los hechos, que los hombres adecuaron a su verdad o a la que les indujeron las órdenes de los nuevos poderosos de estas tierras.


Virrey Antonio de Mendoza. Google images
Virrey Antonio de Mendoza. Google images

En su viaje hacia la Nueva Galicia (hoy Guadalajara), el primer virrey de la Nueva España, Don Antonio de Mendoza, ordenó a su caravana hacer un alto para descansar en las lomas cerriles ubicados al sur de la nueva ciudad, lo que ahora es Santa María de Guido.

Cuentan mis ancestros que dicho personaje vio la hermosura y riqueza del valle con agua abundante y preguntó – ¿Cómo se llama este lugar?, preguntad a los habitantes de ese caserío y dispongámonos a descansar ya que desde que salimos de la capital no hemos tenido descanso debido –

Después de que se instalaron y a la hora de la puesta de sol, todos los miembros de su comitiva quedaron en silencio para admirar el fabuloso espectáculo que estaban disfrutando, el más bello crepúsculo que se repite hasta estos días en este valle; cuando las gentes se han olvidado que hay un cielo y no hay mejor espectáculo que ver la puesta de sol y esperar meditando la aparición paulatina de los astros en el poco a poco más obscuro firmamento. Llegó la noche y a la hora de la cena, se presentaron los aborígenes del lugar a ofrecer lo que producía esa dichosa tierra.

Cuentan los anteriores que el Virrey ordenó que le presentaran a la autoridad que gobernaba a los habitantes de ese valle y de inmediato se presentó el consejo de ancianos. Del grupo se adelantó el más antiguo que portaba el bastón de mando y le dijo – Los que habitamos aquí de nombre Matlaltzingas tenemos por guía a una noble mujer de origen Náhuatl, y como es la más sabia e inteligente, te suplicamos, noble señor, que escuches a quien hablará en nombre de todos nosotros y le creas todo lo que te diga.

 

Matla. Google images
Matla. Google images

No tardó en acercarse al grupo una india de aspecto jovial, hermosa, de andar elegante y altanero, ataviada con vestido de lujo, bordado en vistosos colores y penacho de hermosa plumería con el que remarcaba su nobleza. Al cruzar en medio del consejo de ancianos todos le hicieron valla y reverencia.

El virrey no se mantuvo ajeno a tal porte y, tratando de disimular la grata impresión que le causó la mujer, con voz suave le dijo:

– ¿Quién sois noble dama que con paso airoso llegáis y toda esta gente os saluda con respeto?

– Soy Matla, nobilísimo señor y tengo mucho tiempo de vivir aquí, creo haber dado consejos y buen ejemplo a mis queridos Matlaltzingas de este valle donde habitamos y que llamamos Guayangareo.

– ¿Sabéis a que hemos venido y quiénes somos?, cuestionó el virrey

La mujer, por medio de un intérprete contestó: – Señor, nosotros éramos fieles servidores de nuestros antiguos señores, los purépecha; al llegar los primeros hombres barbados, fuimos dispersados de mala manera, pero cuando llegaron los franciscanos, con amor fuimos reunidos nuevamente. Ahora estamos aceptando la religión que nos enseñan, respetamos y queremos al rey grande que vive al otro lado del mar, sabemos que tú vienes en su nombre, pero es necesario que yo hable contigo de asuntos superiores, y muy importantes, debe ser a solas con tu noble persona –

Don Antonio, el virrey, dudó ante tal solicitud. Le preocupaba quedar a solas con tan agradable tentación, sin embargo, tanto la curiosidad de lo que la mujer pudiera contar, como la posibilidad de que los colonizadores se apropiaran de las riquezas que guardaban esas tierras, cedió ante la solicitud y dijo a su ayudantía:

– Disponed de luz y que esta mujer pase a mi tienda – Y desde el interior de su tienda ordenó con fuerte voz que pasara su traductor.

– Excelencia – con voz suave dijo Matla – no es necesario, entiendo y hablo claramente la lengua de castilla.

– Me sorprende y maravilla. ¿Pero cómo y dónde la habéis aprendido? – exclamó el virrey con tono de adulación.

Matla, que percibió claramente la impresión que causó al personaje español, caminando elegante pero sensual a la vez, le sugirió:

– Sentaos en vuestro sitial, ya que más os sorprenderá lo que tengo que comunicaros. Desde que llegaron los vuestros, con mucho trabajo y estudio logré adentrarme en los secretes de vuestro idioma hasta llegar a dominarlo. Soy cristiana y llevo con orgullo el nombre de doña Mercedes en honor de la Santa Virgen Madre de Nuestro Señor Jesucristo. En beneficio de mi gente y para el futuro de este lugar que os ha encantado. Hace dos noches tuve una visión en sueños –

Don Antonio se ubicó en su sitial, se acercó una jarra y un vaso de vino y se dispuso a escuchar atentamente a doña Mercedes.

Al llegar a esta parte del relato, la indígena Mercedes, antigua Matla, como por arte de magia, o por los efectos que el vino y la excitación causaban en el virrey, cambió de aspecto; sus rasgos indígenas se suavizaron, tornando el aspecto de castellana e indígena, convirtiéndose en una bella dama como las castellanas, de unos cuarenta años.

– ¿Pero qué es lo que estoy viendo? ¡Debe ser un sueño! – con asombro exclamó el virrey – Vos tenéis el aspecto parecidísimo a las mujeres de mi familia –

Doña Mercedes o la habilísima Matla, consciente del dominio que poco a poco iba teniendo sobre los deseos del virrey, aprovechó la oportunidad y le dijo:

– No os sorprenda Excelentísimo Señor, si vos queréis dentro de menos de una centuria de vuestros años, gente como me veis, poblará esta tierra, ya que en los sueños que tuve eso vi, y también vi enormes templos de magnificencia que no puedo describir, sobre todo uno muy grande, que llegará hasta el mismo cielo, y que dará fama a este lugar en el mundo entero, será el santuario de la imagen de un Santo Cristo milagrosísimo, que aliviará dolores y concederá favores a multitudes de gentes. Se levantarán palacios y edificios, que orgullo serán de sus constructores y habitantes; edificios muy hermosos de canteras de rosa que formarán como un jardín. Pero lo que más llamó mi atención, fue que vi muchas escuelas donde entre los estudiantes bullían muchas inquietudes e ideales llenos de sabiduría que cambiarán los modos de gobierno que se darán más adelante. Vi muchos, pero muchos hombres sabios, que con sus conocimientos iluminarán por muchos años, en las ciencias y artes, hombres nacidos en estas tierras. Pero entre todos esos hombres nacidos aquí, vi a uno que sobresalía de todos, él será como una antorcha que iluminará no solamente a esta Nueva España, sino que su luz llegará más lejos y formará parte de los hombres que harán una tierra más justa y generosa, ese hombre hará estremecer el corazón mismo de esta tierra que estáis pisando, su nombre lo tomará este lugar que permanecerá a través de los siglos. Todo eso será solamente si vos fundáis una villa en este sitio –

Totalmente anonadado y exaltado por la mujer matzaltzinga, le dijo:

– Me deja sin aliento y sin nada que decir lo que me habéis contado, y estad segura Doña Mercedes, que firmaré en este mismo momento una “Provisión” donde ordeno que se funde una villa en este mismo lugar con el nombre de Valladolid –

Sin esperar respuesta el Virrey tomó pergamino, pluma y tinta, y después de escribir, firmarlo y enrollarlo lo guardó en sus vestiduras, sin decir nada.

La india Matla, utilizando sus habilidades femeninas, fue apagando una a una las luces de la tienda del virrey al tiempo que iba despojándose de sus atuendos. El virrey totalmente alterado por el vino y excitado por la tentadora imagen de la india, se postró un su lecho y se dispuso a aprovechar la noche en compañía de Matla, perdió la conciencia quedándose dormido sin decir nada. Matla salió de la tienda y dirigiéndose a los guardias les dijo:

– Nuestro Virrey se encuentra en su lecho cansado por el viaje y por la conversación que tuvimos, quedó dormido, dejadlo en paz para que descanse debidamente –

A la mañana siguiente, el señor virrey al momento mismo de despertar exigió la presencia de sus secretarios y asistentes.

– Señores anoche tuve rarísimo sueño – ¿De qué se trata? explique vuestra excelencia –

– De la mujer con la que anoche conversaba, soñé que yo ordenaba la fundación de una villa aquí. ¿Pero qué es esto que guardo dentro de mis vestiduras?, no puede ser, es la provisión que creí firmar en sueño; ¡Entonces es realidad lo que conversé con esa dama! –

– Señor, la indígena salió diciendo que estabais cansado y así fue en realidad – Esbozando algunos una leve sonrisa imaginando la noche que pasó el señor virrey.

Valle de Guayangareo. Google images
Valle de Guayangareo. Google images

El virrey poniéndose de pie exclamó:

– Una persona que representa a su majestad el rey no puede firmar en falso. Que los heraldos convoquen a los habitantes del lugar, y en Bando Solemne proclamen que, Yo, el Virrey firmé “Provisión” para que en este lugar llamado Guayangareo se funde la villa de Valladolid, y de inmediato mandaré un propio a España para solicitar a su majestad Cédula Real, para que nos conceda el permiso de dicha fundación. ¡Dios guarde al Rey, a los moradores de este lugar, y por siempre a este hermoso sitio!

Yo el Virrey y Gobernador de la Nueva España y presidente de Nuestra Audiencia y Cancillería Real.

¡DON ANTONIO DE MENDOZA ¡

 

Hasta aquí la narración de los antiguos “perros de agua” a cerca de la fundación de la Nueva Valladolid, ahora la ciudad de Morelia en el estado de Michoacán.


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