SEMINARIO TRIDENTINO DE MORELIA. CIMIENTOS DE MI FORMACIÓN (3ª parte). Autor: El Adobero

Seminario Diocesano de Morelia

– Nunca pasarán una navidad tan viva como la que pasarán en el seminario…


La experiencia me ha enseñado que el carácter y los cimientos del ser humano se construyen en la segunda infancia y en la adolescencia. Cuando se vive con mayores dudas y temores y vemos cómo va cambiando nuestro cuerpo y nuestra mente.

En este artículo sigo compartiendo con ustedes las anécdotas que han cimentado y construido mi formación en el Seminario, entonces Tridentino, de Morelia.


LA LEVANTADA:

Seminario Menor de Morelia
Seminario Menor de Morelia

Algo que creo influyó mucho en el desarrollo de mi carácter y que ha permanecido en mí hasta estos días fue la hora de levantarse. Entre semana, a las 5:30 de la mañana y el domingo que era el único día en que nos daban oportunidad de levantarnos “tarde” era a las 7:00 de la mañana. Para ello, el señor Vicerrector  en un principio, salía de su cuarto y se paraba en el arco principal del patio para tomar la cuerda que hacía sonar la campana para que todo mundo se pusiera en acción.

Yo nunca sufrí gran cosa con este horario, dado que en mi pueblo yo me levantaba casi a esa hora, incluyendo los domingos, porque cantaba la misa de 6:00 de la mañana. A eso se debió que casi siempre yo era el primero en levantarme, correr al baño, bañarme rápidamente, casi siempre con agua fría, y formarme en mi lugar para las filas del camino a la capilla.

El padre Vicerrector al ver esa situación un día me dijo: – nunca tardas en levantarte, de hoy en adelante tú serás el responsable de tocar la campana para que todos los demás se levanten- yo acepté gustosamente porque, dada mi poca humildad, me gustaba sobresalir en muchas cosas.

A partir de esa fecha, uno de mis gustos preferidos ha sido el de levantar gente temprano. Resulta que una ocasión mi reloj se descompuso y yo me puse muy nervioso, me decía – ¿y ahora como le voy a hacer para la levantada?- pues ni modo, de repente me decidí, después de una cabeceada, y me levanté rápidamente a tocar la campana sin estar seguro de la hora, tomé la cuerda y jalé con muchas fuerzas y toqué la campana varias veces. Todo mundo se levantó con mucho trabajo y se fue preparando para las filas. Solamente un compañero me dijo: – Ahora si te azotaste “gato”, son las tres de la mañana – ¡Ay en la madre! y ahora… Todo mundo formado y el último en llegar fue el señor Vicerrector… tranquilamente dijo: – regresen a dormir otro rato, esta levantada se la deben a Pío – Más de alguno me hizo la señal de recuerdo a mi mamá al ir pasando de regreso al dormitorio. Lo peor fue que también levanté a los seminaristas del seminario mayor, los cuales al escuchar mis campanadas pensaron que su campanero se había quedado dormido y también se levantaron rápidamente. Entonces las mentadas fueron “mayores”. El padre no me dijo nada, solamente al otro día me prestó un despertador, de esos grandotes, y me dijo – solamente no se te olvide darle cuerda”gato” – Y así continué con mi vocación de campanero mañanero.

LA PRIMERA NAVIDAD:

La primera y única navidad que pasé en el seminario fue muy especial, aunque para nada demerita las navidades que pasé en mi pueblo con mi familia y mis amigos. Sin embargo, tal como nos lo dijo el Padre Peña, – Nunca pasarán una navidad tan viva como la que pasarán en el seminario…, y ésta fue grandiosa.

Fue la única porque después del primer año, en que sí pasamos la navidad en la comunidad del seminario, nos mandaron a pasar las vacaciones de navidad en familia.

Todo el seminario se adornaba con motivos navideños, la mayoría traídos de la sierra, piñas de pino, ramas, flores de nochebuena, muchos adornos hechos por los compañeros que iban más adelantados. Recuerdo en especial a un compañero que iba uno o dos años delante de nosotros que era un magnifico dibujante y pintor, me parece recordar solamente su apellido “Arévalo”. Él dibujaba muchos póster pendones y grandes mantas con motivos navideños.

Se organizaban las posadas tradicionales de las que a cada uno de los grupos les tocaba una, en total éramos seis grupos, ya que los del primer año se dividían en dos, los grandes y los chicos, una de los padres celadores, otra del señor obispo y, si mi memoria no me falla, otra de los bienhechores.

Los villancicos los ensayábamos baja la batuta del Padre Salvador Delgado y en el órgano el Padre Juan Berber. En esos primeros ensayos fue donde los padres me escogieron para formar parte del coro del seminario y posteriormente fui el “solistilla” como me decía el Padre Berber.

Muy entusiasmado con los villancicos donde además de los ensayos de la misa solemne para la noche de Navidad ensayábamos el Aleluya del maestro Miguel Bernal Jiménez en el que me encantaba sobresalir con las notas agudas del grandioso final y yo, como no era nada humilde, hasta respiraba más fuerte para que no se me fuera a salir alguna nota desafinada. Recuerdo muy bien que en esos primeros ensayos se aparecía frecuentemente un personaje muy alto, amigo de los padres, que no era seminarista, pero que convivía mucho con los padres y maestros del seminario. Posteriormente este personaje fue nuestro maestro de música en la secundaria, el maestro Tarsicio Medina Reséndiz, cuya historia me encantaría investigar y compartir con ustedes en otro artículo.

Conservatorio de las Rosas
Conservatorio de las Rosas

Este maestro Tarsicio junto con el Padre Juan Berber en alguna ocasión, en que el solista de los niños cantores de Morelia se había enfermado, me llevó para suplirlo en unas ceremonias en el templo de “Las Rosas” que era la sede de este coro, en la temporada navideña del siguiente año.

Regresando a la narrativa de la navidad en el seminario, las posadas eran muy alegres, con mucha carga emotiva del significado de la navidad, con juegos, aguinaldos, piñatas. Hasta las cenas en algunas ocasiones eran especiales, atolito de chocolate, tacos dorados, algunas veces tamales, lo que no era normal en nuestra dieta, bastante ligera a mi entender. A muchos de los recién ingresados se nos hacían frecuentemente nudos en la garganta al recordar la navidad en nuestras familias, pero poco a poco nos fuimos abriendo a la nueva forma de celebrar la navidad.

Recuerdo en especial cómo el Vicerrector, el Padre Antonio Álvarez, nos llamaba en especial la atención a los seminaristas que éramos de mi pueblo Salvatierra, nos decía – esos de Salvatierra, ¡cómanse también las cáscaras! y no las tiren por todos lados…, por el desperdicio que dejábamos de los ricos cacahuates de nuestro pueblo por todos los pasillos, hasta hoy los cacahuates más ricos del mundo: los cacahuates horneados de Salvatierra.

 

Y que llegan los Reyes
Y que llegan los Reyes

Para cerrar con broche de oro, la noche de reyes. Yo, a mis recién cumplidos doce años de edad, solamente me sonreía, pareciendo inocente, de la fe en los reyes magos. Estaba seguro que al seminario para nada que llegarían los reyes, si se habían quedado en nuestros pueblos… Esa noche nos formamos en la fila para ir a los dormitorios y, al despedirnos el Padre Vicerrector nos insistió mucho en que cepilláramos bien nuestros zapatos. No le prestamos mayor importancia a su insistencia… Y cuál va siendo nuestra sorpresa, sobre todo de los alumnos de primero del grupo de los chicos, que cuando despertamos descubrimos juguetes y dulces en todos los zapatos del dormitorio, sobre todo pelotas de futbol. Sí habían llegado los Santos Reyes y ni cuenta nos dimos. Desde entonces nunca he dejado de creer en ellos y hasta la fecha, algunas veces con mi ayuda, siempre llegan los Santos Reyes a mi hogar…

 

 

CONTINUARÁ…


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¡Hasta el próximo adobe!

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2 Thoughts to “SEMINARIO TRIDENTINO DE MORELIA. CIMIENTOS DE MI FORMACIÓN (3ª parte). Autor: El Adobero”

  1. Anónimo

    Reí muchísimo con la despertada de las 3am!

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