TEZCATLIPOCA. ESPEJO DEL FUTURO. Autor: Mario Calderón

Espejo del Futuro

Otro día, cuando estaba leyendo en el jardín, llegó mi hija diciendo a lo mejor me voy a morir ¿Por qué dices eso? Porque me hice una lectura, vi una cruz, y en ella estaba mi cara. Y como tú dices que una cruz puede significar muerte pues… Enséñamela….


Desde niño, con interés por la literatura, descubrí que el mundo es un cuento narrado con doble lenguaje, uno, el de la realidad primigenia y otro, el que va escribiendo el hombre con sus acciones. Descubrí, además, de manera solitaria, que este relato posee una historia y un discurso que pueden también leerse. Divagué, trabajé e investigué hasta que luego de muchos ejercicios de lectura determiné las claves para leer las páginas del mundo. Son estas:

1) Deberemos leer centrándonos en alguna persona aunque el lector funcionará siempre como el sujeto beneficiado y el individuo a quien se lee, o sobre quien se interpreta, será el objeto de la lectura.

2) Lo que se encuentra atrás del hombre a quien se lee pertenece al pasado, lo que vemos inmediatamente enfrente es el presente y lo que se halla delante corresponde al futuro.

3) El lugar representa el tiempo, por tanto, un espacio donde cabe una persona equivale a un año o un ciclo.

4) Las personas u objetos que se hallan a la derecha del ser a quien se lee revisten la mayor importancia para él. En cambio, lo que se halla a su izquierda será de menor importancia.

5) El contorno de un individuo, constituido por personas y objetos corresponde a su medio social; todas las cosas que nos rodean adquieren categoría de símbolos para la macro-realidad.

6) Esta obra narrativa, el mundo, se halla escrita con cuatro lenguajes literarios: el denotativo, el simbólico, el pictórico o pictográfico y el de referencia o proyección personal. El lenguaje denotativo se advierte, por ejemplo, si atrás de una persona vemos a un niño, un anciano o alguna mujer, eso significa que hubo un niño, un viejo o una mujer muy importantes para él en la época, según a la distancia que se encuentre. Inclusive se puede describir físicamente a esos sujetos del contorno y comprobaremos que las personas a quienes describimos son absolutamente equivalentes a las que existieron en su pasado. Si ríen, aquella gente de otra época, reía y era alegre; si lloran, aquellas personas sufrían; si se frotan los ojos, aquellas personas padecían entonces problemas visuales.

Lenguaje Simbólico
Lenguaje Simbólico

El lenguaje simbólico se construye y descifra con base en las analogías: una piedra es símbolo de obstáculo; una abertura, símbolo de separación; una flor, símbolo de éxito; comida, símbolo de dinero; una botella, símbolo de alcohol; un perro, según su actitud, símbolo de agresión o fidelidad; un piso brillante, símbolo de vida elegante; un piso con altibajos, símbolo de vida que fluctúa; un hoyo, símbolo de crisis; una estrella, símbolo de éxito, etc.

Lenguaje Pictórico
Lenguaje Pictórico

El lenguaje pictórico o pictográfico consta de dibujos, fotografías o cualquier imagen que se observe en libros, periódicos, revistas o que se vea en agua, asientos de café o cualquier superficie refractante. Al lenguaje de referencia o de proyección personal se acude como última opción para relacionar cualquier detalle con experiencias propias del descifrador .Este tipo de lenguaje se asemeja a la proyección del psicoanalista en el paciente y es como un elemento creativo del Big Bang. Cualquier nombre de persona o figura que pareciera difícil de leer, se interpretará de acuerdo a la experiencia propia del lector, por ejemplo, un nombre o un apellido simbolizará para la persona a quien lee, la concepción que el intérprete tenga de alguien que haya conocido con ese nombre; el lector o intérprete se proyecta en su lectura, porque él es el verdadero destinatario del mensaje deducido. Esta clase de lenguaje implica creatividad, la del interpretador que se proyecta en la realidad o el mundo de la persona a quien se lee el entorno, es un comodín físico, equivale a “La partícula de Dios” descubierta el 2012 por la física.

7) No se hará caso a la intuición porque ésta obstruye la interpretación que debe ser mecánica y sistemática, producto de la reflexión y las regularidades.

Ahora, después de muchos ejercicios de interpretación, sabía realizar lecturas con seguridad. Inclusive me había atrevido a presentarme a un experimento en la Universidad Autónoma de Puebla, tanto en la Facultad de Psicología como en la de Física y en la de Filosofía, donde me desempeñaba como profesor. Me habían extendido una constancia donde se daba fe del cien por ciento de aciertos. Podía practicar mis propias lecturas. Para realizarlas, debía olvidarme de intuición, ilusiones y pretensiones para ser objetivo.

Una lectura es como la fotografía de un instante. Frecuentemente obtenía retratos o radiografías tanto del pasado como del futuro. Sabía bien que esta capacidad no es producto de ningún don o cualidad extrasensorial, sino producto de la observación y la experimentación y por eso este hallazgo personal es susceptible de enseñarse y de aprenderse. La evidencia de esta afirmación es que todos los miembros de mi familia sabían ya leer e interpretar el contorno.

¿A qué se debe que pueda suceder este fenómeno? Indudablemente a que el mundo es una obra narrativa perfecta, un cuento donde todos los actos tienen ilación y son coherentes, no existen indicios o motivos ciegos. Me había practicado a mí mismo una lectura y para el futuro había visto en una revista un avión a una distancia de seis meses volando sobre una ciudad. Esta imagen con seguridad significaba un viaje.

II

Escribí un artículo sobre el cuento “El cenzontle y la vereda” de Francisco Rojas González argumentando que pertenece al realismo mágico porque en esta tendencia se inscriben las novelas o los cuentos donde se narran historias que sólo parecen mágicas, pero que no lo son. Lo envié a un congreso donde se trataban los temas de narrativa fantástica, realismo maravilloso y realismo mágico. El evento se realizaría en Basilea, Suiza.

Envié la ponencia con la intención extra de aprovechar el congreso para viajar y conocer esa ciudad y otras de Europa, ya que la universidad donde me desempeñaba como profesor investigador, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, pagaba un viaje anual a los profesores miembros del Padrón de investigadores que asistieran como ponentes a cualquier congreso en el mundo.

Catedral de Notre Dame
Catedral de Notre Dame

Mi hija, que por aquellos días cumpliría quince años, se acercó y me dijo yo no quiero que me organices fiesta de quince años, no me interesa, prefiero viajar a algún lugar. Sí, voy a celebrar tu cumpleaños llevándote a un viaje. Mandé por Internet mi propuesta de ponencia a un congreso a Europa. Si me la aceptan, te prometo que vamos a celebrar tus quince años en la catedral de Notre Dame.

Tezcatlipoca
Tezcatlipoca

Yo, como acostumbro siempre, un día sentado en las gradas de la entrada de mi casa, analicé de nuevo el piso, las losetas refractantes donde se forman, si buscamos, imágenes claras de lo que acontecerá en el futuro. Descubrí que este fenómeno, que todos podemos apreciar si lo intentamos, equivale a lo que los primeros mexicanos llamaron Tezcatlipoca, el señor del destino o “el espejo humeante” que corresponde a la bola de cristal de Europa.

En esa superficie vi otra vez la figura de un avión con dirección al norte. Lo vi pero no pude explicarme la imagen. No la relacioné con el viaje a Europa pues no sabía que de México los aviones que se dirigen a París vuelan primero rumbo a Nueva York y que, al llegar a ese punto, viran hacia el oriente para aterrizar en París. A los pocos días me dijo mi hija: papá, falta poco para el congreso y no te han contestado. Yo creo que ya no vamos a ir. Voy a enviar un correo a los organizadores para salir de dudas, le respondí. Lo mandé y me contestaron que sí, que ya se me había programado para el veintitrés de septiembre a las cinco de la tarde. Lo comuniqué a mi hija, a mi hijo y a mi mujer.

Otro día, cuando estaba leyendo en el jardín, llegó mi hija diciendo a lo mejor me voy a morir ¿Por qué dices eso? Porque me hice una lectura, vi una cruz, y en ella estaba mi cara. Y como tú dices que una cruz puede significar muerte pues… Enséñamela.

Fuimos a su recámara. Se sentó en un banquito y me mostró una loseta frente a ella. Observé con cuidado y efectivamente vi un rostro delicado de mujer sobre una cruz. Pensé lo peor, que mi hija podría tener razón, pero le contesté no hija, supongo que así está la Virgen de Notre Dame, no te preocupes, dije, aunque en el fondo yo también empecé a preocuparme.

Torre Eiffel
Torre Eiffel

Se llegó el día del viaje. Mi familia abordó el avión y arriba pude comprobar que evidentemente yo había visto con antelación el avión dirigiéndose al norte y que al llegar aproximadamente a Nueva York, dibujó imaginariamente una línea perpendicular para llegar a París. Ya en la ciudad, abordamos el metro hasta la estación Plaza de la República donde un amigo nos había recomendado un hotel. Nos dimos cuenta de que conducirnos por París, acostumbrados a vivir y transitar por la ciudad de México, resulta muy sencillo. Nos impresionó, al verla, la torre Eiffel por tanto que la historia del arte habla de ella. Todas las plazas, especialmente la de la Concordia parecían estampas de un libro abierto que ahora leíamos con la sensibilidad y podía llegar a nuestro cerebro y a la emotividad toda la historia plasmada en aquellos espacios y edificios.

 

 

La Virgen de Notre Dame
La Virgen de Notre Dame

Nos habíamos alejado de México igual que de un bosque y lejos de él, por fin advertimos cómo es en realidad México. Fuimos a Notre Dame. Había una tela blanca, algo así como un telón cubriendo el altar. Conocimos la ciudad y supimos que muchos sitios de México habían sido imitados de esa urbe que sirvió como modelo. En algo se nos derrumbó la consistencia de la ciudad de México. Pasamos otro día por Notre Dame y, al vislumbrar el altar, nos sorprendimos porque encontramos en nuestra dimensión una virgen de facciones delicadas sobre una cruz al centro del propio altar, el rostro que hacía muy poco tiempo habíamos visto sólo reflejado en una loseta del piso de nuestra casa. Los parisinos que asistían en ese momento a una ceremonia de misa no se comportaron como los mexicanos que, de manera indiferente, ven a los turistas que entran y salen a la catedral de la ciudad de México, sino que intolerantes por ver turistas interrumpiendo sólo con su presencia la ceremonia, nos invitaron a que tomáramos un lugar y participáramos también de su celebración religiosa.

En algún supermercado, el dueño, un paquistaní, preguntó que si yo también lo era. Quizá por mi aspecto cobrizo y mi ritmo ceremonioso al caminar. Mi hijo dijo que no y él agregó no, tú no, pero él, señalándome a mí, sí lo es.

Al día siguiente volamos a Basilea. Vimos el discurso contenido en la ciudad demasiado preciso, ya denotativo por el orden, la elegancia y el nivel alto de condiciones de vida. ¡Eso era el primer mundo! ¿Es eso lo deseable para el mundo? Pensamos que la alegría de la vida, el presente vital, la multiplicidad de colores, sabores y significados se observa en Latinoamérica, en la novela del tercer mundo.

Basilea
Basilea

A la orilla del Rhin oímos el frío de aquel septiembre que nunca íbamos a olvidar. Expuse mi ponencia en español sobre el cuento “El cenzontle y la vereda” que la editorial Fondo de Cultura Económica olvidó anotar en el índice del libro El Diosero. En él se dio un enfrentamiento entre dos culturas, la de fe de los indígenas chinantecos contra la de razón de los antropólogos que andaban tejiendo ciencia en Ixtlán de Juárez (lugar de Ixtle para remendar) pero se hizo un nudo, el de Cempoaltépetl, el de los veinte cerros porque las dos culturas chocaron, sin embargo, las dos culturas funcionan perfectamente con su lógica pues en el cuento, un antropólogo, Rojas González, regala cápsulas de quinina a los indígenas para que las ingieran como medicina contra el paludismo; pero ellos, con su fe, se los cuelgan como cuentas de collar para que el mal no se les acerque y de esa manera obtienen los efectos y su curación. Se materializó o encarnó la idea, se dio un caso de sugestión, pero el cuento no es fantástico ya que nunca se rompieron las leyes físicas, no sucedió lo sobrenatural. El cuento pertenece al realismo mágico debido a que únicamente suceden acciones que parecen mágicas, pero no lo son. Siempre se describió la realidad. Igual que en la página de nuestra experiencia, nunca se rompió el orden natural sencillamente porque nosotros somos personas comunes que únicamente tuvimos la oportunidad de comprobar que las imágenes que se forman en nuestro entorno realmente tienen un valor y un significado que toda la gente debe reconocer y admitir.

Al finalizar mi exposición, tuve la oportunidad de leer con éxito el entorno de varios colegas españoles y mexicanos que han oído hablar de este mi método de lectura de las páginas del libro del mundo.

Una noche regresamos a la capital azteca. Desde las alturas, la ciudad se apreciaba igual a un enorme espejo de partículas de vidrio, espejos refractantes. Al final vimos de cerca la ciudad de México y me identifiqué con ella, éramos como una parvada de pájaros que sabe que ahí se encuentra su nido.


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