LA CASA DEL FALDÓN. MEMORIAS DE UN “PERRO DE AGUA” Autor: El Adobero

Casa del Faldón fines siglo XIX

En la esquina que da al templo, Don Fadrique construyó en lo alto una terraza que le servía de mirador, desde donde aquel enamorado de la ciudad todas las tardes divisaba los paisajes, sus hermosas cúpulas y torres de los templos, sus fértiles y arboladas huertas y, algo que ha caracterizado a este valle, los más hermosos crepúsculos en los limpios cielos de Querétaro…


Con la libertad que se tomaron los antiguos escribanos, armados de una pluma, un papel y un chorro de tinta, de lo que solamente los que probaron las leches de la cultura, podían usar; este Adobero se toma la misma libertad, aunque sus armas sean menos sofisticadas, y la leche solamente con la que le amamantó su madre, ahora un teclado, una computadora común y corriente y un poco de imaginación; procederá a contarles una leyenda de este pueblo en la fantasía de la narración de un “perro de agua”, tal y como cree que fue la realidad.


LA VERDAD O LA OTRA LEYENDA

Los pájaros que habitaron estas tierras desde endenantes de la llegada de los hombres pálidos, peludos y apestosos, fueron mis antecesores y han visto correr la historia desde un principio y la registraron en sus tradiciones de generación en generación.

Referiré mi narración a las fechas del calendario de los que ahora llaman colonizadores. Todo inicia por lo que registraron en el año de 1531, desde la famosa fundación que narramos en el capítulo anterior. Muchos nativos fueron desplazados a diferentes lugares de este valle. Fue así que uno de los barrios en que se segregó el nuevo poblado fue el barrio de “La Otra Banda”, en el que algunos de los que no calificaron para ser llamados a las casonas de los nuevos dueños para trabajar como criados se asentaron al norte del Río que cruzaba el valle, el ahora llamado Río Querétaro.

Muchos de estos nativos eran muy buenos para cultivar la tierra y en ese barrio se encontraban muchos solares con tierras fértiles que sirvieron para crear grandes huertas de árboles frutales. Fue por el año de 1590 cuando uno de los descendientes del indio ladino llamado Conni, Diego de Tapia, aprovechó la técnica que usaban estos indios para el regado de las huertas de “La Otra Banda” y a la altura de lo que ahora es la calle Juárez hizo varias sangrías al cauce del río para construir un gran sistema de acequias que distribuían el agua a las diferentes casonas de los españoles así como algunas huertas del sur y poniente del naciente poblado.

Algunos otros eran albañiles y peones de obra que se caracterizaban por su habilidad para las construcciones y ornamentaciones de argamasa y piedra y que trabajaron durante muchos años en la construcción de la ciudad.

A principios del siglo XVII se reconocieron los barrios otomíes de “la otra banda” de San Roque y San Sebastián. Y durante todo ese siglo se continuó con la construcción del poblado hasta alcanzar ya dimensiones de ciudad.

Fue por el año de 1718 que se dedicó a San Sebastián el templo franciscano que había sido construido en el barrio de la otra banda.

En otra zona de la ciudad, en el año de 1726 se inició la construcción se una gran caño elevado para traer agua potable a la ciudad, por Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, al que llamaban Marqués de la Villa del Villar del Águila y que tenía fama de ser buena persona, tanto que por las mismas fechas, por el año de 1730, se dio a la tarea de la construcción de un puente sobre el río, que sirviera para mejorar las condiciones de los pobladores del Barrio de San Sebastián en la otra banda para el movimiento de las cosechas de sus huertos y tierras de cultivo, así como asegurar la conexión del barrio con la ciudad durante todo el año, ya que en tiempo de lluvias en la zona de las montañas del oriente se cortaba totalmente la comunicación hacia este barrio.

Por el año de 1760 gobernaba la ciudad un descendiente del indio Conni, al que llamaban Don Pablo de Tapia, indígena apoderado de las grandes herencias de la parentela, que tenía un carácter autoritario y prepotente que creía que podía hacer y deshacer a su antojo en estas tierras. Hombre entrado en años, rico y reconocido por la sociedad y el clero queretano, que frecuentemente entraba en conflicto con los españoles peninsulares y criollos por sus arrebatos y actitudes arbitrarias.

Las Casas Reales. M. I. Ayuntamiento de Querétaro
Las Casas Reales. M. I. Ayuntamiento de Querétaro

Don Fadrique de Cázares y Puente, hombre rico español, regidor del M. I. Ayuntamiento de la ciudad, avecindado en una de las casonas que estaban sobre el camino real, de muy extensa cultura y patrocinador de la escuela de artes y oficios que tenían los frailes franciscanos en el templo de San Sebastián en el barrio de “otra banda” y que se había mantenido viudo desde la muerte de su esposa hacía ya diez años.

En el barrio de la “otra banda” vivía Mariana Francisca, joven mestiza, hija de padre español y madre indígena, de una radiante y fresca belleza, grácil y tentadora figura que despertaba los buenos sentimientos de Don Fadrique y los bajos instintos de Don Pablo. Éste pretendía a toda costa hacer suya a la joven mestiza, abusando de su autoridad y argumentando derechos de uso sobre las cosas y personas indígenas de este lugar. Sin embargo la joven Mariana Francisca no correspondía para nada los deseos del alcalde y se mostraba enojada y huraña ante las insinuaciones de Don Pablo.

Esto avivaba cada vez más los deseos del viejo y más al enterarse que los padres de la joven Mariana Francisca habían dado su permiso a Don Fadrique para cortejarla. La joven morena le correspondía con elegancia, levantando la juventud y el vigor del caballero español.

Los enamorados contrajeron nupcias por el mes de febrero de 1769 y Mariana Francisca pasó a ser la señora de Don Fadrique de Cázares y Puente, tomado posesión de la residencia de éste sobre el camino real, distinguiéndose siempre por su discreción, decencia y elegancia de una “Señora”.

Los deseos de venganza se apoderaron de Don Pablo y trató con bajas argucias de causar daño a las propiedades y hacienda de Don Fadrique. Más aún cuando se enteró que Doña Mariana Francisca estaba esperando su primer hijo. Esto vino a avivar el fuego del odio hacia Don Fadrique.

El retoño vio la luz en los primeros días del mes de diciembre de 1769 y le pusieron por nombre Mariano. Los vecinos y amistades del distinguido matrimonio expresaron sus felicitaciones llenando al nuevo queretano de múltiples regalos, pañales, mantillas, rebosos para la madre, conservas, leche y quesos para que no perdiera la calidad de la leche con que la propia madre amamantaba al pequeño.

Don Fadrique no cabía de felicidad y orgullo, por lo que sus esfuerzos cotidianos cada vez empezaban más de madrugada con el objeto de asegurar el patrimonio de su heredero y por las tardes poder asistir a las sesiones del cabildo del M. I. Ayuntamiento de la ciudad que se ubicaba en las recién estrenadas Casas Reales en el entorno de la Plaza Mayor de la ciudad, en lo que actualmente es el Palacio de la Corregidora, para desempeñar su puesto de regidor.

En las sesiones del cabildo era muy notorio el encono con que Don Pablo atacaba las propuestas y acotaciones de Don Fadrique, sin embargo, los demás miembros del cabildo guardaban silencio por temor a las represalias del alcalde. En cambio Don Fadrique haciendo gala de su gran cultura y educación con elegancia presentaba las razones y beneficios de sus propuestas por lo que muchas veces Don Pablo quedaba en silencioso ridículo.

Cada vez más iba creciendo el rencor de Don Pablo y los bajos deseos hacia Doña Mariana, los que lo hacían un hombre amargado y poco prudente.

Llegaron las fiestas de semana santa y Don Fadrique hombre por demás respetado por el pueblo y las autoridades eclesiásticas sobresalía en todas la ceremonias que se celebraban en el templo principal de San Francisco, no solo por su devoción sino también por la humildad y el recogimiento con que asistía acompañado de Doña Mariana a los oficios religiosos.

Llegó la Pascua, Pentecostés, la fiesta de la Santísima Trinidad y se acercaba la fiesta del jueves de “Corpus Christi”, que se caracterizaba por la solemne procesión del Santísimo.

Los frailes franciscanos tenían todo perfectamente organizado y habían establecido los personajes que sostendrían el palio que daría cobijo al monseñor enviado por la mitra de Michoacán, a la que pertenecía Querétaro en esos tiempos, con la custodia del Santísimo. De acuerdo a la talla de los devotos caballeros, de los más altos a los más bajos en dos filas de un total de cuatro por fila, por lo que Don Fadrique por su gran estatura iría en la primera línea del lado izquierdo y como Don Pablo había enviado a un criado negro de alta estatura en su representación a los ensayos de la procesión, a éste se le asignó el lado derecho adelante en los postes del palio.

Llegó la fecha y dio inicio la ceremonia con una misa solemne en el templo principal de la ciudad, la celebraba el sacerdote enviado en representación del obispo de Morelia con los diáconos del convento franciscano. Los cantos gregorianos de los monjes en latín, motivaban la devoción de los feligreses, a pesar de que algunos utilizaban estas ceremonias como espacio de lucimiento de su posición social, tratando siempre de colocarse al frente del templo, como si con ello Dios los fuera a escuchar antes que a los indios que generalmente estaban atrás o fuera de las paredes del templo. Éste era el caso de Don Pablo el alcalde, que enviaba a varios de sus criados desde horas antes de la ceremonia a apartar su lugar en las bancas principales del templo. En cambio Don Fadrique, como era una persona muy querida por la gente, no tenía esa necesidad, dado que no aspiraba a estar en los lugares privilegiados; sin embargo las personas mismas le cedían los lugares de adelante en reconocimiento a la calidad humana de Doña Mariana y su esposo. Estos detalles encendían en mayor grado el disgusto de Don Pablo.

En el momento del sermón del monseñor de Morelia al que pocos entendían dado que en este tipo de solemnidades el sermón se daba en latín y solamente unos pocos de los asistentes entendían, otros como Don Pablo, al querer parecer enterados, por sus esfuerzo de aparentar lo que no son, y otro tanto por los humos de las velas con que se alumbraba el templo, poco a poco iban cediendo al sopor y cabeceaban ridículamente al caer en los brazos de los demonios del sueño, siendo sujetos de calladas burlas de los feligreses que al no entender el sermón, se divertían con los ridículos de las damas y caballeros que muchas veces distraían al ministro con sonoros ronquidos, que espantaban hasta a los malos espíritus de las monjas y devotas de la vela perpetua.

Antigua Procesión con el Santísimo
Antigua Procesión con el Santísimo

Terminando la comunión se prepara la procesión solemne con el Santísimo. El ceremoniero que se encargaba de la organización de todos los pasos de la celebración y que venía acompañando al monseñor de Morelia, ordena que los caballeros que iban a acompañar cargando los postes del palio, pasaran a la sacristía para tomar sus lugares.

Con una voz fuerte y autoritaria el ceremoniero ordenó, primeramente irían los monjes con la cruz alta y los ciriales, después los acólitos con el incensario, enseguida el palio con el santísimo y atrás los demás los diáconos y las asociaciones religiosas. Pasa a organizar la formación para el palio y al ver que adelante se había colocado Don Pablo, como le tocaba por la estatura de su criado pero no por la suya, el ceremoniero que no conocía las jerarquías de la gente de este pueblo, le ordenó que pasara a tomar posesión detrás de Don Fadrique, lo que enfureció a Don Pablo. Atropelladamente pasó a la fila de la izquierda apoderándose el primer poste de la fila, tratando de desplazar a Don Fadrique detrás de él. El ceremoniero, al ver esa actitud, dio un jalón enérgico a la taleguilla de Don Pablo causando un desgarre de las costuras del faldón inferior dejándolo soportado solamente por algunas puntadas y le ordenó que tomara el lugar por detrás de Don Fadrique. Don Pablo vio una magnífica oportunidad para culpar a Don Fadrique de este hecho y disimuladamente arrancó el faldón y lo acusó airadamente de este hecho. Don Fadrique no hizo caso de las acusaciones de Don Pablo y toda la ceremonia se desarrolló en absoluta calma y devoción.

Se oyeron las voces del coro de frailes que entonaban en gregoriano: “Ecce panis angelorum, factus cibus viatorum…” y el santísimo fue llevado en procesión a los diferentes altares laterales del templo hasta culminar con la bendición del Santísimo a todos los feligreses.

Pasaron los días, y el coraje y rencor de Don Pablo creció a tal grado que inventó todo tipo de mentiras y fincó acusaciones graves a Don Fadrique, tanto de cuestiones de impuestos como de conductas indebidas de fidelidad al rey ante la Real Audiencia de la Nueva España, utilizando para ello de argucias e influencias así como falsos testigos para soportar sus acusaciones.

Después de algunos meses terminó el juicio de la Real Audiencia y ésta dictó sentencia y dictaminó que Don Fadrique debía ser desterrado de la ciudad de Querétaro, pagar los daños a la vestimenta de Don Pablo y pagar las costas del juicio.

Ubicación de la Casa del Faldón en el plano de la ciudad del año de 1790
Ubicación de la Casa del Faldón en el plano de la ciudad del año de 1790

Don Fadrique para evitar mayores conflictos y preservar la paz y tranquilidad de su familia, procedió a la construcción de una nueva residencia localizada fuera de los límites urbanos en la zona norte, del otro lado del río, en el “Barrio de la Otra Banda”., frente al templo de San Sebastián.

Esta construcción inició en el año de 1771 y terminó en el año de 1775, ocupando toda la manzana que quedaba al norte del templo, en el sitio se encontraba una Capilla Abierta dedicada a la advocación de San Sebastián donde los primeros misioneros franciscanos iniciaron su evangelización en ese barrio. Esta capilla fue redecorada y conservada como una capilla familiar dentro de la finca de Don Fadrique. El huerto al frente de la finca estaba bardeado por altos tapiales con la puerta principal dando frente al templo, los cuales fueron demolidos en unos años y el huerto fue donado a la comunidad por Don Fadrique que dando las fachadas interiores como fachadas a esa plaza donde en el año de 1778 Don Fadrique construyó una fuente pública para el servicio de agua potable a la comunidad.

Terraza de la Casa del Faldón
Terraza de la Casa del Faldón

En la esquina que da al templo, Don Fadrique construyó en lo alto una terraza que le servía de mirador, desde donde aquel enamorado de la ciudad todas las tardes divisaba los paisajes, sus hermosas cúpulas y torres de los templos, sus fértiles y arboladas huertas y, algo que ha caracterizado a este valle, los más hermosos crepúsculos en los limpios cielos de Querétaro.

Don Fadrique vivió en su casona del Faldón hasta su muerte, por el año de 1790 cuando ya los vientos libertadores de la Nueva España empezaban a soplar por estas tierras.

Vista actual de la Casa del Faldón
Vista actual de la Casa del Faldón

Hasta aquí la historia de esta Casona que ha venido siendo contada por mis ancestros los “Perros de Agua” a través de los siglos y que difiere de la contada por quienes, por los emolumentos recibidos, prestaron su pluma y saliva a los que se creyeron dueños de las haciendas, que realmente eran públicas.


LA ACTUALIDAD DE LA CASA DEL FALDÓN.

A finales del siglo XIX la finca se subdividió en varias propiedades y en la primera mitad del siglo XX, al jardín de San Sebastián se le llamó Jardín de los Niños Héroes.

Centro Cultural de la Casa del Faldón
Centro Cultural de la Casa del Faldón

La casona permaneció así hasta el año de 1990, cuando fue rescatado y restaurado por el Gobierno del Estado para ser utilizado como Centro Cultural donde hasta hace pocos años se destinó para las manifestaciones artísticas y se impartían en sus diferentes espacios disciplinas relacionadas con las bellas artes y diferentes actividades para el desarrollo comunitario del Barrio de San Sebastián y de la ciudad en general.

El Centro Cultural se compone de diferentes espacios agrupados en cinco patios interiores y en uno de ellos se adaptó un teatro abierto así como diferentes instalaciones y equipamientos para hacerlo adecuado para las actividades culturales.

Desafortunadamente en la visita realizada por este Adobero, mi percepción fue que este Centro Cultural ha sido víctima también de las reducciones presupuestarias y sus actividades e han reducido a una ínfima parte de su capacidad.

Se encuentran algunas exposiciones temporales de muestras plásticas de buena calidad, como queriendo reclamar la falta de actividad de este Centro.


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