MEMORIAS DE UN “PERRO DE AGUA”. PRÓLOGO. Autor: El Adobero

Perro de Agua

… seguro estoy, que estas aves habitan en todo nuestro México y que también tendrán historias que contar de lo vivido y visto a través de los siglos en diferentes lugares de nuestra patria…


Laurel de la India. En Corregidora y Av. Universidad en Querétaro
Laurel de la India. En Corregidora y Av. Universidad en Querétaro

A mediados del siglo pasado, en la calle de Avenida del Río esquina con la Avenida Corregidora Norte de la ciudad de Santiago de Querétaro, existía un gran laurel de la india, extraordinariamente hermoso por su gran tamaño y abundante follaje, dentro del cual habitaban muchas aves de diferentes especies, entre ellas una familia de “perros de agua” que se alimentaban de los peces que habitaban en los múltiples cuerpos de agua que había en el entorno de la ciudad y en alguno remansos del Río Querétaro.

Aún en estas fechas, en los grandes árboles que se han salvado de la cruel deforestación urbana, en la calle llamada ahora Avenida Universidad, subsisten familias de estas aves que en muchas ocasiones lanzan sus pescados a los transeúntes en señal de protesta por la destrucción de su hábitat.

Estas aves han sido testigos vivientes, no tan mudos, de la historia de la ciudad a través de los siglos, por lo que este Adobero compartirá con ustedes algunas historias, mezclas de fantasía y tradición, enriqueciendo y en otros casos contradiciendo las historias que conocemos y que fueron mandadas a hacer por los dueños del poder en cada tiempo y momento, traduciendo lo que estos pájaros han visto de los hechos y sucesos de esta ciudad.

Así mismo, seguro estoy, que estas aves habitan en todo nuestro México y que también tendrán historias que contar de lo vivido y visto a través de los siglos en diferentes lugares de nuestra patria. Por lo que en algunas ocasiones les compartiré también historias de esos lugares de este México Mágico.


PROLOGO

Vida en comunidad
Vida en comunidad

Mis antepasados, también aves de agua, que vivían en paz con los habitantes humanos de este valle y que se alimentaban en armonía, ambos respetando a todas las especies que vivían en esta región, aprovechando las aguas que, del cielo y de la tierra, se nos daban para nuestra vida, vieron cómo en un pequeño poblado de indios nativos de este valle se vivía en comunidad y se compartía todo lo que era necesario para vivir, alimentos, viviendas, familias, animales domesticados, aves canoras, semillas, carne de caza, y todo lo que las pequeñas comunidades necesitaban para su subsistencia.

Estas pequeñas comunidades convivían entre sí compartiendo mediante el trueque las diferentes mercancías que producían en el valle y, en sí, integraban una pequeña nación independiente de las otras naciones vecinas.

De naturaleza pacífica, pero bravos y guerreros para defender sus tierras y sus comunidades, se caracterizaban por ser menudos y ágiles peleadores frente a los múltiples asechos de pueblos de vocación meramente guerrera y con hambre de conquistas, como los habitantes de las tierras altas, cerca de los grandes volcanes, que se integraban en grandes ciudades. Estos guerreros sí eran de gran talla y fortaleza, como los que actualmente se encuentran retratados en unas figuras metálicas colocadas, una a un lado del templo principal de la ciudad y la otra gran cerca de una gran arboleda al sur del pueblo, preparados exclusivamente para la conquista y sometimiento de los pueblos vecinos a sus dominios. Estas figuras para nada corresponden a los pobladores originales de este valle.

Tlachco
Tlachco

Cerca de este valle, siguiendo el trayecto de las aguas del arroyo hacia arriba, se encuentran una zona enmarcada por grandes peñascos a lo que llaman Tlachco, en esos peñascos se encontraban varias cuevas donde habitaban los indios de esa tierra y una zona donde jugaban con una bola de cuero de animales de caza a la que llamaban “Andamaxei”.

Los aldeanos pobladores de este valle y sus vecinos hacia las cañadas al oriente de la ciudad repentinamente fueron visitados por unos comerciantes provenientes de tierras lejanas del sur, encabezados por un indígena muy hablador y mentiroso como las serpientes venenosas, que les traían mercancías de otros lugares, plumas de muchos colores de aves de sus tierras, pieles de animales manchados, piedras y semillas negras que utilizaban como monedas de cambio, telas y ropajes vistosos y muchas cosas brillantes que servían para encandilar a las mujeres.

Estos mercaderes, indios ladinos, poco a poco fueron cambiando su forma de hablar y de vestir, al paso de los meses ya no usaban el taparrabos ni los penachos de su indumentaria original sino que ahora vestían, los esclavos del indio principal al que llamaban Conni, con calzón y camisa de manta y el jefe con pantalón y sandalias de cuero.

Los conquistadores en Tenochtitlan
Los conquistadores en Tenochtitlan

Escuché a algunos de estos mercaderes platicar que al valle alto habían llegado unos caballeros barbados y de piel blanca montados en monstruosos corceles que los hacían inalcanzables para la pelea cuerpo a cuerpo, que después de muchas peleas habían derrotado al ejército de esas tierras tomado como prisionero al último de sus jefes, a quien llamaban Cuauhtémoc, y que habían destruido los principales templos y edificios del gran poblado.

Acompañando a los hombres barbados venían unos hombres vestidos con grandes túnicas obscuras y pardas, amarradas con cordones de hilos blancos por la cintura, de suave hablar y enarbolando unas varas que en la punta tenían una vara más corta en forma cruzada y que amenazaban a los indios de que no debían seguir dando culto a sus dioses, que por siglos habían sido la esencia de sus creencias, sino que ahora debían adorar a un solo dios al que traían clavado en la cruz de sus varas. Con sus amenazas ablandaban el corazón y las conciencias de los nativos y los convencían de adorar a su dios crucificado.

Estas amenazas las complementaban con la destrucción de los grandes templos y construcciones de las ciudades de los indios vencidos y con las mismas piedras de esos templos empezaron a construir nuevos templos para sus dioses que acompañaban a su único dios en cruz a los que llamaban santos.

Malintzin
Malintzin

También contaban que la familia del indio ladino Conni había facilitado a los invasores a una de sus medias hermanas, hija de la esposa principal, ya que Conni era hijo de una de las concubinas de uno de los señores principales de ese pueblo; a esa hija le llamaban Malintzin y ésta, además de calentarle su lecho, le servía de intérprete al gran jefe de los hombre barbados, al que llamaban Hernando, para someter a los pueblos que poco a poco iban venciendo.

Esta cercana relación con el jefe de los conquistadores le dio a Conni un puesto de suma confianza para la estrategia de la conquista de las tierras cercanas a los caminos que unía la antigua Tenochtitlán con los minerales de las tierras al norte, de lo que en el futuro sería llamado como Guanajuato y Zacatecas y la encrucijada con el camino hacia las tierras fértiles de Acámbaro y las tierras de los purépechas.

Fue así que, el indio ladino convence a Hernando Cortés para que le diera su venia para que éste se encargara de la pacificación de las tierras aledañas a esta encrucijada bajo la promesa de la propiedad de gran parte de las tierras, animales e indios que se encontraran en esos lares.

Por el conocimiento anterior que, como mercader desde Xilotepec, había adquirido de los múltiples viajes a estas tierras y el conocimiento de sus habitantes desde antes de la llegada de los conquistadores, fue recibido con la confianza que se da a los amigos. Conni abusa de esa confianza de los indios nativos de estas tierras, y, con el apoyo de los hombres vestidos con túnicas a los que llamaban frailes, que se incorporaron a la conquista desde las tierras de Michoacán y Acámbaro, los convence de convertirse a la nueva religión y, poco a poco lograr, mediante engaños y amenazas, la conquista pacífica de las tierras de Queréndaro. Para ese entonces el indio ladino ya se hacía llamar Don Fernando de Tapia como si fuera del mismo origen que sus patrones los conquistadores.

La falsa batalla del Sangremal
La falsa batalla del Sangremal

Cuentan mis ancestros, los antiguos “perros de agua”, que se simuló una batalla en un cerro al oriente del lugar de la encrucijada de los caminos, que posteriormente sería llamado el Sangremal. En esa batalla, como estaba planeado desde un inicio, fueron derrotados los indios nativos y sometidos bajo la autoridad de los nuevos dueños del valle.

En el lugar de la encrucijada de caminos se planeó el nuevo poblado. Se repartieron los solares de los indios entre los nuevos pobladores españoles. Entre esos un predio enorme para la construcción de la nueva casa de los frailes que se hacían llamar franciscanos. Por razones obvias, la mayor cantidad de tierra repartida quedó en manos del entonces llamado Fernando de Tapia, de sus familiares cercanos y de los secuaces que lo acompañaron en el gran despojo hecho a los nativos de este lugar.

Los indios sometidos, de acuerdo a su capacidad física y habilidades, fueron asignados como criados en las labores de las casas y talleres, y se les asignaron pequeños terrenos cerca de la colina del Sangremal, al que posteriormente llamaron el Barrio de la Cruz, otros menos hábiles o dóciles fueron desplazados a terrenos mucho más pequeños al sur de la colina, en lo que ahora es el Barrio de San Francisquito y se les asignaros tareas como peones o esclavos tanto en las casonas, en las haciendas vecinas, así como en los nacientes talleres de la nueva ciudad.

Muchos de los indios más rijosos y rebeldes fueron alejados del poblado hacia la aldea ahora llamada Santa María Magdalena y el poblado de San José (ahora Carrillo). Los más fuertes y jóvenes así como las doncellas fueron llevados como esclavos a las tierras más fértiles y ricas, destinadas a la familia de Don Fernando de Tapia, en la zona norte oriente del valle, lo que ahora es la zona de Jurica y Juriquilla, lugar al que, por la calidad de las aguas de los pozos naturales donde el agua brotaba a flor de tierra, se le llamó “lugar de salud”.

Los antiguos “perros de agua” escuchaban a los hombres llamados frailes, que parecían los más enterados de todos los invasores, que esto sucedió, de acuerdo a su calendario entre el año de 1531 hasta los finales de ese siglo, al que después llamaron siglo dieciséis.

Esto que les cuento viene de la tradición que de generación en generación se ha transmitido por mis antepasados los “perros de agua” que, desde en den antes, han habitado en este valle.

Sirva, lo que les conté, como antecedente de las historias de las que mis congéneres, los “Perros de Agua”, han sido testigos a través de los siglos y las que les iré narrando, poco a poco, conforme lleguen a mi memoria…


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