LOS ESPÍRITUS. Autor: Salomón J. Zamudio Alfaro

Los Espíritus

Hablar del espíritu, es algo muy difícil. Sólo la intuición nos puede dar respuestas…


Un día… ante un espejo, nos damos cuenta que existimos. Este nuevo conocimiento llega a nosotros acompañado de una sensación en la boca del estómago. En ese preciso momento algo muere para nacer otra cosa distinta.

Existimos...
Existimos…

Es un momento muy especial en nuestras vidas. Por fin llegamos al punto en que nos reconocemos a nosotros mismos. A partir de ese momento, “somos”. La imagen que se refleja en el espejo es muy parecida a la infinidad de criaturas que percibimos “viviendo” como humanidad, al mismo tiempo. En ese momento, nos damos cuenta que poseemos “algo” que compartimos con el resto de nuestros semejantes. Tenemos una identidad que nos hace ser especiales, pero al mismo tiempo, intuimos “algo más” que nos identifica a todos como un solo grupo.

Una dualidad que surge de la conciencia recién adquirida, nos hace entender que somos uno y todos al mismo tiempo. Todas las preguntas se abren paso después de ese instante maravilloso. El concepto de Dios llega a nosotros de una manera arrolladora. ¿Cómo es posible, que existamos, que poseamos un cuerpo, que tengamos una mente, que nuestro pensamiento nos lleve en un instante a lugares ignotos, que seamos capaces de percibir un gran número de sensaciones que van de lo dulce a lo amargo y que llamamos sentimientos?… En fin, tantos dones y tantas herramientas que podemos llamar nuestras, no están ahí, salidas de la nada.

 

Es obvio que detrás de todo esto hay una inteligencia portentosa, una sabiduría acumulada de millones de años, y que por desconocer a sus autores, llamamos Dios.

Pues bien, ya hemos aceptado que poseemos un cuerpo físico tan perfecto, que no sabemos qué le pueda faltar. Son miles los prodigios que puede realizar el cuerpo humano, pero aún más allá de la potencialidad física que disponemos, existen ciertas conexiones supra-físicas que nos conectan con esa maravillosa entidad que le da vida y energía a la asombrosa maquina biológica. Esta entidad que tiene memoria, que posee la capacidad de experimentar, que funciona como un vínculo entre el mundo físico y el metafísico, es aún más asombrosa que nuestro cuerpo, y es capaz de realizar hazañas más sorprendentes; a esta entidad le llamamos alma.

El alma jamás descansa. Todo el tiempo desde su creación, pasando por miles de encarnaciones hasta el término de su plan de existencia, en el momento que vuelve a ser uno con su padre-madre absoluto, está en constante actividad.

Nuestro cuerpo
Nuestro cuerpo

En realidad, a pesar de la intimidad acostumbrada que nos da cada una de las vidas, en las que tenemos la oportunidad de experimentar, poco sabemos de nuestros cuerpos y los hemos subestimado todo el tiempo. En ocasiones los sentimos más como un lastre que como una herramienta. Regularmente es poco el respeto que les tenemos, y constantemente los exponemos a múltiples peligros. Algún día, dentro de nuestra larga cadena de reencarnaciones, vamos a aprender a darle a nuestro cuerpo la importancia que tiene. Algún día el alma y el cuerpo verdaderamente van a vibrar en la misma frecuencia.

Mucho se ha escrito acerca del momento, en que el alma toma posesión del cuerpo denso. Diversos autores coinciden en que el alma dispone del cuerpo desde el momento de su concepción, pero que durante los primeros seis meses, entra y sale de éste por causas hasta ahora desconocidas, como si se tratase de un periodo de acomodamiento. Son en estos momentos, diseminados a lo largo de 180 días, donde el nuevo cuerpo se va amoldando a convertirse en un ser pensante, que incluso esporádicamente, es capaz de mantener una comunicación con su madre a través del pensamiento. Según estos autores, desde el sexto mes de concebido hasta el momento de su nacimiento, el alma habita en el pequeño cuerpo definitivamente. En el momento del alumbramiento sucede algo muy asombroso, parece ser que el alma del recién nacido, aprovecha este momento para “olvidar” las experiencias adquiridas previamente, y reiniciar una nueva vida sin más memoria que lo que la madre, y posteriormente su contexto, le van transmitiendo.
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De aquí en adelante, el alma apoyada en las herramientas que le da su cuerpo actual, iniciará una nueva aventura, donde tendrá la oportunidad de vivir nuevas experiencias, así como resarcir antiguos errores, y completar ciclos que se dejaron truncos. En teoría el alma olvida, pero en la práctica de vivir, constantemente a lo largo de nuestras vidas, siempre estamos recordando. Ya sea al contemplar un objeto, un edificio, un paisaje, un retrato de alguna persona, etc., o al escuchar un sonido, una música, algún olor familiar, el roce con alguna persona, en fin, hasta en la degustación de algún alimento, son todas pistas de pequeños recuerdos de vidas anteriores. Incluso, esto puede detonar un recuerdo mayor, como por ejemplo, contemplar por pocos instantes imágenes vívidas con lugares y personajes con los cuales nos reconocemos, así como los sonidos, los olores… en fin, escenas que duran instantes pero que en nosotros se transforman en experiencias muy completas.

Lo mismo sucede, cuando estamos a punto de cometer un error, que ya hemos cometido en vidas anteriores, algo en nosotros nos avisa de alguna manera, que estamos repitiendo una acción que nos va a traer consecuencias funestas. Todos lo hemos sentido, pero en la mayoría de nosotros pueden más los egos que las advertencias de nuestra conciencia.

He aquí una de las justificaciones del eterno retorno. Por alguna razón que desconocemos, a veces es importante para nuestra alma repetir los mismos errores, hasta que por alguna causa queda marcada en nuestra conciencia la enseñanza buscada. En otras, experimenta el error con distintas variantes, obteniendo distintos resultados, para una vez cumplida la misión, iniciar otra de distinta envergadura.

Nuestra alma es como un artefacto de almacenamiento, donde a través de las innumerables vidas que experimenta, termina alguna vez por llenar. En esa ocasión al cumplir su meta, regresa al punto donde se originó para entregar su cometido y transformarse en otra entidad más excelsa y preparada para ejercer actividades en mundos superiores.

Un vínculo entre dos mundos
Un vínculo entre dos mundos

Decíamos anteriormente, que el alma es un vínculo entre dos mundos, así como poseemos cuerpo y alma, también estamos impelidos por el espíritu de Dios. Es más, en algún lugar dentro de nosotros mismos, no en el cuerpo físico, sino más adentro, después de pasar por todos los cuerpos sutiles que poseemos, podemos encontrar a tan grandiosa entidad: El espíritu.

Hablar del espíritu, es algo muy difícil. Sólo la intuición nos puede dar respuestas. Las descripciones de diversos autores resultan pobres, y las palabras son insuficientes para describir conceptos relacionados con el espíritu, porque hablar o escribir acerca del espíritu es hablar y escribir acerca de Dios.

Son ámbitos muy poco conocidos. Sabemos, sin embargo, que cuando el alma pasa a formar parte de una élite de seres espirituales, estos están conformados por diversos grados de sabiduría, donde la bondad, la comprensión, el amor, y una enorme cantidad de sentimientos de alta vibración, llegan a un grado extremo de perfección. Estas élites conforman una organización muy compleja dentro de la cual, dichos seres espirituales continúan en eterna evolución a través de diversas esferas de conciencia, que llamamos mundos superiores o dimensiones existenciales, y cuyas tareas desconocemos, pero que intuimos que son tareas relacionadas tanto con las humanidades vivientes y mundos de tercera dimensión -que podemos insertar en un universo físico y cambiante, como en tareas con entidades del mundo espiritual, con mundos de elevadas conciencias insertadas en universos que no conocemos, pero que de alguna manera se relacionan entre sí.

Escuelas de experimentación
Escuelas de experimentación

Nuestro planeta es un mundo de tercera dimensión, y todos los mundos en esta posición son escuelas de experimentación. Aquí las almas aprenden rápido y bien, aquí estamos llenos de oportunidades para conocer la obra de Dios y practicar todo aquello que en un momento dado son necesidades del plan divino. Tanto más difíciles son nuestras vidas, y tanto más dolor y sufrimiento escarmentemos, más rápida será la enseñanza buscada y más pronta la recompensa obtenida.

Digamos, que en ocasiones, cuando el alma presiente que ha quedado rezagada respecto a sus propios fines, escoge vivir dificultosamente alguna vida o una parte de ella para resarcir el tiempo perdido o elevar la calidad de las enseñanzas experimentadas.

En esas circunstancias, alguna institución de los mundos espirituales, tiene por tarea acompañar, y en ocasiones compensar, tales sufrimientos con situaciones que hacen que el alma tenga la fuerza suficiente para terminar su cometido.

Nunca estamos solos, existen muchos seres espirituales alrededor nuestro, algunos involucrados directamente con el alma en cuestión, y otros meramente como observadores con distintos fines.

Existen posibilidades de que, por alguna necesidad, ya sea programada o momentánea, algún ser espiritual se ponga en contacto directo con nuestra alma, y si el cuerpo en ese momento vibra al unisonó con ella por alguna circunstancia, digamos un momento de arrobamiento, un chispazo de conciencia, un don o una experiencia fortuita, podremos verlo, escucharlo, o ambas cosas, personalmente.

Resulta una experiencia sublime, en razón de muchas personas que han plasmado dichos encuentros, o de aquellas con misiones especiales que han sido bendecidas con dones, que hacen posible una comunicación continuada con estos seres. De todas formas ya sea a través de una comunicación directa, o indirecta, que es la más común, los seres espirituales siempre están con nosotros y siempre estamos bajo su influencia.

El alma al salir del umbral de la muerte
El alma al salir del umbral de la muerte

Queridos nietos, mucho se puede hablar de los espíritus, pero es importante señalar que los espíritus poco o casi nada tienen que ver con fantasmas o entidades del bajo astral. Estas entidades son cuerpos descarnados que por razones diversas han quedado atrapados en los umbrales de la muerte. Toda alma, al separarse del cuerpo que le dio abrigo durante muchos años, requiere de algunos días (tres, según algunos autores) para darse cuenta que el cuerpo ha muerto y pueda recobrar la conciencia adquirida hasta entonces. Pero existen almas que requieren de más tiempo para hacer, o influir en que se haga tal o cual cosa, antes de salir del umbral de la muerte y encaminarse hacia esferas más sutiles.

Pues bien, determinadas almas rechazan ese paso, rebelándose ante distintas circunstancias, o simplemente como forma de experimentación, y permanecen en el umbral que algunas religiones conocen como limbo, y desde ahí aprenden a influir en el ánimo de personas, tanto vivas como muertas, para lograr sus fines. Algunas de ellas han pasado tanto tiempo en dicho umbral, que siguiendo la ley de evolución, han aprendido a manejar ciertas energías, con las que incluso, pueden manifestarse en el mundo físico a través de alguno de sus cuerpos sutiles. Dichas almas, como dije, pueden permanecer mucho tiempo ahí, pero finalmente terminarán por cruzar dicho umbral por sí mismas, o con la ayuda de alguien más.

Entonces espero, queridos nietos, que distingan la enorme diferencia entre los seres espirituales y los del bajo astral, creo que este tema no está concluido y en otra ocasión lo continuaremos.

Hace tiempo iniciamos un tema que ahora vamos a tratar de completar, algunas cosas que quedaron pendientes de decir y otras que es importante ampliar la información con más detalles. Lo primero que quiero aclarar es que toda la humanidad, la terrestre y las de otros planetas, todos absolutamente todos, hemos sido, en un pasado lejano, como esos seres que habitan los mundos espirituales, en otras palabras todos somos espíritus. Vamos a aclarar este postulado, nosotros ahora estamos viviendo bajo una “realidad”, y hay algo en esa realidad que a veces no nos damos cuenta que existe, nos concentramos en vivirla, nadamos en las profundidades de nuestra existencia, nos mezclamos con muchos seres que hacen más o menos lo mismo que nosotros, pero hay algo que pasamos por alto, independiente de que la tierra es una escuela, de que vinimos a experimentar, de que la muerte no existe.

La tercera dimensión es un pequeño esbozo del Universo
La tercera dimensión es un pequeño esbozo del Universo

La tercera dimensión apenas es un pequeño esbozo de lo que verdaderamente el Universo es, todo lo que sucede, los problemas cotidianos, las guerras, los desacuerdos comerciales, etc., todo es aparente, los antiguos hindúes lo llaman Maya es decir ilusión, todo esto no es lo verdadero porque todo esto es temporal, un pequeño experimento nos lo puede explicar; para nuestra mente tiene el mismo valor un recuerdo de un sueño, o un recuerdo de un hecho en el mundo que llamamos real de tercera dimensión. Al final nuestra mente no puede con claridad discernir si el recuerdo del hecho real es exacto o está influido por el mismo tipo de recuerdo que el del sueño. Lo más seguro es que ambos recuerdos estén embebidos en las mismas sutilezas energéticas, es decir la mente en la distancia, donde tiempo y espacio carecen de la importancia que nosotros les damos, la mente que es una parte de nosotros con atribuciones divinas e inmortales, nos coloca ambas imágenes la real y la del sueño, en un punto donde ambas son iguales, y si para la mente no hay diferencia, eso quiere decir que a final de cuentas la realidad de tercera dimensión también es un sueño.

En este contexto, desde el punto de vista de los seres espirituales y retomando la tesis de que todos somos espíritus entonces podemos llegar a la conclusión que somos espíritus teniendo un sueño, es decir esta vida con todos sus problemas, sus angustias, sus peculiaridades, no son más que sueños de un ente espiritual y como sueños que son cada uno de nosotros tiene la potencialidad de despertar en el momento que se quiera para percibir con toda la fuerza que esto conlleva la verdadera realidad. Ahora bien si esto fuera así, ¿no es evidente que a toda criatura de cualquier especie, forma, situación, características, etc., nos gusta soñar? Desde este punto de vista soñamos porque es una continuación de la vida, pero una continuación donde las reglas son distintas, donde estamos sujetos a menos leyes de la naturaleza, en donde es posible volar, cambiar identidades, modificar los escenarios, en fin estamos inmersos en un mundo que podemos construir con nuestra voluntad, cuando soñamos.

El hastío del alma
El hastío del alma

Ahora bien si para nosotros que estamos sujetos a tantas leyes que nos impone la naturaleza, es un preciado tesoro soñar en un mundo donde estas reglas se reducen a la mitad, y nos sentimos liberados, más ligeros, más seguros de nuestras aptitudes, un mundo que nos proporciona un descanso, un relajamiento espiritual, un estar en la gloria. Mientras que para nuestros hermanos espirituales sucede lo contrario, después de un tiempo de estar viviendo en los mundos espirituales, terminan por cansarse de una vida con tan pocas reglas naturales y terminan por aburrirse y miran con envidia nuestras vidas de tercera dimensión, mientras que para nosotros se vuelve angustiante y caótico ir y venir de problema en problema, de tener que pagar al 1000 por ciento cualquier momento de felicidad y que diéramos todo cuanto somos porque el mundo fuera más fácil y más placentero, ellos allá en cuarta y quinta dimensión llegan a sentirse hastiados, necesitados de la actividad de tercera dimensión y su mayor ilusión es volver a reencarnar en nuestros mundos-escuelas.

Esto que estamos describiendo, en términos cósmicos fue tan solo ayer, nosotros somos esos espíritus que ayer estábamos aburridos y necesitados de la actividad de tercera dimensión, somos nosotros los espíritus que compartiendo las vidas de nuestros hermanos desde una perspectiva puramente energética, nos emocionamos y exaltamos ante las circunstancias no accionadas de nuestros congéneres, pensando o comentando con otros espíritus: yo habría hecho esto o aquello, un problema de este tipo se soluciona de esta manera, etc. Como espíritus estamos motivados por lo que vemos y oímos, con las pilas bien cargadas y dispuestos a experimentar en los medios más extremos, tenemos avidez de aventura, de emociones, de sentimientos más fuertes, de enriquecer nuestras experiencias.

Pues bien, hoy estamos aquí quejándonos, sintiendo lástima por nosotros mismos, diciendo que ya no vemos lo duro sino lo tupido, que nos llueve sobre mojado, etc. ¿Quién nos entiende? Ayer queríamos esto y más, hoy que tenemos lo que queríamos, buscamos nuevamente la paz y la tranquilidad. Definitivamente somos extrañas criaturas que no se conocen a sí mismas, seguimos siendo niños que marchan al contentillo, y esto lo vemos y experimentamos en nosotros mismos cada día, si somos gordos queremos estar flacos, si somos pobres queremos estar ricos, si vivimos en una multitud queremos estar solos, si estamos solos queremos vivir en compañía, si somos morenos queremos tener una faz blanca, etc. Es evidente que es nuestra naturaleza la que nunca está contenta con lo que tiene, ni con lo que es, y esto, queridos nietos, denota inmadurez, somos inmaduros cuando vivimos en cuerpo físico en tercera dimensión y somos inmaduros cuando vivimos en cuerpo energético en cuarta y quinta dimensión, ser espíritus no nos convierte en seres perfectos más bien debemos aceptar que somos perfectibles, esto es la esencia de las reencarnaciones, la perfectibilidad.

La superación de nuestro espíritu
La superación de nuestro espíritu

Queridos nietos debemos aprender y entender que no es la meta llegar al mundo espiritual, el mundo espiritual es simplemente otra fase de nosotros mismos, pero ya sea en este mundo de apariencias o en el real que es el energético, debemos de ser conscientes, debemos de alcanzar la iluminación, que no es más que saber con seguridad quienes somos, que somos, para que somos. Esto, queridos nietos, es por lo que debemos luchar cada día, a ésto debemos dedicar cada minuto de nuestras vidas, la física y la espiritual o energética, mientras no nos superemos, mientras no nos interese respondernos a esas preguntas básicas de conciencia, seguiremos siendo niños caprichosos en este mundo y en el espiritual.


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