EL HALLAZGO DEL ARCA DE NOÉ. (Cuento de Navidad). Autor: José Luis Sordo Cacho

Arca de Noé

En el día de la Navidad se suspendieron las labores, todos estábamos invitados a la celebración. Los trabajadores se dedicaron a hacer los preparativos necesarios para esta noche…


“Y reposó el arca en el séptimo mes a diecisiete días del mes sobre los montes de * Armenia”.

( * Hebreo: Ararat )

Monte Ararat: ubicado al extremo oriental medio de Turquía a pocos kilómetros de la frontera con la R.S.S. (Oriente) y con Irán (Sur).

Altura: 5165 metros sobre el nivel del mar.


Monte Arat
Monte Arat

Teníamos ya poco más de cinco meses de haber iniciado las excavaciones. De acuerdo a los análisis exhaustivos de la información antigua y moderna sobre la ubicación del Arca de Noé, llegamos a la conclusión que ésta debía encontrarse en un radio de 1.5 kilómetros, a 457 metros del punto más alto del Ararat, o sea 4708 metros sobre el nivel del mar, mirando la meseta de Armenia, en el lado oriental.

El proyecto establecía un programa máximo de siete meses, ya que tanto el presupuesto que se nos había asignado, como el clima que imperaba la mayor parte del año en esa región, nos impedirían continuar los trabajos por más tiempo.

El sistema de excavación consistía en remover la tierra cada veinte metros, perforando un pozo de metro y medio de diámetro por metro y medio de profundidad. El total de perforaciones sería de 17,500 en un círculo de 3 kilómetros de diámetro.

 

126 metros de longitud, 21 metros de anchura y 13.6 metros de altura
126 metros de longitud, 21 metros de anchura y 13.6 metros de altura

De esta forma cubriríamos toda el área y como nos basábamos en las medidas indicadas en la Biblia sobre el tamaño del arca, llegaríamos sin lugar a dudas, al logro de nuestro objetivo. “Haz para ti un arca de madera de árbol resinoso. Harás compartimentos en el arca, y tendrás que cubrirla por dentro y por fuera con alquitrán 15 y de ésta manera la harás: Trescientos codos la longitud del arca, cincuenta codos su anchura, y treinta codos su altura”. (Génesis 6-14, 15). Cada codo equivale a 42 cm. aproximadamente, por lo tanto, sería de aproximadamente: 126 metros de longitud, 21 metros de anchura y 13.6 metros de altura.

Necesitaríamos 150 trabajadores, la mayoría para remover la tierra, otros se encargarían del suministro de herramientas, otros a la preparación de la comida y a diversas labores.

Contábamos con cinco técnicos que supervisaban diariamente las excavaciones de los pozos, tomaban muestras que se llevaban para su análisis al pequeño laboratorio que habíamos instalado. Asimismo, teníamos un capataz de nombre Ferman, que controlaba a los trabajadores y nos servía de intérprete. Sólo los técnicos, analistas, Ferman y nosotros sabíamos exactamente lo que estábamos buscando, ya que al resto del personal se le había indicado que el proyecto se basaba en la búsqueda de minerales que harían prosperar la región.

De acuerdo a los estudios de tiempos y movimientos y al de análisis previo del suelo, habíamos calculado que si cada trabajador perforara un “Pozo” diario, y las excavaciones se realizaran sin percances, el proyecto tardaría solo cuatro meses en realizarse, pero previendo cualquier contingencia, éste se había extendido a siete.

En estos seis meses de intensa actividad, habíamos excavado 12,000 “Pozos” por lo que íbamos retrasados en el programa. El problema había sido que a pesar de contar con los permisos respectivos para las excavaciones, y con la promesa de colaborar en el reclutamiento de trabajadores, nos había llevado 5 semanas la contratación. Ya que en la zona existen poblados de escasos habitantes, que en esta temporada se dedican a la fabricación de artesanías, prendas de vestir y pastoreo. Nos costó trabajo convencerlos para abandonar sus actividades y trabajar para nosotros, pero los salarios que les ofrecimos superaba por mucho los ingresos que recibirían del comercio de sus artesanías.

La población más cercana al campamento era un caserío llamado Igdir, éste a 11 kilómetros de nosotros, nos mantenía en contacto permanente para cualquier emergencia que se suscitara.

Agri, Turquía
Agri, Turquía

Las provisiones nos eran enviadas cada veinticinco días desde Agri, una ciudad localizada aproximadamente 100 kilómetros de Igdir, el trayecto se realizaba en camiones hasta Igdir, de allí nos avisaban de su llegada y teníamos que bajar por la remesa en mulas y caballos, mismos que gentilmente nos habían prestado los aldeanos.

Debido a la escasez de fauna y flora en la región, cada suministro de provisiones era de considerable volumen, pero tanto la carne como las verduras se conservaban perfectamente ya que eran enterradas en la nieve, en sitios muy cercanos al campamento. En ocasiones pasaban pastores con rebaños de borregos y cabras, a los que comprábamos carne y leche fresca. Las provisiones incluían cilindros de gas butano ya que el personal de nivel medio y nosotros, contábamos con lámparas, estufas y calentadores de gas para cocinar nuestros alimentos y elevar la temperatura de nuestras tiendas. Los trabajadores acarreaban la escasa leña que había en los alrededores, para mitigar su frío.

Ferman, nuestro capataz e intérprete ya nos había indicado que se aproximaba la época de más frío, por lo que habría que prepararse solicitando más provisiones, gas, así como leña, ya que los trabajadores tenían que ir lejos por la misma y perdían mucho tiempo, la más cercana se había ya agotado. Acordamos hacer la lista de provisiones emergentes para que nos fuera complementado el pedido normal que nos sería remitido en 6 días. Para este pedido, Ferman comisionó a Huseyin quien bajaría a Igdir y mandaría un telegrama a los proveedores de Agri.

Pasaron tres días y los trabajadores que mandamos por las provisiones el día estipulado no habían llegado, se mandó a un mensajero para averiguar qué había sucedido y a su regreso se nos indicó que había un retraso en el abastecimiento y que tardarían unos ocho días más en llegar. Por lo pronto se compró todo lo posible en Igdir y se ordenó a los trabajadores que regresaran, dejando solo a uno para que nos avisara de la llegada de la remesa.

Los técnicos y analistas estaban inquietos ya que la temperatura bajaba significativamente, obstaculizando las excavaciones y creando malestar general. A nosotros ya casi se nos agotaba el gas de los calentadores, pero aún contábamos con diez días aproximadamente de combustible y antes de eso llegarían los suministros. Los trabajadores hacían fogatas en el centro de sus círculos de tiendas y con frecuencia se les veía y oía cantar y bailar en las noches alrededor de sus fogatas. Asimismo en el último pedido, algunos trabajadores habían solicitado la compra de aguardiente para atenuar el frío y su solicitud se les había aceptado por lo que acompañaban sus noches de canto y baile con un poco de aguardiente.

Pasaron cinco días más y el encargado de avisar el arribo de las provisiones se presentó con Ferman y éste nos informó que debido a la ventisca se había cerrado el camino de Agri a Igdir y que pasarían 15 días más para que llegaran las provisiones, pero que ya estaban cargadas y empacadas para ser remitidas. Mientras tanto, en el campamento la temperatura continuaba bajando, las nevadas eran más frecuentes y más intensas.

Faltaban 4 días para Navidad y los trabajadores, después de sus labores, se preparaban para celebrar el nacimiento de Jesús, conforme a su tradición. Los técnicos, analistas y nosotros empezábamos a tener problemas con los calentadores, ya que se había agotado el gas de los cilindros. Horas después llegó el mensajero de Igdir avisándonos que las provisiones habían llegado y que las habían trasladado en camión a solo 9 kilómetros del campamento. Se formó una cuadrilla y se les ordenó bajaran por las provisiones. En unas horas estaríamos completamente dentro de la normalidad.

Habíamos cavado ya 14,500 “Pozos” y no encontramos vestigios del Arca, ya entre el personal técnico se rumoraba que los cálculos sobre su ubicación estaban equivocados, se empezaba a ver rostros de duda y cansancio.

Llegaron por fin los suministros, pero nos indicaron que los cilindros de gas no estaban en el pedido, ya que por el consumo de las poblaciones aledañas, en esta época del año, el combustible se había agotado. Inmediatamente se hizo un recuento de la leña que teníamos; los técnicos, analistas y nosotros y se le pidió a Ferman hacer lo mismo.

Entre nosotros solo tendríamos fuego para unos dos o tres días escasamente. Sin embargo, los trabajadores no se quejaban por el frío seguían haciendo sus reuniones para la celebración.

En el día de la Navidad se suspendieron las labores, todos estábamos invitados a la celebración. Los trabajadores se dedicaron a hacer los preparativos necesarios para esta noche. Sacaron cuatro borregos que habían comprado a unos pastores seis semanas antes. Instalaron tres grandes pilas de madera para cocinar los borregos. Al ver el entusiasmo y la alegría general del campamento, se le dieron instrucciones a Ferman que les proporcionara doble ración de provisiones y tres barriles más de aguardiente.

Ya entrada la noche, bajó aún más la temperatura, las fogatas nos ofrecían un espectáculo inigualable. Por un lado trabajadores con trajes regionales bailaban y cantaban al son de las mandolinas y violines; por otro lado, los cocineros haciendo de las suyas, dejando en el ambiente ese aroma sutil que te envuelve y transporta a épocas queridas de la infancia, que te hacen recapacitar en el pasado, vivir en un presente digno y confiar que el mañana será el tiempo de amor y paz entre los hombres.

Fueron llegando pastores y aldeanos de los alrededores compartiendo y disfrutando el momento pues según comentaban que los reflejos de las fogatas se veían desde muchos kilómetros abajo, invitando al que los viera a participar en la reunión.

Mis sospechas fueron confirmadas
Mis sospechas fueron confirmadas

Alrededor de la una y veinte de la madrugada decidí despedirme e irme a descansar a mi tienda y continuar con mis reflexiones, sentí tanto frío que salí a buscar a Ferman y solicitarle algo de leña, logró conseguirme 3 pequeños pedazos, pues habían utilizado casi todo en las fogatas, prometiéndome que al día siguiente irían a cortar en los alrededores algunos arbustos. Complacido empecé a avivar el fuego con los pedazos de leña que me habían conseguido y sentí de inmediato un calor muy agradable, me acosté y el olor a ciprés y brea me fue envolviendo, me levanté asustado y temeroso, quité inmediatamente los leños, los apague y los examine cuidadosamente. Mandé llamar a Ferman, Ferman a su vez a algunos trabajadores, después de platicar un rato con ellos, mis sospechas se vieron confirmadas. Seis semanas atrás, el día que habían comprado a los pastores los borregos para la celebración, venían ya de regreso felices con su compra, y cuando les faltaban como cinco kilómetros para llegar al campamento, por la ladera occidental, habían encontrado muchos tablones, los tablones estaban secos y en buen estado pues estaban cubiertas de brea y petróleo. Guardaron los tablones y los fueron utilizando conforme los iban necesitando, los últimos los dejaron para la celebración de esta noche.

 

Las fogatas que aún humeaban
Las fogatas que aún humeaban

Salí de la tienda con mis tres pedazos de leña y me fui directo a contemplar lánguidamente las fogatas que aún humeaban. Los últimos restos del Arca de Noé habían sido consumidos lentamente en esta gran fiesta de Navidad…, aquí en el Monte Ararat.


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