LA VISIÓN DE MI MADRE, CUENTO DE NAVIDAD. Autor: Salomón J. Zamudio Alfaro

Visión Maravillosa

Ella recordaba, que era una hermosa mujer de tés blanca, de facciones muy hermosas, de mirada llena de bondadosa serenidad, rodeada de luces de distintos colores, muy tenues a su alrededor…


Queridos nietos, les estaba debiendo este relato que le aconteció a mi madre, cuando tenía siete años de edad. Ustedes se preguntaran que pudo haber pasado para que un suceso marcara la vida de una niña de tan corta edad, por otro lado, los recuerdos a lo largo de los años son susceptibles de modificarse, sin embargo como ya les había contado, mi madre a través de los sufrimientos vividos, había incrementado la capacidad de su percepción. Esto es lo que mi madre me contaba:

Casita de piedra de forma rectangular en donde la humilde familia vivía
Casita de piedra de forma rectangular en donde la humilde familia vivía

Era una noche oscura en la casita de piedra de forma rectangular en donde la humilde familia vivía, no tenían luz eléctrica, se alumbraban con botecitos de lata rellenados con petróleo. En estas fechas decembrinas, unas semanas antes de la muerte de Florentino (mi abuelo), todos dormían, sin embargo algo despertó a Carmen (mi madre), en una de las paredes del fondo de la choza, la niña vio una luz enceguecedora, pero era una luz que no iluminaba todo el cuartito, sino extrañamente, era como si la luz se contuviera a sí misma, solo alumbraba la pared de piedra de la casita, entonces se empezó a formar la silueta de una hermosa señora, mi madre cuenta que estaba vestida con un manto blanco, con un sobretodo en forma de capa de color azul fuerte que le bajaba hasta las pantorrillas.

Cuando la vio, quedó asombrada y emocionada, de ver la perfección de ese ser. Ella recordaba, que era una hermosa mujer de tés blanca, de facciones muy hermosas, de mirada llena de bondadosa serenidad, rodeada de luces de distintos colores, muy tenues a su alrededor, cuenta que el manto blanco, casi le llegaba al suelo, pero que se alcanzaba a notar que tenía los piececitos desnudos, a los lados de ella observó también sendos ramos de rosas rojas y color rosa.

Ella contaba que cuando la vio, por un momento pensó que sería algún santo o una virgen, que en esa época se acostumbraba, dejarla por algunos días en las casas, esta costumbre se conocía como que los santos andaban de visita en las casas de la gente creyente, así que trató de levantarse, para observar mejor dicha imagen, pero su sorpresa, terminó convirtiéndose en asombro, cuando no lo pudo hacer, claramente tuvo la sensación que algo o alguien le impedía mover el resto de su cuerpo, así que armándose de valor, con voz temblorosa, le susurró a su madre, que dormía junto a su padre a muy escasa distancia de ella, si había llegado alguna imagen de visita a la casa, que si ella ( mi madre) no se había dado cuenta hasta ese momento.

Su madre la conminó a que se callara y se durmiera, aduciendo que estaba loca o que estaba soñando, en ese momento su padre, volteó su cara en la dirección en la que Carmen yacía acostada, y le dijo, – “hijita, cierra tus ojitos y dime que ves con los ojos cerrados” – , Carmen le dijo, que con los ojos cerrados no veía nada, así que su padre después de pedirle que se tapara los ojos repetidas veces, pensando que lo que veía su hijita ya había desaparecido, le pidió que describiera con sus palabras lo que estaba viendo, Carmen por largos minutos le describió a su padre, el contenido de su visión, y cuenta mi madre, que el abuelo Florentino, sollozando, le dijo que lo que estaba viendo, era un regalo de Dios, por ser una niña tan buena y por soportar desde pequeña tanta pobreza y tantos sufrimientos, que con eso Dios le quería decir que la quería mucho y que pronto su vida iba a cambiar.

Seguía viendo la imagen
Seguía viendo la imagen

Durante todo este dialogo, entre ella y su padre, cuenta mi madre, que ella seguía viendo la imagen incluso con un movimiento perceptible de la luz, que a veces se hacía más tenue y otras más fuerte. Su padre se quedó dormido, poco tiempo después y mi madre un poco más tarde cansada de ver que la imagen que no desaparecía.

Esta visión, le produjo a mi madre al otro día, una sensación muy distinta a los demás días de los que tenía memoria a tan corta edad, a su padre también, la experiencia sobrenatural de su hijita más querida, le había confortado y de alguna manera, ayudado a aceptar su inminente muerte con más resignación, puesto que se dio cuenta que alguien o algo que no comprendían cabalmente, estaban confortándolos y abrazándolos con amor, la preocupación de dejar a su familia a la deriva, disminuyó, porque con esta visión de su hija, el cielo le estaba diciendo que Dios estaba con ellos y no los desampararía nunca.

Por su parte mi madre, que no comprendía del todo la magnitud de lo que le había sucedido, se sentía especialmente contenta, a tal grado que se inventó una cancioncilla, en la que decía entre otras cosas que la virgen le había dicho que las niñas que eran buenas, se iban al cielo, su hermano Sebe y su madre, aunque se burlaban de ella, en el fondo se sentían contentos, ante la posibilidad que hubiera sido real dicha visión, el abuelo Florentino, siempre defendió el suceso, así como sus hermanos más pequeños.

En los días siguientes, siempre que había oportunidad, conminaba a su madre a buscar a su virgencita, en todas las iglesias cercanas, costumbre que durante toda su vida (murió de setenta años) nunca abandonó, incluso ella todavía conoció el internet y a mí o a alguna de mis hermanas, nos pedía buscar esa virgen, con las características que se mencionan en el relato, y aunque muchas se le parecían, nunca encontró la imagen que buscaba y que tenía grabada en su memoria desde su infancia. Mi hermana Guadalupe que es pintora, prometió hacerle una pintura, siguiendo las instrucciones de su recuerdo, pero no sé si la pudo terminar.

El mundo espiritual, existe
El mundo espiritual, existe

Pues bien queridos nietos, esta es una de las experiencias, que han habido en la familia, que nos han dado pistas, de que existe un mundo espiritual, que se abre a nuestros sentidos, en momentos muy especiales, más adelante en otros relatos, les contaré otras experiencias, de mi madre, otras que vimos la familia completa, y algunas mías, que son las más sencillas, pero que todas en conjunto, nos han dado la seguridad, de que el mundo espiritual, existe.


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