EL AMIGO BLANCO. Autor: Mario Calderón

El amigo blanco

A partir de ese día pasaba todas las tardes por mi casa. Se saludaban besándose con mi gato…


Todas las tardes salía a la puerta del andador de mi casa. Me sentaba a leer en las gradas de la escalera mientras mi gato se divertía en la maleza de un lote baldío. Cuando se cansaba del recreo, me avisaba con un gruñido y frotándose en mi costado. Entonces era hora de su comida. Le servía croquetas de salmón, pescado blanco, atún, pavo o carne de res. Una tarde pasó un gato blanco gimiendo. Le ofrecí una lata de atún. Se acercó y la devoró a pesar de su temor. Era mayor su hambre que su miedo. A partir de ese día pasaba todas las tardes por mi casa. Se saludaban besándose con mi gato. Yo le servía dos sobres de comida y una salchicha o bistec si era fin de semana y había sobrantes en la despensa. Al darle el segundo sobre le preguntaba ¿Más? Y él aprendió a contestarme “más”. Lo nombré “El amigo blanco”. Comenzó a llegar a mi portón también a las cinco y media de la mañana cuando me levantaba. Le abría, atravesaba la casa hasta llegar al jardín trasero que tenía puerta al andador. Ahí comía y dormía en la cama de mi gato hasta las nueve de la mañana. Después le abría y se marchaba feliz .Con afecto por el animalito disfrutaba verlo comer y caminar por la calle contento. Imbuido en aquella atmósfera, me nutría de la escena, sabiendo que tal vez me hallaba en el centro de un relato que podría escribir cuando tuviera el final.

Entraba en silencio y su quietud conmovía, era rotunda de elocuencia.

Mientras atravesaba el patio delantero, observé una tarde que, como un hombre que hubiera descubierto oro, se alegró al ver una bolsa con basura. Me miró.

Sus ojos se veían vivos de alegría. Tal vez compartía con otros gatos esos hallazgos en la calle.

El Chato
El Chato

El Amigo Blanco colaboraba para que mi gato “El Chato” se identificara con los animales de su especie. Con ese fin yo procuraba que la visita se prolongara y que los dos convivieran. Mi gatito también deseaba la convivencia por más tiempo, pero el gato blanco, maduro, lo veía inocente y prefería irse con los gatos de experiencia. Por ese motivo, si no le abría el portón para que se fuera, él se saltaba por la barda. Al engordar, el salto le produjo miedo además de que “El Chato” le impedía subirse estorbando su paso en el exterior de la ventana de la sala a través de la cual saltaba.

En la calle se peleaba y a veces lo herían en la cabeza. Lo curé en varias ocasiones y otras lo bañaba. Algunas veces lo encerraba intentando que se quedara, pero la posibilidad del encierro en la casa lo aterraba y comenzaba a gritar buscando salidas en los techos y las bardas. Por eso le abría las puertas diciéndole únicamente: cuídate, no te vayas a pelear. Él lo comprendía, pero una mañana llegó con la nariz partida y sangrando. Lo curé con mertiolate y agua oxigenada. Siempre sentí miedo de que un día lo mataran. Al salir de mi casa por las tardes, se iba con una gatita gris simpática. Esta se colocaba frente a los gatos en el lote baldío y revolcándose se exhibía. La pareja de gatos despertaba ternura.

 

Únicamente apareció un gato negro
Únicamente apareció un gato negro

Un día no llegó por la mañana ni por la tarde. Tal vez, sin que yo me diera cuenta, realizó una razia el antirrábico y atrapó los gatos para matarlos ¿Con cuál derecho? A los diez días únicamente apareció un gato negro. Comprendí que era símbolo de luto y que mi amigo blanco había sido sacrificado. Mi gato y yo nos entristecimos. EL Amigo blanco se había llevado nuestro afecto. Me deprimí ¿Acaso no valgo nada si mi cariño estaba en dos gatos? Deprimido, abordé un autobús para viajar de mi casa en Puebla a la Ciudad de México. Como la realidad tiene una composición, una estructura, al subir pensé que se sentaría a mi derecha en el autobús quien era más importante para mí en ese momento: una muchacha equivalente a mi hija, una señora sustituto de mi esposa, un joven semejante a mi hijo o tal vez alguien que quizá sería encarnación de un gato blanco. Llegó un muchacho con ojos azules y fisonomía similar a la de mi amigo blanco.

 


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