INSTRUCCIONES A LOS PREFECTOS POLÍTICOS DE MAXIMILIANO. Comentarios por: El Adobero.

Emperador Maximiliano de Habsburgo

Estas instrucciones aún podrían ser vigentes en estos tiempos en que las aspiraciones a gobernar este país se han hecho tan comunes y populares como las canciones de despedida a la emperatriz Carlota…


No soy admirador ni seguidor de los sueños monárquicos que, algunos mexicanos, aún en estas fechas, suspiran por los tiempos idos del segundo imperio mexicano. Sin embargo, se me hace justo reconocer que la historia, y en particular la historia de México, al ser escrita por plumas que obedecieron a los intereses de los vencedores, para nada refleja la realidad de los acontecimientos.

En un paseo por el Cerro de las Campanas, me topé con una exposición temporal que contenía el presente documento que comparto con ustedes. Contiene un avanzado conjunto de instrucciones de lo que el emperador Maximiliano pretendía de las formas que debían seguir los prefectos, en su representación, en el territorio mexicano.

La administración de los departamentos del Imperio quedó en manos de Prefectos que debían ser nombrados y responder a la autoridad del Emperador. Estos tenían que organizar consejos de gobierno departamentales que atendieran asuntos de la economía y el aspecto social local. Los departamentos a la vez se componían de dos subdivisiones, los distritos y los municipios que habrían de contar con sus propios órganos de gobierno y eran encargados de los aspectos más inmediatos y locales de la vida pública. Todos los cargos locales, salvo los comisarios y prefectos departamentales, serían electos mediante voto popular directo.

Estas instrucciones aún podrían ser vigentes en estos tiempos en que las aspiraciones a gobernar este país se han hecho tan comunes y populares como las canciones de despedida a la emperatriz Carlota. Se cree que cualquiera puede gobernar al pueblo mexicano.

Se percibe que el emperador Maximiliano no era el monstruo que me enseñaron mis maestros de primaria.


Llegada de Carlo y Maximiliano a la ciudad de México
Llegada de Carlota y Maximiliano a la ciudad de México

La convicción de que en las diversas Prefecturas del Imperio se gobierna de distinta manera, que no se observan los mismos principios, que los actos de la administración son a veces arbitrarios, y que se notan también abusos originados por el espíritu de partido, me ha obligado a dirigirme directamente a los Prefectos para decirles ante todo, que el Imperio abraza a todos los partidos, que el Emperador elegido, estando sobrepuesto a ellos, no conoce sino mexicanos, y que todo individuo que obra dentro de los límites de las leyes del país, tiene derecho a su protección y solicitud.

La ley es de hoy en adelante la base del Imperio, solo en la ley y para la ley, deben obrar los órganos del gobierno. Mientras este una ley vigente de derecho, debe ser religiosamente respetada.

Si observan en ella los órganos del gobierno alguna falta, deben advertírselo y proponer el remedio, pero bajo ningún pretexto podrán de propia autoridad, hacer cambios ni modificaciones en ella. La ley debe ser una en todo el país, igual para todos, no reconociéndose privilegios ni prerrogativas en el suelo mexicano.

Todo mexicano, rico o pobre, debe en todo tiempo encontrar oído en los órganos del gobierno y pleitos, y en la instrucción de causas, la justicia deber ser pronta, clara y conforme al derecho. Nadie debe permanecer en prisión sin que se le notifique la causa de ella en el menor tiempo posible. Los arrestos preventivos no deberán tener lugar bajo ningún pretesto, escepto en los casos de extremo peligro.

Es obligación de los Prefectos informarme directamente cada dos meses del estado y giro de los negocios judiciales en sus respectivos Departamentos, y en casos estraordinarios, lo harán inmediatamente. A estos informes periódicos acompañaran un estado exacto de todos los presos que existan en el Departamento, de los que hayan sido sentenciados, expresando la pena de los que están encausados y desde qué fecha.

Fijarán particularmente su atención los Prefectos en el ejercicio de la policía, siendo la legalidad el único sendero que debe guiarlos en ella. Tanto para la policía como para la justicia, se debe obrar con toda la variedad de la ley, y sin ninguna indulgencia. Las leyes dan a cada uno de los funcionarios la fuerza bastante para impedir el mal y acordar protección,

También fijarán su atención los Prefectos en la prensa, que debe girar sobre la base de la ley, libre e independiente, pues mi gobierno no teme la franqueza. Los escritos que desborden los límites de la ley, los ataques directos contra nuestras creencias, contra las buenas costumbres, contra las instituciones de nuestro país, y contra las personas, no deben tolerarse bajo ningún pretesto, y las faltas de esta clase es deber de las autoridades castigarlas con firmeza y energía.

Si la seguridad moral está garantizada, es de toda necesidad asegurar al país la física. El robo y el hurto son una vergüenza para nuestro país, y lo han desacreditado en la opinión del mundo. Este mal inveterado debe ser extirpado en todo el Imperio con un rigor y dureza inexorables. En estos casos la indulgencia no está en su lugar y deben darse ejemplos saludables. En lo de adelante será obligación de los Prefectos mandarles estados mensuales, en que consten todos los casos de robo verificados en su Departamento, ya sea en poblado, en los caminos y aun los rateros, agregando las circunstancias agravantes. Si tales casos se multiplican, se impondrá a los Departamentos o pueblos en que estos tengan lugar un impuesto para la indemnización de las víctimas, siendo los Prefectos personalmente responsables de esto.

Recomiendo también eficazmente a los Prefectos la instrucción pública en todos sus ramos. Cuando mayor número de buenas escuelas hay, y mejor atendidas estén, mayor será la ilustración y progreso del país, y más brillante su porvenir. Deseo que los Prefectos mismos visiten a menudo las escuelas, y se aseguren por medio de exámenes minuciosos inesperados, del verdadero estado de la instrucción, cada nueva escuela que se establezca en el Departamento, es acreedora a la solicitud y reconocimiento del gobierno. La elección de los profesores debe hacerse de hoy en adelante por concurso, sujetándolas a un rigoroso examen. En los exámenes anuales distribuirán los Prefectos, a nombre del gobierno, premios adecuados. En los colegios en que sea posible, se establecerán ejercicios gimnásticos, como medio de robustecer a la juventud y desarrollar su valor.

Otro de los importantes deberes de los Prefectos es el cuidar con empeño de la salubridad de sus Departamentos, tomando todas las medidas que sean necesarias y que aconseja la higiene, para mantenerlos sanos. Su vigilancia y celo debe redoblar en tiempo de epidemia. En sus informes periódicos, deben los Prefectos participarme el estado sanitario de sus Departamentos, principalmente, cuando se desarrolle alguna epidemia, en cuyo caso deben comunicármelo oportunamente, para tomar providencias enérgicas y prontas para su alivio. Me informaran igualmente los Prefectos del estado y progreso de la vacuna, que debe existir en las principales poblaciones del Imperio. Se entiende que los hospitales deben estar bajo la vigilancia e inspección de los Prefectos, quienes deben visitarlos con frecuencia, cuidar de su buena administración, de su limpieza y procurando la adquisición de camas de hierro donde sea lo posible.

En condición indispensable del bien material del país, el buen estado de los caminos. Sin fáciles comunicaciones, no puede haber comercio, ni florecer la agricultura. Esto debe tenerse presente para procurar con todo esmero mantener en buen estado las vías de comunicación.

La agricultura es la principal fuente de riqueza de este hermoso país. Levantarla fomentarla y protegerla, es uno de los más importantes deberes de un gobernante, abrirle nuevos ramos de producción, su más noble fin, pues en ella cifra la única y verdadera riqueza de las masas.

En regiones donde prepondera la cría de ganado, debe cuidarse del mejoramiento de las razas, teniendo un especial empeño en la caballar. Para que haya estimulo en esto, será conveniente que se hagan en los de los Departamentos esposiciones de ganado, y se repartan medallas y premios del gobierno. A estas esposiciones se podrían agregar con gran provecho las de productos agrícolas y frutas.

Respecto del estado de las cosechas deben darme los Prefectos informes regulares y verídicos, pues solamente así se podrá el gobierno informado a tiempo, evitar con medidas enérgicas la calamidad de la carestía, compensando la falta de granos en unas partes con lo superfluo de otras, con lo que se lograra desterrar para siempre de este bello país el terrible azote del hambres.

En los Departamentos en que predomine la riqueza mineral, deben observarse con rigor las leyes de minería, y reprimir severamente, atendiendo al porvenir, el abuso de esplotar las minas sin sujetarse a un sistema científico, sin el cual hay grandes desperdicios y ruinas. Se procurara combatir el error de que solo el oro y la plata son metales de verdadero precio, en muchos casos el cobre, hierro, etc., son más productivos para el propietario. Debe buscarse con mucho empeño el carbón de piedra y el mercurio o azogue, a fin de que en estos importantes productos pueda México también independerse del estranjero. Hallando el carbón de piedra, se pondrá término a la sensible destrucción de los bosques.

Se recomienda muy particularmente a los Prefectos de los Departamentos en donde existe la riqueza de maderas preciosas, que tanta celebridad han dado a México, que comiencen lo posible ese tesoro dado por la naturaleza y regularicen su esplotacion bajo un buen sistema, único modo de conservar indefinidamente esta riqueza.

En los Departamentos de las costas debe cuidarse especialmente del arreglo de los puertos, vigilando con esmero su aseo y orden, y evitando en cuanto sea posible la acumulación de arenales y formación de médanos. Se cuidara igualmente de que los muelles y amarres se hallen siempre en buen estado. Debe remitírseme periódicamente estados de cabotaje y navegación por vapor y vela, así como el numer0o de marineros matriculados y capaces de servir.

Respecto de terrenos baldíos, deseo que cada Departamento me dé un estado concienzado y detallado de ellos dibujándolos exactamente sobre el mapa del Departamento.

Se me mandará anualmente una lista exacta de los pensionistas del Estado.

Adjunto al estado de ingresos los Prefectos deben someterse un presupuesto de los gastos y construcciones más urgentes en el Departamento.

Como todo lo que da lustre a la historia de nuestro país interesa vivamente a mi corazón, prevengo a los Prefectos que cuiden con especial atención la conservación de las antigüedades y monumentos históricos, e impidan a toda costa, con arreglo a la ley vigente, la esportacion de antigüedades. Todos los objetos que tengan algún interés, deberán evitarse al Palacio de México para colocarlos en el Museo Nacional. Para el mismo deben formarse colecciones de objetos y curiosidades de los diversos ramos de la naturaleza, y remitirse cuidadosamente para conservarlos a la ciencia.

De cada periódico, folleto u obra que se imprima en los Departamentos, deberá mandarse un ejemplar para la Biblioteca del Estado, reservando otro para formar la particular del Departamento.

En cada Prefectura debe conservarse colección completa de todas las leyes del Imperio, pues de esta manera todos los actos administrativos podrán apoyarse en una base legal.

Los periódicos oficiales de los Departamentos reproducirán con prontitud y sin alterarlos en nada, todos los actos del gobierno y todas las comunicaciones emanadas de Mi persona.

Toca a los Prefectos hacerme sus propuestas en tiempo oportuno para las condecoraciones y medallas, a fin de recompensar las acciones singularmente meritorias y los actos públicos de humanidad.

Recomiendo a los Prefectos, tanto como sea posible y como lo previene la ley, la autonomía de los Ayuntamientos en todo aquello que tiene relación con sus atribuciones, porque después de la libertad del individuo, la libertad de la municipalidad constituye la base principal de un Estado verdaderamente libre. La intervención muy frecuente y a veces inoportuna en los negocios municipales, no puede menos que debilitar la verdadera autoridad del gobierno y paralizar el espíritu de independencia de las masas.

En lo general, Recomiendo a los Prefectos que escriban poco y obren mucho. El estilo de la correspondencia oficial debe ser claro, corto y preciso. Deseo que los informes mensuales que deben dirigirme los Prefectos, sean redactados con toda franqueza, que se me diga toda la verdad, así lo bueno como lo malo, y principalmente las quejas todas que haya sobre las medidas del gobierno. Solamente así puede Mi voluntad, decidida por el bien de nuestro país, ser coronada de un buen resultado.

En los Departamentos en que ya existe el telégrafo, los Prefectos Me comunicaran inmediatamente cualquier noticia de importancia.

Estas instrucciones servirán de norma en su gobierno a los Prefectos, mientras leyes subsecuentes reglamenten los diversos ramos que aquellas abrazan.

Dado en el Palacio de México, a 3 de Noviembre de 1864.

Maximiliano

 

Tumba de Maximiliano en la gruta imperial de Viena
Tumba de Maximiliano en la gruta imperial de Viena

 


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