HOMENAJE A DON ALFONSO ADAME NEGRETE. Autor: José Luis Sordo Cacho

Don Alfonso Adame Negrete

El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo…


José Luis Sordo Cacho
José Luis Sordo Cacho

Les presento a otro muy buen amigo de El Adobero, José Luis Sordo Cacho es nacido en la Ciudad de México en el año de 1952, Lic. en Administración de la Universidad La Salle, fue empresario desde los dieciséis años, Banquero, Panista más de veinte años, y Funcionario Público en Querétaro a nivel Municipal doce años, pintor en el Jardín del Arte AC con exposiciones individuales y colectivas con pintura abstracta.

Comenta: “me fascina el arte, admiro a Gaudí, Miro, Remedios Varo, Chucho Reyes, Águila Herrera (Queretano), Santiago Carbonell, Ponzanelli y mil más. Adoro el Arte pictórico, escultural y arquitectónico, me gusta escribir cuentos cortos aunque lo siento muy difícil… Ah y hoy ¡soy feliz!”

 


Hace algunos años me tope un personaje singular en Querétaro, el Sr. Don Alfonso Adame, sólo tuve contacto con él en cuatro ocasiones, sin embargo sobresalía de su alma la constancia de su gran amor a México, y en especial a Querétaro,

Nacido en la ciudad de Querétaro el 28 de febrero de 1924. Cursó sus estudios de primaria en tres escuelas diferentes dado que aquedó huérfano a temprana edad. Posteriormente ingresó al Seminario Conciliar de Querétaro donde terminó hasta sus estudios de filosofía.

Comerciante durante diez años y por más de cuarenta y cinco dedicado a las labores del campo en su rancho “El Tepeyac”.

Gran apasionado de la lectura y la escritura, por lo que realizó varias reflexiones en torno a su gran preocupación que era la problemática social del país y en particular del estado; muy especialmente lo relacionado con la afectación de los recursos naturales, como el agotamiento de los acuífero y la degradación en el cultivo de las tierras.

Con sus propios recursos financió y difundió varios textos de su autoría, orientados a generar conciencia sobre el uso y el cuidado del agua, la preservación del recurso forestal y otras acciones relacionadas a promover una mayor educación y cultura en la preservación de nuestro entorno, haciendo especial énfasis en la niñez.

Permanente impulsor de las campañas de reforestación en diversas áreas boscosas, como el Parque Joya – La Barreta del municipio de Querétaro, y en varias zonas del estado.

A lo largo de su vida luchó por un México mejor, canalizando su participación dentro del Partico Acción Nacional, del cual fue miembro distinguido. Panista de hueso azul y comprometido con sus principios y la sociedad, en los años difíciles de Acción Nacional como oposición.

Un día me proporciono este documento que a continuación reproduzco, esta carta es un poema a la naturaleza y estoy seguro que les gustará tanto como a mí. Quisiera que fuera también un reconocimiento y un homenaje a nuestro siempre amigo y finado Don Alfonso Adame.


CARTA ECOLÓGICA DEL JEFE INDIO SEATTLE AL SEÑOR FRANKLIN PIERCE, PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA.

El Jefe Indio de Seattle
El Jefe Indio de Seattle

En 1854, El Gran Jefe Blanco de Washington hizo una oferta por una gran extensión de tierras indias, prometiendo crear una “reservación” para el pueblo indígena. La respuesta del Jefe Seattle, aquí publicada en su totalidad, ha sido descrita como la declaración más bella y más profunda jamás hecha sobre el medio ambiente.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.

Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿Cómo podrán ustedes comprarlos? cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas: el venado, el caballo, la gran águila; éstos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podemos vivir confortablemente entre nosotros el se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil ya que está tierra es sagrada para nosotros.

El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente el agua si no también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras deben recordar que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si los vendemos nuestras tierras ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los son suyos y, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otra, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesite. La tierra no es su hermana si no su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Les secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa, tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores, su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto.

No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes, la sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja, pero quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.

No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, no hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o como aletean los insectos. Pero quizás también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede el grito solitario del chotacabras (aguaitacaminos) ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pino.

El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo aliento la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; Como moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré condiciones: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo de otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos para sólo para sobrevivir.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.

Esto sabemos: La tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos, todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.

Todo lo que le ocurra a la tierra, les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.

Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece, lo mismo que, desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco.

Esta tierra tiene un valor inestimable para El y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirían, quizás antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.

Pero ustedes caminarán hasta su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.

Destrucción progresiva de la naturaleza a manos de un hombre más “civilizado”
Destrucción progresiva de la naturaleza a manos de un hombre más “civilizado”

Las visionarias y sabías reflexiones del Indio Seattle predicen la destrucción progresiva de la naturaleza a manos de un hombre más “civilizado”, pero menos sensible a las bondades de la tierra. En 1854 habla ya de contaminación ambiental y sónica, destrucción de animales y árboles, la ruptura de la cadena ecológica y sus funestas consecuencias.

La advertencia dramática del Indio Seattle y su clamoroso llamado a la conservación de los recursos naturales renovables nos mueve a divulgar tan importante documento, por considerarlo un poderoso y vigente manifiesto de la supervivencia, que debe llevar a todos los hombres a la reflexión y participación decidida en las acciones tendientes a incrementar la calidad del ambiente y de la vida.

Alfonso Adame Negrete 1992

 

Recopilación por José Luis Sordo Cacho
odros1@gmail.com


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