19 S. Autor: Adolfo H. Vega Perales

19 de septiembre de 1985

Era otra época, no contábamos la mayoría con la maravilla que es hoy el teléfono celular, las redes sociales, etc. solamente por radio o televisión comenzaba a fluir la información…


M. en D. Adolfo H. Vega Perales es Licenciado en Derecho y Maestro en Derecho Penal, se ha desempeñado cómo servidor público a nivel estatal y municipal, directivo de Instituciones de Educación Superior, Profesor de la Universidad Autónoma de Querétaro y de diferentes universidades en la entidad tanto de Licenciatura como de Posgrado.


El 19 de septiembre de 1985, justo hace 32 años comenzó para un servidor como un día ordinario. Me levante temprano alrededor de las 6 a.m. para acudir a clases.

Recuerdo que a las 7:19 a.m. me encontraba formado junto con muchos de mis compañeros en el exterior del plantel oficial número 135, en la colonia Lindavista de la Ciudad de México, en ése instante sentí como si alguien me empujará con fuerza hacia el frente lo que me provocó moverme cerca de metro y medio de mi posición original, (pensé que alguien me aventó haciendo una broma), los edificios empezaron a tronar, los postes a moverse fuertemente lo que hacía que sus cables chocaran, las personas corrían en todas direcciones, vi a madres de familia abrazarse a sus hijos y comenzar a rezar, otros gritaban y lloraban, el movimiento del suelo era impresionante, como si el piso fuese a levantarse, segundos interminables, afortunadamente no vi en ése instante ninguna desgracia humana ni material cerca de dónde estaba.

Al terminar el sismo nos pidieron los maestros que pasáramos al patio central de la escuela dónde permanecimos por varios minutos, en lo que se hizo una revisión del inmueble; posteriormente nos indicaron acudir a nuestros salones y la jornada de clases se desarrolló de manera normal.

Solamente por radio o televisión comenzaba a fluir la información, la cual conocí hasta como los 2.30 de la tarde
Solamente por radio o televisión comenzaba a fluir la información, la cual conocí hasta como los 2.30 de la tarde

Era otra época, no contábamos la mayoría con la maravilla que es hoy el teléfono celular, las redes sociales, etc. solamente por radio o televisión comenzaba a fluir la información, la cual conocí hasta como los 2.30 de la tarde en que regrese a casa, edificios destruidos, personas fallecidas, otras atrapadas entre escombros y que eran rescatadas, muestras impresionantes de solidaridad.

Después de la réplica más fuerte del temblor, la que fue por la tarde noche y ya me tocó en casa con la mayoría de mi familia, se determinó la suspensión de clases, nuestra escuela, se corroboró que sí resulto afectada y hubo necesidad de rehabilitarla, durante mucho tiempo tomamos clases en aulas improvisadas, las que fueron denominadas por la comunidad estudiantil como “gallineros”, hechas de láminas de chapopote, y madera, ello logró que no se perdiera el año escolar.

Hoy nadie pone en duda que ése día México, fue seriamente golpeado, se levantó, y tuvo grandes enseñanzas.

Mismo día, generaciones distintas
Mismo día, generaciones distintas

Treinta y dos años después, volvemos a vivir el mismo 19 de septiembre otro sismo doloroso; dos terremotos en México, mismo día, generaciones distintas.

Hoy gracias a la tecnología la información corrió como pólvora. Muchas personas hacían de sus muros de Facebook y redes sociales, espacios que se convertían en noticieros personales que daban cuenta para el mundo de lo sucedido, edificios caídos, personas atrapadas, necesidades a atender. De inmediato México entero se volcó en gestos de unidad, solidaridad y heroísmo.

Ésa tecnología que refiero, me permitió compartir el estado de mis excompañeros de secundaría, todos afortunadamente bien, daban cuenta en un grupo de “WhatsApp”, como vivieron el sismo, el cuál calificaron como “muy fuerte”, el estupor no era para menos.

La cultura de la prevención que se aprendió en 1985, me parece en muchos casos fue útil, las nuevas generaciones estuvieron mejor preparadas para actuar ante un evento de esa naturaleza, aun cuando hay que reconocer que contra la naturaleza no siempre se puede.

Las enseñanzas de 2017 serán muchas, habrá que estar atentos a asimilarlas.

En relación al uso de “redes sociales”, lamentablemente hubo quienes pretendieron utilizarlas para generar desinformación ¿con qué fin, en momentos de tanto dolor y de necesidad de unión?, debemos aprender a distinguir el rumor, y la información infundada, y no convertirnos involuntariamente en parte de ello.

Muchas imágenes nos marcarán de por vida
Muchas imágenes nos marcarán de por vida

En contrario sentido muchos casos de éxito, coordinación entre sociedad gobierno, amas de casa, estudiantes, policías, ejercito, marinos, rescatistas, “los binomios caninos” y por supuesto la ayuda internacional, han permitido salvar vidas de entre los escombros, y el rescate de cuerpos.

Muchas imágenes nos marcarán de por vida, la de todos trabajando hombro con hombro, las lágrimas del soldado que rescató los cuerpos de madre e hija, lo que permitió que, como dijera el esposo, “despedirse de ellas” y reconocerle al militar su heroísmo; la sonrisa de Lucia, tras ser rescatada al permanecer en los escombros 36 horas en un edificio de la calle Álvaro Obregón y literalmente volver a nacer, el respeto de los rescatistas japoneses, dignos herederos de la cultura de los samuráis ante el cuerpo de una persona rescatada por ellos, el fervor y respeto al cantar el himno nacional al concluir los trabajos en algún edificio…

Debemos seguir impulsando la cultura de la prevención; una adecuada supervisión de las nuevas construcciones para que cumplan con los estándares que, les permitan resistir ante éstos embates de la naturaleza.

Tiempo de reconocer en paralelo que el cambio climático es una realidad; que éste mundo nos ha sido prestado por las nuevas generaciones y debemos entregarlo en mejores condiciones de cómo lo recibimos.

Momento de solidarizarnos con quien todo a perdido y contribuir en la medida de nuestras posibilidades en la reconstrucción.

Un recordatorio de lo grande que es éste país en que nos tocó nacer.

Tiempo de valorar sin duda…


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