LA NARIZ ENGUSANADA O EL ASUNTO DE LA CEBADILLA (3ª y última parte). Autor: Don José Antonio Álzate y Ramírez. Recopilación por Salomón J. Zamudio Alfaro

Don José Antonio Álzate y Ramírez

Muy señor mío: el estudio de la medicina acompañado de la observación, es el más delicioso, el más verífico, y de cuyo conocimiento resultan innumerables beneficios al género humano…


Si nos ponemos a pensar con detenimiento, la mayoría de las enfermedades que padecemos los seres humanos, están determinadas por la intromisión de seres que provienen del exterior de nuestro cuerpo desde gusanos del tamaño de un dedo hasta aquellos microscópicos que se introducen a través del aire o el agua o del contacto con la tierra o el piquete de algún insecto o en los alimentos o en los contactos inter-humanos o con animales, a continuación vamos a exponer los tipos de huéspedes que somos susceptibles de alojar en nuestros cuerpos:

Parásitos. Tenia o solitaria, duela del higado, anisakis, ascaris, trhichinella spiralis, garrapatas, piojos, ladillas, pulgas, plasmodium, trypanosoma, giardia doudenalis, cryptosporidium parvus, cyclospora cayetanensis, toxoplasma godii, y un largo etc. Patogéniasis. Es la introducción y el desarrollo de enfermedades ocasionadas por virus, hongos, bacterias y pequeños animales formados con pocas células, a los que estamos expuestos todos los días de nuestra vida.

Comensalismo. Son aquellos organismos que viven a expensas de otro, en nuestro caso los ácaros son un ejemplo de ello. No siempre es fácil detectar a los parásitos en nuestro cuerpo, porque están presentes en todas las actividades de nuestro organismo, incluso es posible que exista alguna especie de Mutualismo con alguno de estos seres.

Las enfermedades más importantes de nuestra época tales como cáncer, sida, problemas cardiovasculares y en fin, todas las enfermedades que son auto inmunes revelan la presencia de parásitos. Esto último dicho por la Dra. Hulda Clark en la página www.dietametabolica.es. Por esta razón es que es importante seguirnos enterando del caso de la cebadilla, que vendría a ser la solución a todos estos problemas.


En el Tomo III de la Gaceta de Literatura de México en las pags 88 a 96, dice lo siguiente: ” MEDICINA. En la pag 1 se halla la carta que me remitió D. Juan Pablo Cancino cirujano del ejército, en la que expuso lo útil que le fue la cebadilla para restablecer a un paciente del ataque de muchos gusanos que estaban aposesionados del órgano del olfato: curación que debe lograr un distinguido lugar en los fastos de la medicina del país y de todo el orbe. El profesor de medicina Don Juan José Bermudes de Castro allí mismo trató de las ventajas que la medicina podría lograr con el uso de la cebadilla y maravilla (que trataremos posteriormente), pero una expresión que vertió el Sr. Bermudes le ha sido muy sensible al profesor Cancino, la que ha motivado la carta que me dirigió y que expongo en esta Gaceta, porque, las disputas de los literatos lícitas y honestas, son las que nos surten de conocimientos ventajosos, y si se dirigen a la salud de los hombres, su utilidad es inestimable.

Se presentan en la palestra dos profesores en los dos ramos más importantes de la medicina: en el uno un sabio médico, en el otro un cirujano muy diestro: lidien hasta donde puedan, que de esta disputa el público logrará alivio en sus dolencias. Como autor de esta Gaceta no puedo entrometerme en decidir, porque no soy médico ni cirujano; tan solamente me considero como un relator, que presenta al público -juez irrecusable- los documentos que las partes me ministran. Ambos facultativos logran en sus respectivos ramos el aprecio del público: el autor de la Gaceta de literatura nunca se atreverá a decidir en semejantes contiendas: respecto a la presente dirá como un autor antiguo: Sunt cantare pares, & respondere parati.

El plano de la Gaceta de literatura es un campo de mucha extensión y que presento a los literatos, arénlo, siémbrenlo, (con tal que no sea con cizaña) y yo me contentaré con proceder a las prolijas atenciones de la impresión.

Carta de Don Juan Pablo Cancino. Muy señor mío: el estudio de la medicina acompañado de la observación, es el más delicioso, el más verífico, y de cuyo conocimiento resultan innumerables beneficios al género humano. La observación es uno de aquellos medios que no fatigan el discurso, sí nos descubre el primor de la artificiosa naturaleza, la belleza de sus producciones, y el uso que debemos hacer de estas mismas, y otras infinitas circunstancias que hasta el presente están ocultas a los más grandes filósofos. No obstante lo dicho, nos han descubierto el modo de inquirir la verdad, y penetrar los misteriosos fenómenos de la naturaleza, mediante la observación y experiencia, la que no se puede adquirir sino por las mismas huellas, como lo preconisa el Anglicano ingenio del grande Bacon, y nos lo insinua Manilio: Artem experientia fecit, exemplo monstrante viam, y siempre debemos venir a para en aquella antigua máxima nacida de la verdad, y acreditada por el tiempo…

Plantas medicinales
Plantas medicinales

(A continuación hace una disertación filosófica sobre el alivio de las enfermedades a través de la naturaleza)…Plinio da el primer honor a los españoles en el descubrimiento de yerbas medicinales, en cuya investigación trabajan con exquisita diligencia. Del estudio que tuvieron los españoles en la botánica, se utilizaron las demás naciones, aprendiendo de los nuestros el conocimiento de muchas yerbas medicinales, cuya noticia perdida, hoy se restaura en la lectura de autores extranjeros, que siendo verdaderamente discípulos de los españoles antiguos, se han granjeado el honor de maestros de los españoles modernos. Así lo afirma el Ilustrísimo Feijoo, quien con sólido fundamento, se lamenta, de que los más descubrimientos se han sepultado en el olvido (hoy está pasando lo mismo), y que muchos por lo singular se ven altamente celebrados por los extranjeros, y casi enteramente desconocidos, o por lo menos desestimados de los nuestros. ¡Fenómeno raro! Despreciar a los unos por singulares, y a los otros por parecerles fútiles, esto es, que no son de aparato pomposo, lo que no es regular ejecutar cuando la experiencia acredita libertarse los pacientes, muchas veces con un simplicísimo remedio, Eslo,(sic) y no de poca estimación la cebadilla, la que no solo los prusianos la reconocen por uno de los más preciosos vermífugos, sino también otras naciones cultas, como consta por un tratado impreso en Manila del año 1712, su autor el P. Pablo Clain, en donde dice lo siguiente: “Después de haber puesto el modo las enfermedades provenidas de lombrices, suelo valerme del modo como los cura el vulgo de los naturales de estos pueblos, siendo el más eficaz la cebadilla, que en idioma tagala llaman nioguiogan, en el bisaya tangolong, y en el pampanga bavebave, y los castellanos que habitan estos pueblos mata-lombrices. También es contraveneno, contraponzoña, tomada, o por fuera aplicada, es contra lombrices. No limita el vulgo de nuestra América el uso de la cebadilla a la curación de los caballos, si se extiende a los de nuestra especie, así ad intra como ad extra, de lo que podré presentar mil ejemplares, que a la presente omito por no ser molesto.

Cebadilla
Cebadilla

Es dificultoso averiguar en qué tiempo comenzaron nuestros nacionales a usarle. Lo cierto es que la poseen con nombre propio en su idioma mexicano, pues la llaman sacapilo o pilcatica, no ignoran sus virtudes, ni los casos en donde deben aplicarla. Como quiera que sea, hallo que se publicó en esta capital el año de 1712 por el hermano Juan de Esteynefer en su florilegio medicinal. En el cap. 36, en donde trata de las úlceras verminosas, pag. 403, dice: “Más eficaz es el cocimiento de la cebadilla de las sierras de Taracimára, que los latinos llaman Elebiro negro: también es medicamento fuerte para matar los gusanos; pero cuando fuere preciso aplicar uno de estos medicamentos fuertes, es menester usar de ellos con mucha discreción, porque causan notable dolor: muertos y quitados los gusanos, se mundificará la úlcera, añadiendo a los dichos zumos o cocimientos, como para dos onzas del zumo o cocimiento de uno de los simples arriba mencionado, una onza de miel virgen.” En el capítulo 38, trata de la tiña y caspa de la cabeza, y dice lo siguiente: “Para matar los piojos es bueno espolvorear a los cabellos o la ropa con polvo de la cebadilla de la sierra de la Taracimára:” (de donde infiero que tomó noticia el Dr. Rivera, y la trasladó, lo que parece muy natural por ser Rivera un médico que andaba a ojeo de novedades, según Roche). (Otra pequeña disertación sobre su uso). En el año de 1786, en el puente de Amaya, casa de Señor San José, visité a María Antonia Toro, joven doncella, cuya constitución era bastantemente débil, el color de la cara pálido, laxitud en todo el cuerpo, por hallarse viciada la separación del chilo, porque este líquido, pobre del bálsamo o suco bilioso, se pone vápido, viscoso, e incapaz a seguir el movimiento circular, para que se regenere nueva sangre: dos años había que adolecía de una tumorosidad situada en el orificio superior del estómago, la que se había aumentado paulatinamente, y le incomodaba por su peso y volumen: sus síntomas nauseas, orripilaciones, convulsiones, lipotimias, y casi ninguna expulsión de materiales fecales, accidentes que culpando a los vapores que de las lombrices reciben las partes superiores, los que siendo elevados de materiales ácidos viscosos, de que siempre abundan los lumbricosos, y según la mayor o menor irritación que hacen los ácidos, son más o menos los vapores, que según la mayor o menor fermentación que se hace en dicho ácido viscoso, o cuando las lombrices se conmueven, ya con el nuevo alimento, o ya cuando después de hecha la fermentación de este, desciende al intestino, o porque alguna lombriz se muere, ésta fermentándose, y disponiéndose ad corruptionem, levanta vapores ofensivos; que aún por esto el Padre Atanasio Kirkerio llamó a las lombrices Animata putredo, capaces no solo de producir estos síntomas, pero también otros de peor condición.

Parásitos en el ser humano
Parásitos en el ser humano

En suposición de lo referido, no me acomodé al juicio que habían formado los facultativos que antes le habían visitado, pues unos dijeron era absceso otros o los mas que eschirro: aquí fue indispensable fijar la atención a los síntomas ya referidos y combinar los signos de supuración, y por consiguiente los de eschirro (escirro. Es una especie de cáncer que se produce en alguna glándula y que toma la forma de un tumor): hallé tan manifiesta diferencia, como la que hay de una fractura a una dislocación. En este estado, según mi industria, quise valerme de nuestro vermífugo, y lo dispuse del modo siguiente. Rp. Polvos subtilísimos del fruto de la cebadilla, una onza: azúcar fina, media onza: misúralo según arte, y divídelos en doce papeles, de los que tomaba uno por la mañana, otro a las once y cinco de la tarde, disuelto en un pocillo de cocimiento de manzanilla y yerbabuena, de la que tomó a pasto. Por apósito el emplasto siguiente. Jabón común, una libra: ungüento de mercurio, media onza: polvos de cebadilla, onza y media: goma de camphor medio escrúpulo, y con suficiente cantidad de hiel de toro malajasalo hasta la consistencia de emplasto, el que se aplica dos ocasiones al día. No me olvidé de los clisteres (enemas o lavativas), los que determiné así: cocimiento de cebadilla, media libra; miel virgen; una onza: bálsamo de copayba, doce gotas, el que le servirá a las diez de la noche: su alimento en este tiempo fue caldo y un poco de sopa. Al tercero día se exacerbaron los síntomas, repitiendo con más frecuencia: la enferma se quejaba amargamente, significando le arrancaban las entrañas, y que su aliento salía con alguna fetidez, por lo que se persuadía se acanceraba por instantes: la tumorocidad se manifestó con alguna jastocidad o molice, y que en vista de lo referido, se hallaba resuelta a no aplicarse ningún remedio. Me costó no poco trabajo reducirla a la continuación del método prescrito, con el cual consiguió al día siguiente a las seis de la mañana arrojar per secesum tanto embolucro de lombrices de las que llaman cucurbitinas, que pudo llenar un orinal, siguiéndose a esta expulsión tres cursos cruentos, con insufrible fetidez, continuando por muchos días la expulsión de estos animales, hasta su total exterminio, desapareciendo la tumorosidad y síntomas, disfrutando muy robusta salud (todavía vive en la casa que cito, y habrá poco más de un año que se casó) sin que en todo ese tiempo haya adolecido de ningún accidente, sin otro auxilio que el de la cebadilla, como uno de los más poderosos amaricantes, que mata las lombrices, corrige el ácido, vigorando el succo vilioso, evacuando y limpiando las primeras oficinas de las conscurpaciones verminosas.”

FIN…


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