LA NARIZ ENGUSANADA O EL ASUNTO DE LA CEBADILLA (2ª parte). Autor: Don José Antonio Álzate y Ramírez. Recopilación por Salomón J. Zamudio Alfaro

Jose Antonio Alzate y Ramírez

Siguiendo con nuestro asunto, en aquella época era común que el periodista, en este caso Alzate, tuviera una comunicación directa con su público, generalmente a través de cartas…


Salomón continúa con la segunda parte de una recopilación de un libro de 1831 donde se nos narra las experiencias de un médico de esos tiempos en diferentes casos y pacientes, como parte de la Gaceta Literaria de México de Don José Antonio Álzate y Ramírez.


Más adelante del mismo libro en las páginas 49 a 56, 69 a 70, 88 a 96 y 105 a 118 se arma una polémica muy interesante y que iremos descubriendo al paso de los días Por cierto en el Tomo I de esta Gaceta no menciona nada sobre la cebadilla, hasta el Tomo II, hace 2 menciones en las páginas 166 y 168 que apuntaremos en este comentario y por último en el último Tomo que es el IV, el autor hace un excelente intento por darle fin al asunto de la cebadilla con dos disertaciones en las páginas 432 a 433 y 436 a 438.

Todos estos libros fueron proporcionados amablemente por Google Libros y son de libre distribución.

Jose Antonio Alzate
Jose Antonio Alzate

El padre José Antonio Álzate y Ramírez fue un erudito del siglo XVIII, lo mismo era un perito en minería, geógrafo, ingeniero, que conocía varios idiomas, y era experto en agricultura, medicina, arquitectura, además era un excelente dibujante y nunca dejó de lado sus deberes eclesiásticos muchos lo conocían como el sabio Álzate, autoridades civiles y religiosas reconocían su gran sapiencia. Vivió 62 años, era pariente por el lado materno de Sor Juana Inés de la Cruz, muerta 42 años antes de su nacimiento de cuya línea genética seguramente fue favorecido. El editor Manuel Buen Abad, aunque seguramente no conoció en persona al sabio Álzate, de oídas lo describe de esta manera “Como literato y de buen gusto no pudo sufrir los usos y costumbres de su tiempo, así es que a cada paso se las tenía con los que sin fundamento se preciaban de ser sabios, e impugnó con bastante gracia y solidez, muchas obras y producciones que se celebraban con entusiasmo…”, “…su crítica en el particular a muchos pareció caustica, pero el uso de otra más moderada no hubiera sido medicina muy a propósito para curar un mal tan inveterado…”,”…en el examen de los escritos se conoce su imparcialidad; reprobó cuanto había malo, y supo apreciar el mérito donde quiera que lo halló…”

La descripción que hace la Enciclopedia Ilustrada Cumbre de 1985 respecto a la “CEBADILLA. Planta de la familia de las liliáceas, sumamente venenosa. Abunda en México y en las Antillas. Sus hojas son alargadas y puntiagudas, y sus flores, de color púrpura negruzco o blancas. El fruto es una cápsula que contiene semillas negruzcas y relucientes que, pulverizadas, proporcionan un excelente antiparasitario. Su olor es muy fuerte y hace estornudar a algunas personas.”

 

 

Cebadilla
Cebadilla

Mientras que en el Diccionario Enciclopédico Quillet de 1967, dice lo siguiente: “cebadilla.f. Bot. Méx. Nombre vulgar de Sabadilla officinalis, planta de la familia liliáceas. De sus semillas se extrae una mezcla de alcaloides, la veratrina, que contiene posiblemente veratrina (también llamada cevadina), veratridina, cevadilina, sabadina y cevina.” No hay que confundir los términos pues en el ámbito ganadero se usa una planta como forraje llamada cebadilla australiana o cebadilla criolla, que es una planta gramínea parecida a la cebada, pero más fina que crece en multitud de productos tales como los pastizales. En nada se parecen solo en el nombre

El Sabio Álzate en el Tomo II de sus Gacetas hace dos referencias a la cebadilla: En la pág. 166, “Don Cristóbal de Acosta, vecino de Tlaxcala, y el mismo que me participó una noticia útil acerca de la cebadilla, que comuniqué en la Gaceta…” y escrito como nota aclaratoria en la pág. 168, “(3) A los que se dedican a disponer gabinetes de historia natural, ya se les presenta ingredientes para liberar a los animales de la polilla. Véase en la Gaceta política lo que tengo dicho sobre el particular de la utilidad de la cebadilla.” Por cierto en la página 167 en el párrafo llamado REFLECSION, se refiere al Sr. García en términos de referirse al Sr. Acosta, lo que sucede es que el autor o el editor, alguno de los dos tuvo un lapsus, pues es muy difícil que quien le mencionó la cebadilla al Sabio Álzate, haya sido homónimo del sabio español Cristóbal de Acosta Africanus autor de uno de los libros de cabecera del Álzate llamado Tratado de las drogas y medicinas de las Indias Orientales, con sus plantas dibujadas al vino por Cristóbal Acosta médico y cirujano que las vio ocularmente, escrito y editado en 1578 y que menciona Álzate en los cuatro tomos de las Gacetas.

Siguiendo con nuestro asunto, en aquella época era común que el periodista, en este caso Alzate, tuviera una comunicación directa con su público, generalmente a través de cartas, que por costumbre y para hacer más interesante el seguimiento del público lector, eran publicadas en la siguiente entrega, de esta manera Alzate publica la primera reacción del público a través de la siguiente carta: En la pag 49 Tomo III,”MEDICINA. Carta del Br. D. Juan Bermudez al autor de esta Gaceta.

Muy Sr. mio: como el único fin que Ud se ha propuesto en sus tareas literarias es hacerse útil a los hombres en todos los ramos a que se extiende su interés, era preciso que comprendiera en ellos la medicina, como la más importante de las ciencias naturales. Por lo que ha comunicado al público los eficaces medicamentos que han llegado a su noticia, contándose entre ellos la cebadilla, reconocida entre los prusianos por uno de los más precisos vermífugos. Las gentes del campo no ignoran esta virtud: porque según tengo noticias, saben curar con ella las úlceras agusanadas de los caballos, ya con el cocimiento o ya con los polvos de este apreciable vegetal; pero su uso en los individuos de nuestra especie solo se debe, que yo sepa, al célebre Semucker. Él se atrevió a darla a sujetos molestados de lombrices, no solo en lavativas, sino también por la boca, y con suceso tan feliz, que más de una vez excedió a los del decantado vermífugo de madama Nouffer. Su eficacia para matar estos insectos, igualmente que los piojos que se crían en el cuerpo despolvoreada en él, indujo desde luego al cirujano D. Juan Pablo Cancino a valerse de ella para ahuyentar, la asombrosa multitud de gusanos que depositaba Marcos Antonio en los conductos nasales, y esto como último esfuerzo y recurso de su industria, respecto de no haber observado ningún beneficio con los otros medicamentos antipútridos de que había usado. El suceso correspondió a sus esperanzas: porque lleno de júbilo y satisfacción vio que no solo conseguía el total exterminio de estos animalejos, sino también una completa curación de la úlcera. Motivos poderosos que deben servir de aliciente a los cirujanos para ensayarla por su parte así en las llagas solitarias y de mala calidad como en las que traigan por compañeros estos perniciosos bichos. Había dos años y medio que yo también quise experimentar su virtud, y la relación del suceso, como Ud. vio en mis apuntaciones, está concebida en estos términos.

Detalle de la cebadilla
Detalle de la cebadilla

He puesto en práctica el método de Mr. Semucker en un sujeto joven, aunque de constitución algo delicada. La mayor dosis que le dí de cebadilla fue un escrúpulo: con ella tenía vómitos abundantes de humor claro y viscoso: a estos precedía una salivación crecida, que si no excedía a lo menos igualaba a lo que puede arrojar en un día un enfermo que se trata de la unción mercurial. Esta evacuación venía acompañada de grandes ansias y fatigas, y con cierta enajenación: lo mismo experimentaba en las lavativas, aun llevando solo una dracma de la simiente. Es cierto que arrojó muchas ascárides muertas, que eran las que lo atormentaban, y en tanto copia, que siendo pequeñísimas y a manera de hilos muy delgados, se sacaba del ano una porción de competente volumen siempre que quería y siempre que se las pedían. A beneficio de la curación consiguió aliviarse por unos cuatro o seis meses, y tanto que se creyó curado y libre de un enemigo que casi lo había acompañado desde la cuna; pero reincidió después en el mismo mal, y se desentendió del método anterior, acaso por las molestias y fatigas que había experimentado, bien que estas no le habían acarreado un accidente grave, antes por el contrario unas treguas que nunca había disfrutado con innumerables brebajes que había tomado en tantos años.

De aquí se infiere el poderoso estímulo que este vegetal induce en los sólidos, y también la irritación que debe causar en estos insectos, que si no les quita la vida los precisa a salir del cuerpo. Testigo de esta verdad es el Sr. Cancino, que vio que salían a centenares por la vía que les franqueó la incisión, y por la que desocupó el lugar a que se habían acogido acosados del contrario poderoso que los perseguía. Lo que sí me hace fuerza es, que siendo este medicamento un estornutatorio nada suave, no excitara estornudos en el enfermo, sino solo bascas; pero acaso la atención principal que llevaba le hizo olvidar esta circunstancia y por eso la omitió. El haber precavido la cebadilla la gangrena que amenazaba a la parte, es una prueba que acredita su virtud excitante: porque con ella reanimó el movimiento perezoso, no solo de los sólidos sino también de los líquidos, con lo que se disipó la frialdad, entró el calor a ocupar su lugar, y cesaron los temores de la gangrena precursora de la mortificación. Estas ventajas conseguidas con tanto lauro de Ud y de la cirugía, ministran un campo fecundo a los observadores para confirmar o tachar el medicamento, no solo en los casos semejantes que se les presenten, sino en otros que parezcan del todo disímbolos.

P.D. En la Biblioteca Físico- económica año de 1782 u 83 pag 261, se leen unas observaciones de Mr. Magallanes de Lóndres hizo del tártaro o toba que se forma en los dientes, y por ellas se ve, que esta costra es un cúmulo de pequeños insectos de singulares e irregulares figuras, largas, cuadradas, triangulares, redondas, etc., y estos muchas veces pueden ser causa de los dolores de muelas: por lo que no tengo dificultad en dar asenso a lo que hace algunos años me comunicó una persona fidedigna, de haber visto a un lacayo suyo, que libertó a otro criado de un vehemente dolor de muelas que le atormentaba, haciéndole tomar por la boca un sahumerio que hizo con unos polvos, que echó sobre unas ascuas, y que creyó que eran de cebadilla. Si este dolor provenía de la hostilidad de los gusanos, como lo prueba la relación de haberlos arrojado en el acto del sahumerio no hay duda para creer que el medicamento sería eficaz, acaso lo serán igualmente unos buches que se tomen del cocimiento de la misma cebadilla.”

 

CONTINUARÁ…


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