LOS ENCUBRIDORES. Autor: Carlos López Bravo

The Keepers

Habría que recordarle a la jerarquía católica que esa respuesta no se asemeja en nada a la de Cristo…


Sister Catherine Anne Cesnick
Sister Catherine Anne Cesnick

Acabo de ver un documental en Netflix, llamado “The Keepers” que me ha conmovido en lo profundo. Se trata del asesinato ocurrido en 1969 y a la fecha no resuelto, de una monja compasiva y sensible, Cathy Cesnik, que daba clases en el Colegio Keough del Arzobispado, en Baltimore.

El documental da cuenta de las investigaciones hechas por las propias exalumnas del Colegio en torno al asesinato, los oscuros secretos que parecen explicar estos dolorosos acontecimientos, la incapacidad sospechosa de las autoridades para dar con los culpables y, sobre todo, el encubrimiento de entonces y de ahora por parte de los jerarcas de la Iglesia Católica.

Joseph Maskell
Joseph Maskell

Todo apunta, según el documental, a que el autor intelectual del asesinato fue el Padre Maskell, el capellán del Colegio. La monja Cathy supo, a través de sus alumnas, que el Padre abusaba sexualmente de ellas, y estaba a punto de promover una denuncia ante el Arzobispado. Pero un asesino le cortó las alas.

En su momento el caso no pudo resolverse, pero se reavivó en los 1990’s, cuando una de las exalumnas abusadas decide hablar. A esa voz se unieron otras voces y gradualmente se conformó un grupo de exalumnas que fueron víctimas de abuso. Este grupo muy pequeño y timorato al principio, va creciendo en tamaño, en fortaleza y en valor.

Lo que sigue es una guerra muy desigual entre el grupo de exalumnas y el Arzobispado de Baltimore, en la cual casi siempre gana el Arzobispado, ya que usa todo su poder, su influencia y sus recursos para doblegar a sus oponentes y aprovecha el más mínimo resquicio para eludir una responsabilidad que a estas alturas es más que evidente.

El desenlace es frustrante. Las demandas de las exalumnas resultan infructuosas. El caso sigue sin resolverse. La justicia brilla por su ausencia. Y el documental, al igual que en otros casos de pedofilia, nos deja un sentimiento de rabia y de impotencia, que es más intenso aún por tratarse de crímenes perpetrados por clérigos de la Iglesia Católica.

Duele que la respuesta oficial de la Iglesia privilegie el encubrimiento de los pederastas y la salvaguarda de la “buena imagen” de la sagrada institución, y muestre muy poca compasión con las víctimas del abuso. Y eso no sólo en Baltimore, también en México y en todo el mundo.

Habría que recordarle a la jerarquía católica que esa respuesta no se asemeja en nada a la de Cristo, quien diría: “la verdad os hará libres” (Jn 8:32). También diría: “El que escandalizare a uno de estos pequeños, más le valdría que le atasen una piedra de molino al cuello y lo echasen al mar” (Mt 18:6). Condenar estos crímenes y a sus perpetradores es una obligación de todos los que nos decimos cristianos, que debemos asumir con todas sus consecuencias.


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