DON JUAN REYNOSO. UN MÚSICO CALENTANO. Autor: Antolín Orozco Luviano

Don Juan Reynoso Portillo

Don Juan Reynoso Portillo, antes de que le otorgaran el Premio Nacional de Ciencias y Artes 1997, en la categoría de Artes y Tradiciones, se ganaba la vida tocando en restaurantes, bares y cantinas…


Antolín nos comparte en esta ocasión un artículo de un personaje de la Tierra Caliente del Estado de Guerrero. Una tarde con un músico de cantina que, por su maestría, trascendió a nivel nacional. Un personaje digno de ser recordado en nuestro México Mágico.


Cuidad Altamirano Guerrero
Cuidad Altamirano Guerrero

Conocí a Don Juan Reynoso Portillo en “La Sombra Amiga”, de Ciudad Altamirano, Guerrero; un lugar de enramadas, enredaderas que echan raíces al aire como cabellera, palmeras de coco y arena menudita en el piso recién regado. El río Cutzamala, en ese tiempo, le daba su frescura, su arenal, su agua, y “Popo”, el propietario de esa bendita sombra, se encargaba de que no faltaran las cervezas frías ni los cocteles de camarón y ceviche.

Llegamos ahí con Noel Hernández Pineda como a la una de la tarde. Entonces editábamos el semanario “AHORA”. La redacción del periódico estaba muy cerca de “La Sombra Amiga”. Sólo bajábamos la calle angosta y el calor sofocante de Altamirano desaparecía. Desde la entrada era otro clima, otro paisaje, otro pequeño mundo que llegaba al río, donde se antojaba caminar descalzo, meter los pies en la arena húmeda, menear las raíces de la enredadera que colgaban de la enramada y dejar por ahí las prisas y preocupaciones.

Maestro Juan Reynoso
Maestro Juan Reynoso

Cuando pedimos la tercera y última cerveza de esa tarde, llegaron los músicos de violín, guitarra y tamborita. Era don Juan Reynoso y su grupo, que recorrían restaurantes, bares y cantinas ofreciendo su bella música tradicional. Por fin la vida me daba la oportunidad de conocerlos. Nos saludamos, pedimos más cervezas para refrescar la tarde —ellos no quisieron—, y empezaron a tocar en nuestra mesa. No recuerdo cuánto cobraban por canción, pero eso no tenía importancia; la alegría lo compensa todo y la emoción crecía con la música y el canto.

El tiempo se hizo breve y la tarde voló con “El Huizache”, “La Tortolita”, “El Gusto Federal”, “Santo Domingo” y un bello repertorio más. Pero cuando tocó para nosotros una pieza especial, de altura y belleza clásicas, supe entonces por qué era el “Paganini de la Tierra Caliente”: la obertura “El Célebre”, de Isaías Salmerón, iluminó de música el pequeño mundo de “La Sombra Amiga” y también mi corazón.

Salimos de ese “concierto en cantina” cuando el sol se ocultaba tras los árboles. La música y la alegría nos acompañaban y todavía andan por ahí en mi recuerdo. Volví a encontrarme años después con Don Juan Reynoso, quien en 1997 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el campo de Artes y Tradiciones.

Cástulo Benítez de la Paz
Cástulo Benítez de la Paz

Con su guitarrista genial, andariego, bohemio, admirador de chaneques, fuerza y libertad de la canción calentana, Cástulo Benítez de la Paz, me reuní varias veces en el 2010, cuando me contó su vida, que como una canción interminable se publica en el libro “Ases de Tierra Caliente”, editado por el Programa de Desarrollo Cultural Regional Tierra Caliente, de Conaculta.

 

Enredaderas de raíces al aire como cabellera
Enredaderas de raíces al aire como cabellera

Ya no volví a ver “La Sombra Amiga”, que desapareció de la playa del río o cambió de nombre o de paisaje, yo no sé… Lo que a veces encuentro en mi memoria es la brisa fresca que se quemaba con el sol de Altamirano cuando subía por encima de las enramadas con enredaderas de raíces al aire como cabellera.

 

 

 


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