LA FABRICA DE BILLETES. Autor: Carlos López Bravo

La fábrica de billetes

Bastaría uno de esos montículos, pensé, para poner fin a todas mis penurias económicas…


Hace años, cuando un viejo amigo me invitó a visitar la Fábrica de Billetes, no lo dudé ni un segundo. En aquel momento, consideré que para cualquiera con una pizca de curiosidad, la experiencia podría resultar interesante o divertida. Para mí, que además tenía un especial interés en los asuntos económicos y gustaba de las historias de “Mac Pato”, aquella se perfilaba como una oportunidad de oro.

Justo en la calzada de Legaria, en la ciudad de México, se encuentra esta Fábrica, que pertenece al Banco de México. Se trata de una instalación moderna, con estilo arquitectónico sobrio, que da la impresión de un instituto de estudios. Nos dicen que data de 1969, año en que inició la fabricación de billetes en México, ya que previamente los billetes mexicanos se manufacturaban en Estados Unidos y desde allá se importaban a México.

Para efectos prácticos, la fábrica lucía como una imprenta de vanguardia: un área de diseño y grabado, un área de impresión y un área de almacén. Si observamos con detenimiento cualquier billete en circulación, notamos que se trata de una bella manufactura, con un personaje principal (digamos: Hidalgo, Morelos o Diego Rivera), además de varios motivos alusivos a la época y una filigrana de grecas y líneas, dentro de una sola gama de colores. Allí, en el área de diseño y grabado, se encuentran los artistas que, tras largos meses de trabajo y numerosas pruebas, crean esas pequeñas obras de arte.

En el área de impresión, los prototipos de billetes se colocan en una gran placa u original múltiple que de un solo golpe imprime una lámina de 60 billetes por ambos lados. A diferencia de una impresión normal, en este caso el material o sustrato del billete es especial, lo mismo que las tintas. El sustrato esta hecho de papel de algodón o de polímero (una tela plastificada), que se consideran los materiales más adecuados para documentos de seguridad. Materiales y tintas están pensados para su “uso rudo” a lo largo de una vida útil de tres años. Otra gran diferencia es que en este caso la impresión es de muy alta resolución y pasa por varias fases a efecto de incorporar gradualmente los múltiples elementos de seguridad del billete.

Rico Mac Pato
Rico Mac Pato

La etapa final consiste en la conformación de paquetes homogéneos de billetes que luego se integran en bolsas de mayor volumen, las que se trasladan posteriormente a un gran almacén. Esta bóveda, repleta de grandes montículos de billetes, es la que tiene mayor parecido con la alberca llena de monedas de “Rico Mac Pato”. En ese momento, me sentí nadando en billetes. “Bastaría uno de esos montículos, pensé, para poner fin a todas mis penurias económicas.” El guía pareció adivinar nuestros pensamientos. “Ya sé lo que están pensando, pero no, estos paquetes no irán a ningún lado; en su momento serán trasladados, a través de camiones blindados, al aeropuerto y de ahí, serán distribuidos vía aérea a veinte destinos nacionales.”

De aquella breve travesía por la Fábrica de Billetes, lo que más me sorprendió fue la obsesión por la seguridad, una obsesión convertida en práctica cotidiana. El personal, las instalaciones, los equipos, los procesos, los billetes mismos debían estar blindados contra potenciales delitos. Nada de robos, nada de trampas, nada de mafias. Todos los procesos son video grabados y están supervigilados. Quizá la mayor preocupación es la falsificación de las piezas; es por ello que cada día se imponen más candados de seguridad a los billetes.

Hoy los billetes cuentan con cerca de 10 elementos de seguridad detectables a simple vista y otros tantos que sólo pueden detectarse con equipos especializados. Como resultado, según las últimas estimaciones, hay 100 billetes falsos por cada millón de billetes en circulación. Un porcentaje minúsculo que habla muy bien de la capacidad de la Fábrica de cumplir con su propósito central.

Cartera vacía
Cartera vacía

En eso estábamos, comentando estos temas de seguridad, cuando llegamos al final de nuestra visita. Mi amigo, que llevaba años trabajando en la Fábrica y que tuvo a bien acompañarnos a lo largo del trayecto, se mostró en todo momento amigable y feliz. Se me ocurrió preguntarle a que se debía esa felicidad que veía dibujada en su cara. Él me contestó: “Es que hoy es día de quincena.” Y, al ver mi cara de interrogación, prosiguió: “… y eso significa que una pequeña porción de los billetes que fabricamos estará disponible en mi cartera. Un pequeño salto de ubicación que hace para mí, la gran diferencia.”

 

 


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