LOS GIGANTES Y LOS HIJOS DE LOS DIOSES (1ª). Autor: Alfonso Montejano

Los Gigantes y los Hijos de los Dioses

Después vinieron los gigantes y los hijos de los dioses, quienes se asustaron porque no existían las gigantas…


“Luego, en honor a Zeus, padre de los Dioses y de los hombres, comienzan y acaban de nuevo su canto diciendo que es el más fuerte de los Dioses y el más poderoso. Por último, canta a la raza de los hombres y de los gigantes robustos, y regocijan el alma de Zeus, en el olimpo, las musas olímpicas, hijas de Zeus tempestuoso”

Teogonía/Hesíodo

 

Apañaron para sentirse machos a las hijas de los hombres
Apañaron para sentirse machos a las hijas de los hombres

Después vinieron los gigantes y los hijos de los dioses, quienes se asustaron porque no existían las gigantas, ni las hijas de los dioses y apañaron, para sentirse machos, a las hijas de los hombres, que eran bellas; tenían todo, pero inventaron el dinero para tener más mujeres y suscitar la envidia de otras especies que ni siquiera sabían de su realidad y con esa aberración, iniciaron la debacle de la creación divina, comprando frutas que podían cortar de los árboles e inventando el pago por esa obligación que imitaba la profundidad del transcurrir natural; también hacían cosas extrañas como modificar lo básico para hacerlo complicado, diciendo que esa era la evolución y que la predestinación de esa evolución rectificada, estaba escrita en los legados de Zeus, ser de raza pura ascendiente de dioses, gigantes y hombres a quien la gente confundía con el sol y con alfa-centauro, estrella que también confundían con venus porque no había mapas solares, solo gigantes e hijos de dioses que apañaban a las hijas de los hombres, las embarazaban y continuaban con su soberbio destino sublime, dejando a los hijos de las madres, sin la imagen paterna que los propios hombres habían cultivado con esmero.

Los santos fueron sus descedientes
Los santos fueron sus descedientes

Los santos fueron sus descendientes, miles de ellos se acomodaron en el cielo por decreto de personas que nunca los conocieron, quienes los declararon en santidad contraviniendo los decretos divinos, nada más porque huían de persecuciones donde los crucificaban de cabeza; algunos se escondían en las faldas de San Pedro, arrepintiéndose continuamente de graves pecados de omisión que cometieron al adaptarse al tiempo en que vivieron, nunca consideraron la trascendencia destructiva de obediencia a los mandatos divinos dictados en contra de su propia obra, otros preferían irse al infierno antes de colaborar en el enredo de la innovación creadora, y cambiaban su manera de pensar en los últimos instantes en que les llegaba la sangre al cerebro, comparaban en esos valiosos milisegundos, la perfección de la obra celestial con la nulidad de su vida ejemplar.

Los robots descedientes de los santos
Los robots descedientes de los santos

La santidad no alcanzaba para justificar su devenir, por lo que Dios les concedió la posibilidad de convertirse en robots insensibles sin preocupaciones de salvación, y los envió de nuevo a la tierra a convivir con los organismos unicelulares y con los hombres; los robots descendientes de los santos, eran inanimados, es decir seres sin alma parecidos a los ángeles, solo que con materia tangible, no les preocupaba en lo absoluto, quedarse sin vida porque no tenían emociones, estaban programados por Dios para llenar el vacío que dejaron los gigantes al morir por falta de alimentos y así experimentar la salvación eterna en la asimilación de su espíritu transportado al infinito; no se reproducían de manera sexual, sino que eran seres extremadamente inteligentes, creados independientes, con los elementos necesarios para cumplir con un destino específico en determinado tiempo, no tenían edad y aparecían y desaparecían de repente obedeciendo los mandatos dictados por la omnipotencia de su constructor, no se comunicaban con los hombres y entre ellos tenían un código secreto de intercambio abstracto utilizado sólo cuando en sus chips se hubiera borrado la pregunta esencial del principio del todo, lo cual era programado por Dios para que no lo cuestionaran; su labor era sencilla, sólo debían estar quietos y con la mirada absorta en el infinito, cerca de los hombres y mujeres para que estos y estas, adoraran la magnificencia omnipresente y comprendieran que Dios podía hacer lo que Él quisiera, que si esta creación era fallida, era porque Él había regalado, al hombre y a los ángeles rebeldes, el concepto filosófico del libre albedrío, que ni los robots, ni los santos sabían en qué consistía, porque Dios todo lo tenía predestinado, pero el Ser Humano se había declarado en terquedad y se dirigía por un sendero totalmente diferente al proyectado por la superioridad concretado en el medio ambiente.

Quién creo a Quién
Quién creo a Quién

Los gigantes se alquilaban como mercenarios, también los santos y los hijos de los dioses: pactaban con los diablos las derrotas de los ejércitos y las caídas de seres sin tacha; las mayorías de ellos andaban juntos por todo el universo y se regodeaban cuando lograban terminar con los intentos supremos de articular una evolución que le diera justificación a la existencia eterna y aburrida de su creador, Dios los mandaba para que no lo cuestionaran y lo aceptaran con sus decretos en una legitimidad absoluta, tarea nada fácil porque siempre requería de echar mano de neuronas inteligentes que competían con Él por demostrar quien había creado a quien. Cuando creara en otros mundos especies sin inteligencia todo saldría bien.

Continuará…

 

 

 


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