MIS RECUERDOS DE LA AVENIDA EZEQUIEL MONTES, “LA CALZADA” (2ª). Autor: Gonzalo Guerrero Renaud

Vista sur norte. Ezequiel Montes de Morelos a Escobedo

Ese tramo de Ezequiel Montes lo caminé muchas veces entre 1969 y 1973 porque, en varias temporadas de vacaciones iba, de mi casa en la calle de Morelos, al edificio del “Diario de Querétaro” que estaba en la calle de Escobedo No. 65…


Gonzalo Guerrero nos presenta ahora la segunda parte de su serie sobre la Avenida Ezequiel Montes, con algunas de sus vivencias e historias que en estos tiempos parecen fantasías de tiempos idos hace muchos años…


LAS TIENDAS DE TELAS DE “LOS RUIZ”. (Cuadra entre Escobedo y Morelos)

Ezequiel Montes de Escobedo a Morelos
Ezequiel Montes de Escobedo a Morelos

En la cuadra entre Escobedo y Morelos, del lado poniente, cerca de la calle de Escobedo, por el número 105. En los años setenta había una panadería de la familia Castro Cancino que ahí mismo vivían.

Ese tramo de Ezequiel Montes lo caminé muchas veces entre 1969 y 1973 porque, en varias temporadas de vacaciones iba, de mi casa en la calle de Morelos, al edificio del “Diario de Querétaro” que estaba en la calle de Escobedo No. 65. Yo era voceador, junto con mi hermano Javier. Para ser voceador tenías que pertenecer a la “Unión” de voceadores y no era fácil entrar, pero un vecino nuestro, de nombre Felipe Hernández Piña, trabajaba para el jefe de reparto, que era el Señor Ramón Morales, y él nos sacaba los periódicos. Ah, pero antes de llegar al periódico, en la esquina de Escobedo y Ocampo, había una tienda que abría muy temprano, en la que comprábamos un bolillo calientito y crujiente, con el cual hacíamos una torta de chile en vinagre, que nos servía de “tentempié”. Una de nuestras rutas de venta era la propia calle de Ezequiel Montes, en especial en el Mercado Hidalgo.

 

 

Acera Poniente de Ezequiel Montes de Escobedo a Morelos
Acera Poniente de Ezequiel Montes de Escobedo a Morelos

En el número 77, en la acera poniente, en una casa algo angosta pero de 3 pisos, vivía un compañero mío de la escuela primaria, que se llamaba Rigoberto Rico Nieto. Se decía que su papá era “adinerado” y que en cada recámara de la casa tenían una televisión, cosa que no era muy común en aquella época.

A la mitad de la cuadra mencionada, en ambas aceras, había unas tiendas de telas y de ropa de una familia de apellido Ruiz. Una estaba en el número 86-A, donde ahora hay una casa de empeños, y la otra estaba enfrente, en el número 71. Recuerdo que en sus tiendas, los Ruiz vendían artículos a precios accesibles y, por lo mismo, se solía ver a un buen número de personas comprando. Tenían varios gatos ya algo viejos, como mascotas, que se paseaban en la tienda. También recuerdo que uno de los propietarios tenía un bote, probablemente de unos 20 litros o más, a un lado de la caja de cobro, que usaba como “alcancía”, en el que lanzaba de cuando en cuando monedas de baja denominación, y con el tiempo hacían un buen montón. Siguiendo hacia el sur, por la misma acera poniente, en el número 69 había un negocio de lavado y engrasado de autos, que también era estacionamiento y pensión nocturna para autos, que era propiedad de don Lino Puga Rangel.

 

 

Acera oriente de Ezequiel Montes de Escobedo a Morelos
Acera oriente de Ezequiel Montes de Escobedo a Morelos

En la acera oriente, de la misma cuadra, en el NÚMERO 78, ya cerca de llegar a la calle de Morelos había una tienda de ropa muy pequeña que era propiedad de una mujer de edad avanzada a la que algunos le decían “La Jorobadita” (por razones obvias), que solía llevar consigo un “diablito” (carretilla para cargar bultos) con sus pertenencias. Ella vivía en la calle de Morelos, entre Juárez y Allende, frente a la escuela Vicente Riva Palacio y, por cierto, una noche a eso de las 9:00, iba yo caminando por afuera de su casa en Morelos, y la vi haciendo esfuerzos por abrir su portón de madera. Al acercarme a ella me pidió que si me podía brincar y abrirle por dentro, porque unos muchachos “maldosos” habían obstruido la cerradura. Me subí por la protección de la ventana… a duras penas alcancé la cornisa y en una maniobra arriesgada, logré escalar por la pared y treparme al techo… luego caminé por la azotea hacia un patio central en el que había un árbol muy frondoso que me sirvió de apoyo para bajar. Había muchos “triques” y estaba obscuro, pero por fin llegué a la puerta, le abrí, me dio las gracias y me fui.

En la esquina de Ezequiel Montes con Morelos, en la acera norte – poniente, había un puesto de periódicos en el cual acudía casi todos los días a comprar el periódico nacional “El Heraldo de México”, que era el que leíamos en la casa, el cual llegaba como a las 11 de la mañana. A mediados de los años 70, muchas veces yo iba temprano a esperar que llegara el periódico y ver las noticias deportivas, en especial las de atletismo, ya que practicaba ese deporte y me emocionaba leer las crónicas cuando había juegos olímpicos o panamericanos. En 1975, los panamericanos fueron en México. Fui unos días a ver personalmente las competencias y vi a los fondistas mexicanos Luis Hernández, Rodolfo Gómez, al marchista Domingo Colín, a los velocistas cubanos Silvio Leonard, Alberto Juantorena y al decatlonista norteamericano Bruce Jenner, famoso ahora por haber adoptado vestimenta y arreglo de mujer.

La Selva taurina en la esquina de Ezequiel Montes con Morelos
La Selva taurina en la esquina de Ezequiel Montes con Morelos

En esa misma esquina, una lluviosa tarde de de verano, también en los años 70, iba en mi bicicleta con dirección al sur y, al dar vuelta en Morelos, cuando dicha calle aún era empedrada, la bicicleta se patinó, y fui a dar hasta la banqueta contraria y me caí. Había dos señores sentados en la entrada de una cantina que estaba en la esquina (Hoy es una sucursal del bar La Selva Taurina, propiedad de la familia González Rivas. Uno de ellos, Alfredo, fue mi compañero de Secundaria); uno de los señores que me vió caer, me dijo: mira nada más muchacho… ya te caíste… ¡ven para levantarte!…

 

 

 

 

 


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