MIS RECUERDOS DE LA AVENIDA EZEQUIEL MONTES, “LA CALZADA” (1a). Autor: Gonzalo Guerrero Renaud

Calzada de Belem. Ahora Ezequiel Montes. Vista de Sur a Norte

… cuentan que un día llegó el entonces famoso boxeador cubano José Ángel “Mantequilla Nápoles, con mucha prisa; pidió algunos antojitos…


Por estos días, en Querétaro, se ha escuchado mucho el nombre de la avenida EZEQUIEL MONTES, dado que se tiene el proyecto de hacerle modificaciones para mejorar las condiciones de movilidad de peatones, ciclistas y vehículos motorizados, además de la reparación del adoquinado de cantera que caracteriza dicha importante arteria vial del centro de la ciudad.

El objetivo de este artículo es comentar sobre algunos personajes, edificaciones y hechos relacionados con esa calle, esperando que sirvan de motivación para que el diálogo entre vecinos y autoridades sea fructífero y los trabajos que se realicen sean benéficos para todos.


LAS ENCHILADAS QUE EL BOXEADOR “MANTEQUILLA” NÁPOLES NO PAGÓ. (Cuadra entre Avenida Universidad y Escobedo)

Calle Ezequiel Montes, de Av. Universidad a Mariano Escobedo.
Calle Ezequiel Montes, de Av. Universidad a Mariano Escobedo.

Comenzando de norte a sur, la calle inicia en avenida Universidad. Ahí se encuentra un puente que cruza el Río Querétaro.

Por ese puente cruzábamos mis hermanos Lupita, Juan Antonio, Martha, Javier y yo cuando íbamos a la escuela, allá a mediados de los años 60, ya que vivíamos en la calle de El Retablo y en esos tiempos íbamos a clases en la calle de Ocampo. Las mujeres estaba a un lado del templo de Carmelitas, que al parecer era de unas hermanas de apellido Carrillo, entre Balvanera e Hidalgo; y la de los hombres estaba en Ocampo 2 Sur, entre Madero y Pino Suárez, que era la escuela J. Guadalupe Velázquez, en la cual, además de contar con educación de “Párvulos” (preescolar) y primaria, se daban clases de Música Sacra (por esas fechas, uno de los alumnos destacados en canto era el ahora profesor y cantante Francisco Picón Becerra). Para el año de 1967, nos cambiamos de casa a la 1ª. Privada de Morelos, a media cuadra de Ezequiel Montes, hacia Nicolás Campa.

En ese entonces, el gobernador era Don Juventino Castro Sánchez (entre 1967 y 1973). Por esas fechas se construyó la colonia Las Rosas, por parte de la empresa Casas Modernas de Querétaro, que era de don Jesús Ruiz y don Jesús Lara. A esa colonia se fueron a vivir mis abuelitos maternos, Juan Renaud Quintero y Concepción Díaz, así como su hija Azucena, de tal manera, que con frecuencia recorría yo la calle de Ezequiel Montes, de nuestra casa de Morelos, a la casa de mis abuelitos. La circulación vehicular era de doble sentido.

Un día del verano de 1971 (había yo terminado de estudiar la escuela primaria, en la escuela Vicente Riva Palacio) circulaba yo en bicicleta en el sentido de sur a norte hacia la colonia Las Rosas para llevarle un poco de “mandado” a mi abuelita cuando, al cruzar el puente que está sobre el río, me atropelló un automóvil. Sólo recuerdo cómo de reojo vi que el vehículo golpeó la rueda trasera de la bici, me tiró, perdí el conocimiento y lo recobré cuando me estaban subiendo a una ambulancia que me llevó a la Cruz Roja, la cual se encontraba en ese entonces en la calle de Hidalgo, entre Ezequiel Montes y el callejón de Quintana Roo. Afortunadamente no pasó a mayores el accidente, pero algunos conocidos se enteraron y la noticia llegó a oídos de mi muy querida maestra de 6º año de primaria, María Asunción Hernández Meléndez (la maestra “Chonita), quien amablemente me fue a visitar a la casa al enterarse que me habían atropellado y eso me hizo sentir muy bien, además de que, como maestra, siempre fue muy humana y a la vez muy profesional (y que en paz descanse, porque murió hace algunos años)

Calle Ezequiel Montes. Vista sur norte
Calle Ezequiel Montes. Vista sur norte

En la esquina de Ezequiel Montes con avenida Universidad (antes, avenida del Río), del lado poniente estaba la casa de don Carlos Gómez. Siguiendo hacia el sur, en la casa marcada con el número 153, en los años setenta y ochenta se encontraba una peluquería de un señor de apellido Villanueva (su hijo, Javier Villanueva, tenía también una peluquería, pero en la calle de Balvanera, entre Ezequiel Montes y Ocampo, la cual se llamaba “La Alameda” y tenía unos tableros de ajedrez). Él era militante del Partido Popular Socialista (-PPS – que tenía un logotipo color morado y le llamaban “el partido solferino”). Decía que en su juventud había sido boxeador.

Algunas veces fui ahí a cortarme el pelo y era común que el señor peluquero narrara sus hazañas juveniles como pugilista y decía que incluso había ido a pelear a algunos países asiáticos. Continuando hacia el sur, en el número 125, hubo un billar que era muy concurrido. Luego, en el número 121 estaba una Herrería que era de la familia Amador.

Mantequilla Nápoles
Mantequilla Nápoles

Regresando a la misma esquina con avenida Universidad, pero en la acera oriente estaba el taller mecánico de don Alfonso Camacho (quien tuvo un hijo del mismo nombre que fue portero de los Gallos Blancos). Más adelante, en el número 134, vivía mi muy estimado amigo y colega arquitecto Alejandro López Núñez, quien vivió ahí su infancia y juventud. Su mamá Lupita, por la noches vendía antojitos mexicanos, tales como enchiladas y guajolotes (bolillos remojados en chile) y cuentan que un día llegó el entonces famoso boxeador cubano José Ángel “Mantequilla Nápoles, y con mucha prisa; pidió algunos antojitos, se los entregaron y como se tardaran en cobrarle, se fue sin pagar.

Continuando por la misma acera, había un estacionamiento que, según decían era también era de don Carlos Gómez. Unos pasos adelante, entre las casas con los números 120 y 122 está una fuente que le llaman “Fuente de las Verdolagas”, que hace poco más de 2 años fue restaurada. Siguiendo al sur, ya para llegar a la esquina de Escobedo, por las noches se ponía (y se sigue poniendo) un puesto de “gorditas” que rellenan con guisos, que tiene muy nutrida clientela.

Por cierto, que en esa esquina, si da uno vuelta en la calle de Escobedo hacia el templo de Santa Ana, a unas pocas casas vivía una familia de apellidos López Cárcoba, que tenían una tienda y vendían unas gelatinas hechas en casa, muy sabrosas. El mayor de los hijos de esa familia trabajó por muchos años en la Coca Cola, manejando una camioneta de sonido, y otro de los hermanos, Salvador, jugó en los Gallos Blancos.

 


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