DISCURSO DE JOSÉ “PEPE” MUJICA. Comentarios por: El Adobero

Discurso de José Mujica en Ecuador

Nada vale más que la vida, luchen por la felicidad, y la felicidad es darle contenido a la vida y rumbo a la vida y no dejarte que te la roben…


José “Pepe” Mujica, presidente del Uruguay, uno de los personajes más reconocidos por su humanismo, humildad y sencillez en los últimos tiempos, en un homenaje que le hacen en la cumbre de estado de la UNASUR en Guayaquil, Ecuador, da un discurso lleno de humanismo contemporáneo y de materialismo recurrente propio de la región, que quiero compartir con ustedes.


Queridos compatriotas:

Señores presidentes, colegas…

Estos años de avatares, señores cancilleres, solo tengo que agradecer infinitamente…

Soy un paisano medio atravesado, y el único mérito que tengo es ser un poco vasto, terco, duro, seguidor, constante. Y por eso aguanté. Pero no soy ningún fenómeno. En realidad, los años de cana que me comí fue porque me agarraron, me faltó velocidad.

No tengo vocación de héroe. Tengo sí, una especia de fuego adentro, me retó la injusticia social, la diferencia de clases.

Creo que el hombre es un animal gregario, que vivió el 90% de su historia arriba del planeta, en familias, en grupos familiares. Es un mono raro que no puede vivir solo, necesita de los demás, y ese es su disco duro, su disco duro y social.

Por eso tiene razón Aristóteles: “El hombre es un animal político” y lo es, porque no es un felino. Necesita de la sociedad, se dé cuenta o no se dé cuenta. Pero la historia, el devenir, ese 10% de la historia del hombre arriba de la tierra, no el 90% es responsable de nuestra civilización, que nos dio cosas hermosas. A fin y al cabo en este siglo, vivimos cuarenta años más que lo que vivían, en promedio, hace cien años. Al fin al cabo, yo sé que hay hambre, pero hay el doble de población y el doble cantidad de alimentos, lástima que tiramos casi el 30% de la comida que producimos, ni siquiera se la damos a los perros, menos se lo damos a la gente pobre. Esas son las contradicciones de nuestra civilización, desnuda, clara, agresiva, que nos dan razón, nos cargan la batería para seguir luchando.

Nunca el hombre tuvo tanto como hoy, nunca. Nunca tanto conocimiento.

No me canso de repetir y recordar los millones de dólares por minuto que se gastan en el mundo, los millones de dólares por minuto en presupuesto militar.

Decir que no hay plata en este mundo para un gigantesco Plan Marshall que recorra toda la tierra a favor de los pobres para integrar a la vida humana a los millones de pobres y agrandar la demanda de este mundo. Decirme que no hay recurso, es no tener vergüenza.

Cuando nos dicen que la segunda fortuna del mundo, gastando un millón de dólares por día, tendría que vivir 220 años para poder gastar lo que tiene, pero aún tampoco podría porque con una tasa de interés del 2 o 3% anual, tiene 4 millones de dólares por día. Y si decimos que en este mundo no hay plata, es porque tenemos la cobardía política de no cobrarle y pedirle y meterle la mano en el bolsillo los que pueden y en último suturar.

Por eso estamos en política y por eso luchamos en política, porque al fin y al cabo simplificando, es cortar el tocino un poco más grueso a favor de los más débiles.

Porque la política es elegir decisiones, y elegir decisiones que favorecen a uno y pueden perjudicar a otro, y estar con la mayoría o estas con la minoría y no hay término medio. No se puede ser neutral y hay que tomar partido.

Pero aparte de esto compañeros hay otra cosa. Hay una cosa más importante que la justicia. Algunos de nosotros nos quisieron formar en un mundo, era un valle de lágrimas para ir a un paraíso, no te las debo, el paraíso es éste, o la condena es éste, y es esta vida la que hay que pelear para que la gente viva mejor y no tiene término medio.

Entonces el primer valor. Esto tiene sentido si hablamos de cosas centrales, elementales y olvidadas. Yo lo he dicho: Yo no me chupo el dedo con un homenaje, de aquí voy a salir el mismo viejo que soy.

Lo que tiene sentido es pensar por qué hay mucha gente joven y si sois joven tienes que saber esto: La vida se te escapa y se te va minuto a minuto y no puedes ir al supermercado a comprar vida. Entonces lucha por vivirla, por darle contenido a la vida.

La diferencia de la vida humana a las otras formas de vida es que tú le puedes dar hasta cierto punto una orientación a tu vida. Tú puedes, en términos relativos, ser autor del camino de tu propia vida. No eres como un vegetal, que vive porque naciste, después de haber nacido puedes dar un contenido o no. O puedes enajenar tu vida, que te la compre el mercado. Y te pasas toda la vida pagando tarjeta y comprando cacharros y le das pa delante y a final de cuentas, como un viejo como yo, todo lleno de reumatismo, te pelaste y ¿qué hiciste en este mundo?

Pero si tuviste un sueño y peleaste por una esperanza e intentaste transmitirle a los que quedan, tal vez queden pequeños alientos rodando en las colinas, en los mares. Un pálido recuerdo que vale más que un monumento, que un libro, que un himno, que una poesía. La esperanza humana que se va realizando en las nuevas generaciones.

Compañeros:

Nada vale más que la vida, luchen por la felicidad, y la felicidad es darle contenido a la vida y rumbo a la vida y no dejarte que te la roben. Y para eso no hay receta. Está acá, en la conciencia. Si vos usás o has usado la maravillosa oportunidad de haber nacido, casi milagrosa.

Por lo demás, un segundo consejo a los jóvenes: Imposible cuesta un poco más y derrotado, derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan.

La vida te puede dar mil tropezones en todos los órdenes, en el amor, en el trabajo, en la aventura de lo que estás pensando, en los sueños que pensáis concretar. Pero una y mil veces, estas hecho con fuerzas para volverte a levantar y volver a empezar. Porque lo importante es el camino.

No hay una meta, no hay un arco del triunfo, no hay un paraíso que nos recibe, no hay odaliscas que te van a recibir porque moriste en la guerra, no, ya quedaste y punto. No, lo que hay es otra cosa, esa hermosura de vivir al tope, de querer la vida, en cualquier circunstancia y luchar por ella, e intentar transmitirla, porque la vida es no solo recibir, es, antes que nada, dar algo de lo que tenemos, por jodido que estés, siempre tenéis algo para darle a los demás.

Entonces, compatriotas, era un pibe, en un país, que le llamaban, la pequeña suiza de América, iban a estudiar en la década del cuarenta de toda América Latina, habíamos sido hijos privilegiados, bastardos del imperio inglés, y nos fue bastante bien, como la República Argentina, que estaba por los dos, entre los poderosos del mundo, arriba de la Plata. Y era una cosa distinta del resto de América Latina, parecíamos casi medio europeos, y hasta por momentos nos pareció que éramos pero eso fue un espejismo, pasó, el mundo se reacomodó después de la guerra. Vinieron los términos de intercambio, le empezamos a deber al fondo monetario internacional.

Ésa fue mi juventud, de algo que era muy alto y hermoso y se desmoronaba. Y no hay cosa más retobada que aquel que estando bien se viene abajo. El que está acostumbrado a estar mal se resigna, pero el que estuvo bien y se viene pajo.

Por eso pertenezco a un movimiento que se golpeó la boca y salió a intentar cambiar el mundo y nos molieron a palos. Acariciamos nuestros sueños. Eran tiempos que pensábamos que las dictadura del proletariado era una explicación importante de la lucha de clases y naturalmente cada generación comete sus vicisitudes.

Pero aquel viejo fuego que llevábamos adentro era tan grande que nos permitió llegar hasta hoy, siendo conscientes de los errores que cometimos, pero siendo conscientes de la gigantesca generosidad con que abrazamos la vida.

Y cuando vemos un mundo lleno de cacharros, de plata, de recursos, que Dios me libre, parece que se les parte el alma por prestarte un auto, o por darle una mano a un pordiosero, recoger un perro y darle de comer, qué se yo. No he visto mundo más machete que el que nos toca vivir.

Añoro aquella juventud, de corazón abierto que equivocadamente lo entregaba y lo daba todo y no se guardaba nada para sí mismo. Lo que le

No reniego del pasado, no reniego de los errores, la vida es un aprendizaje continuo y está llena de caminos muertos y de pisotones, pero la vieja causa que nos empujaron está tan presente en el mundo en el que nos toca vivir.

Nunca se ha visto tanta concentración de la riqueza. Nunca se ha visto tanta desigualdad en un mundo que tiene tantos recursos y tenemos tantas posibilidades. Creo y creo y tengo confianza que el hombre es capaz de construir sociedades infinitamente mejor si tiene el coraje de mirar el rumbo de las sociedades más viejas que están en el fondo de la historia de la humanidad. No para volver al hombre de las cavernas, sino para aprender la generosidad que nos implica la defensa de la vida, para entender esto, para entender lo elemental, lo más simple.

Para ser felices necesitamos la vida de los otros. Los individuos solos somos nada. Los individuos dependemos de la sociedad. Y la marcha de la sociedad es lo que nos permite crecer y mejorar permanentemente nuestra vida.

Por lo tanto, la causa colectiva hay que levantarla y en esta historia y en este momento eso tiene un nombre, en esta América Latina, la lucha por acercarnos, la lucha por integrarnos, la lucha por recrear una cultura, una cultura que respete la diversidad pero que exprese ese nosotros, profundo y oculto, que viene de la conformación de nuestra propia historia. Podemos y debemos. Pero ¿será posible?

Si hay voluntad política, si hay compromiso de los jóvenes, si quieren vivir felices, levanten una idea en la que hay que creer, vivan para seguir esa idea. No se dejen esclavizar por el mercado.

El mundo que tendremos será el que seamos capaces de lograr. Y los latinoamericanos tenemos que ser, por haber llegado tarde y de atrás, un reservorio de lo mejor de la civilización humana. Un continente de paz, un continente de justicia, un continente de solidaridad, un continente donde es hermoso nacer y morir. Un continente que le dice sí a la justicia, un continente sin odio, un continente sin venganza. Un continente que dignifique la existencia del hombre arriba de la tierra, como animal que cuida lo portentoso de la creación que significaba este barco de vida que es el planeta.

Denle contenido a la existencia, porque si no lo hacen conscientemente el contenido va a ser la cuota que tiene que pagar cada fin de mes por el nuevo cacharro que tienen que comprar y así sucesivamente y crónicamente hasta el fin de vuestros días, hasta que un día los huesos no se levanten y adiós. No queda de ti ni el recuerdo ni el aliento.

No corran, juventud hay una sola, la de afuera. Hay otras cosas además de la juventud, la irreverencia de mirarse en el espejo y comprometerse con la realidad. Para eso se puede ser joven, viejo o mediano.

No hay que dividir el mundo en hombre, mujeres, negros o amarillos, no, Hay que dividirlos en dos sectores, los que se comprometen y los que no se comprometen. Y comprometerse es abrazarse a una causa.

Por eso, yo sé que me estoy acercando al tiempo por una pasarlist. En cualquier momento te tocan “el fau” y ya lo botan. Así es…

Jose Mujica, de carne y hueso
Jose Mujica, de carne y hueso

Todavía no he podido creer en el más allá, ni en Dios. Respeto a todas las religiones en pila, saben ¿Por qué? ¿Por qué respeto tanto a las religiones? Porque he visto en un sala de hospital el enorme servicio que le presta al bien morir. Y por eso, si yo no puedo creer, no me río de las religiones, las respeto. Me han hecho pensar, por su vigencia, en todos los tiempos y en todas las edades y en todos los rincones de la historia del hombre en el planeta, que siempre cree en algo, que no hay dicho más utópico que el hombre.

Por eso mismo, porque es capaz de construir la necesidad de un más allá, quiero al hombre, lo admiro y respeto a las religiones.

Y uno de estos días, seré menos que polvo. Tal vez, quede en una paloma dando vuelta en la cabeza de alguno.

Gracias Ecuador, un abrazo a todos…


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