EL ESPÍRITU DEL MAGUEY. Autor: Noé Mora Escobedo

El Espíritu del Maguey

Era un pueblo feliz, no había mejor momento que ser sorprendido por los primeros rayos solares, trepado sobre un maguey, armado con su acocote*…


Noé Mora nos comparte una historia, desde su pueblo: Contepec en el estado de Michoacán, con tal sencillez ,que emociona al hacernos recordar lo auténtico de una nación y sus raíces…


Cuento para mis nietas…

Contepec, Michoacán
Contepec, Michoacán

Había una vez un pueblo hermoso, risueño, trabajador, ubicado en las faldas de la montaña sagrada, donde habitaba un espíritu ancestral muy bondadoso que cuidaba que los habitantes tuvieran lo necesario para vivir y ser felices; su morada era la planta del maguey.

Como buen padre, se preocupaba por que las personas tomaran conciencia de que en este mundo nada es gratuito y les concedía sus dones siempre y cuando hicieran la parte que les correspondía, como era: plantar magueyes pequeños, cuidarlos mientras crecían arrancando las malas hierbas, aflojando la tierra a su alrededor, fertilizándolos, curándolos si enfermaban; si esto hacían durante algunos años, les permitía abrir el corazón de los magueyes maduros donde les entregaba el néctar de los dioses: el aguamiel.

Este néctar, mediante un proceso muy cuidadoso, se convertía en el sabroso y nutritivo pulque que tomado con moderación genera euforia, alegría y da energía para seguir trabajando.

Los habitantes del pueblo vivían agradecidos y cuidaban con esmero sus magueyes, conscientes de que mientras más magueyes cuidaban, mayores eran los dones que recibían.

Y no solo era el aguamiel, sino que los beneficios eran extensos y variados ya que lo mismo protegían al suelo del deslave como daban refugio a los animales silvestres, embellecían el paisaje (porque la planta del maguey es muy bella), proveían de combustible a la cocina, proporcionaban fibras para fabricar zacates, riatas, costales, ayates y otros muchos implementos.

Mecapalero
Mecapalero

La vida de los habitantes era muy activa y satisfactoria, desde muy temprano, antes del amanecer hombres, mujeres y niños, iban a recoger el aguamiel que misteriosamente era mejor cuando se recolectaba con la frescura de la mañanita, la transportaban a sus casas ya fuera en la espalda o en el lomo de un burro o caballo o mula, la depositaban en los barriles de barro o madera donde se transformaba en pulque, prefiriendo el frescor de la casa donde se guardaba hasta que la gente lo consumía para mitigar la sed propia o del viajero sediento que se acercaba a pedir agua, o para sus grandes celebraciones sociales como nacimientos, bautizos, bodas, victorias o simplemente como complemento a la hora de los alimentos.

Durante el día trabajaban el campo, cuidaban los magueyes, hacían labores domésticas, asistían a la escuela y en la tarde nuevamente hacían la recolección del aguamiel, llegando a su casa cuando la obscuridad empezaba a cubrir la población.

El Maguey y el Pulque
El Maguey y el Pulque

Era un pueblo feliz, no había mejor momento que ser sorprendido por los primeros rayos solares, trepado sobre un maguey, armado con su acocote*, sorbiendo el precioso néctar para posteriormente descargarlo en la tashinga*, o disfrutar del crepúsculo vespertino recorriendo las angostas veredas entre las magueyeras, alumbrados por los últimos destellos del día rumbo al descanso que siempre ofrece el hogar.

Así, este espíritu benefactor cuidaba a su pueblo proporcionándole lo necesario para vivir mediante esta industria y lo hizo durante siglos, pero una amenaza se cernía sobre él: la codicia del hombre que todo quiere transformarlo en dinero lo más pronto posible y el maguey necesita paciencia y amor.

Pronto el pulque sufrió el ataque de las bebidas alcohólicas más fuertes y perjudiciales y aunque el pueblo se resistió un tiempo, vino un personaje obscuro que prohibió el uso del pulque. Los habitantes ingratamente abandonaron el cuidado de la morada del espíritu benefactor: el maguey, y éste ya no pudo cuidar a su gente.

Abandonando el Tinacal
Abandonando el Tinacal

Y las personas tuvieron que abandonar el pueblo y los pocos que quedaron hoy viven de lo poco que produce su tierra, de las dádivas del gobierno y con el sueño que llegue algún empresario, establezca una fábrica que les dé el empleo, lo que antes tenían al cuidar el maguey, aunque los explote sin piedad.

El espíritu aún existe, vive en los pocos magueyes descuidados que quedan, su bondad es tan grande que pacientemente está esperando que su pueblo, al que cuidó durante siglos, entienda que vivir bajo su tutela es más sano, más conveniente y más feliz, pero como todo buen padre, su exigencia será que el pueblo cumpla con su parte que es cuidar al maguey.


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One Thought to “EL ESPÍRITU DEL MAGUEY. Autor: Noé Mora Escobedo”

  1. REFUGIO CARRERA M.

    Saludo con afecto y admiración, desde Chihuahua, a mi amigo Noe Mora quien a través de este bella narración hace un justo reclamo, una denuncia; y nos exhibe lo ingrato que hemos sido ante el maguey y todo cuanto él representa. Espero pronto, de nuevo, nos agasaje con una aportación más.

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