LA PROTESTA. Autor: Tarsicio Salgado Tovar.

Contaminación del Río Lerma

-¿Acaso tú no comes y no bebes lo mismo que nosotros?…


Tarsicio Salgado nos presenta un cuento, de sátira social y política, muy antiguo pero muy actual y vigente, de las ambiciones políticas y económicas que han dañado inexorablemente nuestro hábitat.


LA PROTESTA.

El Sabinal. Río Lerma
El Sabinal. Río Lerma

Los pocos ricos del pueblo se encontraban en peligro, la reciente decisión del Cabildo les coartaba su derecho a hacer uso de los recursos que la naturaleza había puesto a su alcance.

A iniciativa de Don Manuel Castro Matarríos, Gerente de Toxiazul, la crema y nata del sector productivo se dio cita en casa de los Estívales, para tratar tan delicado asunto.

Cual debe ser, fue invitado también el Señor Presidente Municipal, Don Juan Abascal, y los regidores comprometidos con la iniciativa privada, los que, de una manera u otra, habían recibido favores de ellos.

La asistencia fue selecta, la comida deliciosa, las bebidas refinadas. Casi todo fue de importación, incluyendo a las personas. Don Juan y sus regidores estaban en un mundo ajeno; bebían no convivían, comían no saboreaban, no eran amables sino serviles.

Al calor de las manzanillas, coñaques y vinos tintos y rosados, la plática subió de tono, las quejas se volvieron reclamaciones, los amigos se hicieron coños y éstos se convirtieron en perras madres.

-No es posible, Señor Presidente, que nos pague de esta manera nuestra contribución tan significativa a la campaña que lo llevó a Palacio -airadamente reclamó Don Cherna Calderón.

-Lo que ustedes han hecho, señores regidores, es una marranada -continuó Don Félix Estívales.

Tímidamente Don Juan se atrevió a musitar: -Es que el bien del pueblo lo reclama, no tenemos alternativa, el río se está envenenando, los cultivos son raquíticos, los peces se están muriendo, la gente se está llenando de granos, ya no hay conejos, liebres, ni siquiera coyotes, hasta los huevos de las gallinas son más pequeños y escasos y todo porque ustedes…

No lo dejaron terminar. Vociferantes, cada uno con sus peores palabras, le recordaron que él y sus acompañantes comían de sus manos y que, en último caso, les retirarían su apoyo, a no ser que la decisión del Cabildo se anulara.

Uno de los regidores, José Panduro, quiso mediar en la discusión y, como buen conciliador, arrastró su voz y dijo:

-No tiene caso que nos ofendamos y dejemos un problema tan grave sin solución. En primer lugar, restablezcamos nuestros compromisos y tratémonos con respeto y decencia, propongo un brindis fraternal.

Levantó su copa y, una vez que los demás hicieron lo propio, exclamó: “Brindo por esta tierra generosa, por los que le dan gloria arriesgando en ella su patrimonio, por las autoridades que ponen orden y generan progreso para todos, por… ”

Alguien, mejor inspirado, acortó con un rotundo y solemne ¡salud! al que los demás hicieron eco.

Una y otra vez los comensales degustaron los mejores quesos, caviares, jamones, mariscos y demás ultramarinos, y las copas nunca estuvieron vacías. Los tragos aflojaron la lengua de los representantes del pueblo, que se deshicieron en disculpas y promesas.

La convivencia se transformó en galimatías y empezó a declinar conforme los participantes eran vencidos por el sueño causado por la barriga llena y los humores alcohólicos.

Bien dicen que el rostro de quienes duermen es el espejo de sus conciencias. El espectáculo era singular. Los empresarios gorgoreaban su éxito en sus ronquidos y lo dibujaban burlones en sus rostros rechonchos.

Los regidores, en cambio, fruncían el entrecejo y se sobresaltaban en su subconsciente, como si estuvieran a punto de ser linchados por sus pillerías.

Don Juan era un cuadro especial: esbozaba en su cara una sonrisa socarrona de satisfacción total, como de diputado o senador nuevo, en seguida su amplia frente se llenaba de surcos y de su garganta brotaba una caterva desconcertante de interjecciones semiahogadas por la angustia; finalmente se sobresaltaba tanto que inconscientemente trataba de levantarse, sin lograrlo.

El Lic. Carrión, Secretario del H. Ayuntamiento, mucho más medido en el beber, se compadeció de su “Jefe” y lo despertó. Sudando frío, Don Juan le dio las gracias y le confió su delirio.

-Soñé -le dijo- que, gracias a la voluntad del pueblo, llegaba a ser diputado y que quien primero me felicitaba era el Señor Presidente de la República, don Vicente de Sahagún.

Ya en mi despacho, concluido el besamanos, fueron entrando multitudinariamente mujeres demacradas, niños escuálidos, trabajadores enflaquecidos, ancianos decrépitos y adolescentes enajenados.

El desfile parecía interminable, lo raro era que los manifestantes no se apretujaban, aunque yo sentía que me apachurraban y no me dejaban respirar.

Sin que dejara de entrar, con voz fuerte y clara, la multitud inició su protesta. Me gritaban:

-¡Queremos vivir!

-¡Queremos comer!

-¡Queremos nuestro río!

-¡Queremos nuestros peces, nuestros animales, nuestros campos!

-¡Queremos nuestro aire!

Me esgrimió una mujer: -Juan, ¿por qué dejas que unos cuantos nos asesinen?

-¿Acaso tú no comes y no bebes lo mismo que nosotros?, ¿no respiras el mismo aire?, ¿no te conmueven las desgracias que nos han traído tus protegidos?, ¿ya no quieres a tu familia?

-No eres digno de vivir entre nosotros, prefieres el beneficio de tus escasos compinches al buen nombre de tus antepasados y al bien de tus paisanos -musitó con voz trémula un anciano, y agregó:

Andadores en el Sabinal. Río Lerma
Andadores en el Sabinal. Río Lerma

-Tu castigo será escuchar día y noche los lamentos de quienes, por tu testarudez, murieron antes de tiempo y verás, aunque cierres los ojos, los cadáveres de los que fueron envenenados por lo que llamaste “progreso”. Tus hijos no conocerán las aguas cantarinas de nuestro río ni sus fértiles riberas, sus ojos no podrán recrearse con las gracias de los conejos, las liebres y las tortugas; sus bocas nunca probarán el exquisito sabor del bagre, la carpa, las ancas de rana; sus oídos no se deleitarán con el melodioso canto de los jilgueros, los gorriones, las calandrias y los cenzontles. Tu nombre será maldito por nuestros descendientes.

-En ese momento, querido amigo, usted me volvió a la vida y a la razón. Licenciado Carrión, gracias por haberme despertado. Tenga la bondad de destruir el Acta de Cabildo de la sesión anterior y sustitúyala, bajo mi responsabilidad, por el acuerdo unánime de convertir la ribera del río en un parque ecológico que lleve el nombre de “El Sabinal”.


Date la oportunidad de enviar lo que produce tu pensamiento a:

adobero21@gmail.com
¡Hasta el próximo adobe!

Related posts

Deja un comentario