“MADRE”. Poema de: Antolín Orozco Luviano

Doña Romana Luviano Valencia

Mi  madre vive acompañada de recuerdos, que saltan, juegan, ríen, le hacen travesuras, la reconfortan…

 


Antolín Orozco Luviano
Antolín Orozco Luviano

 

Es muy grato presentar a ustedes a un amigo de El Adobero de hace más de 50 años, ANTOLÍN OROZCO LUVIANO. Periodista de profesión, poeta, editor. Nació en Tlalchapa, Gro. Radica en Morelia, Mich. Ha publicado: “Palabras que germinan”, libro de poesía y narrativa, Ediciones Oro, 2006; participa en la antología “Narrativa en miscelánea”, UNAM, 2007; es coautor del libro “Ases de Tierra Caliente”, Conaculta, 2012. Es promotor cultural y participa en el Proyecto Cultural Sur. Es coordinador editorial de Ediciones Oro.

 

 


MADRE

I

Las manos de mi madre florecen en el jardín:
nardos, buganvilias, almendros, tulipanes
echan raíces en su corazón

La casa de mi madre es de adobe y sol
de viento y luna
de recuerdos y café

En el follaje de sus patios
hay frescura de otros tiempos:
vida que se quedó entre hojarasca

Y en las copas de los árboles,
los sueños de mi madre
se elevan en floridas enredaderas

Mi madre vive acompañada de recuerdos,
que saltan, juegan, ríen, le hacen travesuras,
la reconfortan.

Los silencios de mi madre están llenos de voces
de cunas
de lluvia
de corrales
y amaneceres

En su corazón, días y noches se detienen,
se estacionan,
les gusta estar ahí;
y en las madrugadas, sol y estrellas
acompañan el canto de los gallos

 

II

 

Al amanecer,
se levanta con la bendición del día.
Camina lento…
su mano derecha siente el terreno que pisa
y sus ojos claros son la luz de su esperanza

El mundo,
triste o contento,
se quedó a reposar bajo su almohada…

Con el sol en los almendros
y la alborada en sus ojos,
mi madre sale al corredor
y la mañana se alegra:
un aletear de periquitos
revolotea en su jardín

Abre su armario en la cocina
y sirve el café con alegría,
como si en la mesa viera a papá
mojado de lluvia después de ordeñar

Papá la acompaña también desde su ausencia.
desde su juventud
desde siempre.
El campo entra por la puerta abierta:
los sembradíos,
los cerros,
los caminos,
y la ordeña
detienen su eterno caminar
mientras el tiempo descansa
en la memoria de tardes húmedas

 

III.

 

Al plantar un rosal,
mi madre siembra una bendición;
sus manos de tierra,
de sol
de agua
cultivan flores, que en oraciones,
brotan de su corazón.

Los rezos de mi madre
son plegarias,
son esperanzas,
pero también son ríos
y caminos que llegan al cielo.

Los rezos de mi madre
son fuente inagotable de energía;
fortalecen su corazón
aunque sus piernas tiemblen
aunque sus noches sean infinitas
aunque el dolor triture sus huesos.

La oración de mi madre,
fuerza poderosa del perdón
refugio de su soledad,
es la voz de su esperanza
por la paz.

IV.

Y ella canta en silencio
una historia de pueblo,
de arrullo de cuna que se llevó el viento
de pecho materno que alimenta un sueño
de lucero azul en medio del tiempo
de pájaro niño que ha emprendido vuelo.
Mamá juega en el recuerdo
de su casa grande
de huerto con luna
de flores y estrellas
de hermanos ausentes
de Alicia en las venas
de Bene en la cuna
de Emelia en la sangre
de amor en la tierra
de flor en el alma
de canto en el pecho,
de Eufracia en Los Bancos
de Efrén caminando
de niña en la bruma.

Un camino de luciérnagas guía la noche
entre las sombras de su huerto
mientras abraza el mejor sueño de su infancia.

Y ahí se levanta, vive y canta
la mañana luminosa
de Don Paulino y Dolores
en el patio de su casa…
Emelia, su madre, la ve desde el cielo
y en gotas de lluvia le envía amor y besos.
Por eso a mamá le gusta mojarse en la lluvia
y bañarse en chorritos que bajan del techo
y beber agua zarca de algunas barrancas
y empapar su pelo con el aguacero
y hacer un remanso de lluvia en su pecho
donde vuelen aves de amor en el cielo.

 

V.

 

Papá la visita en su soledad
y pregunta cómo está.
A veces pasean a caballo.
Cuando ella le ofrece de comer,
él sonríe y desaparece.

Queda entonces la tierna hierba humedecida,
el aroma a campo y a tierra mojada,
la fragancia fresca de sus diecisiete años
con su pelo largo,
con su mechón claro de luz,
con sus ojos de ilusión.
Y risueña, vuelve a tomar su carga de recuerdos.

VI.

 

Alegre y sembradora, mamá camina entre la milpa
corta judío, calabacitas y pone la tarde en su costal
donde van las montañas que adornan el valle.

Campesina peina las nubes,
acaricia muñecas de pelo tierno de elote
saluda cariñosa a las abejas
que vuelan en su mismo horizonte.

VII

 

Un vendaval de sentimientos tristes
deshojó el árbol de su vida
y dejó atorado un nido en su corazón.
Las hojas caían como lágrimas del tiempo.

Ahí fue cuando dije:
Vámonos, madre; andemos otro horizonte.
Desentierra tu raíz.
Llévate en tus ojos el jardín de mariposas.
Recoge uno a uno tus recuerdos,
junta las cenizas de papá
y envuélvelas en mi llanto
para que tú no llores.
Vayamos a trasplantar la vida en otros soles
en otras lunas
en otras tardes
en otras tierras,
en otros corazones.

 

VIII.

 

Resistió mi madre las tormentas inesperadas de la vida
y siguió sembrando anhelos
que florecen al final de la lluvia.

Plantó tamarindos, almendros y limoneros
donde vienen a cantar las primaveras
y agosto se regocija en su cumpleaños

El viento de la noche empujó la puerta de su casa,
pero no pudo abrir; esperó la mañana:
entró entonces el viento,
el sol,
la mañana nublada
y un arcoíris, hasta su cama

En su universo de adobe
brillan por las noches luceros de Tlalchapa
que se pueden llevar para adornar los sueños
y ella guarda uno para dárselo a sus hijos.

Con pasito lento llega al jardín de su casa,
hace a un lado las dolencias de su cuerpo
y sonríe mi madre
porque ha sido siempre una “determinada”;
y el destino le ha dado un horizonte de lirios.
Sembradora de fe y esperanzas,
su huerto principal está en su corazón.

 

Doña Romana Luviano Valencia en su jardín
Doña Romana Luviano Valencia en su jardín

 


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2 Thoughts to ““MADRE”. Poema de: Antolín Orozco Luviano”

  1. María Cecilia

    ¡Bello poema! Un deleite leerlo. Gran escritor Antolín Orozco Luviano

  2. María Teresa Galván Parra

    Hermoso poema para venerar a una madre , maestro Dios lo siga bendiciendo con la presencia de su linda madresita

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