EL IMAGINARIO SOCIAL DE MAESTRO. Autor: Rosa María Salgado Rico

Imagen de un Buen Maestro

 

 

Hoy se pretende que el docente sea un ser humano excepcional, competente, profesional, reflexivo e intelectual…


Actualmente, el imaginario social del maestro de educación básica es muy distinto al que se tenía hace veinticinco años. Hoy se pretende que el docente sea un ser humano excepcional, competente, profesional, reflexivo e intelectual, idea que no congenia con la percepción que se tiene sobre la mayoría de los profesores de educación básica y que influye en el deterioro de la imagen social de ellos que ven cómo poco a poco su quehacer educativo se va devaluando socialmente.

Imagen de un Maestro de Hoy
Imagen de un Maestro de Hoy

Los padres de familia, los alumnos, directivos y el resto de la sociedad han cambiado su opinión sobre la imagen que proyectan estos maestros en la actualidad y la que proyectaban hace veinticinco años. Actualmente ésta es la de una persona a la que no le agrada su trabajo, con poca preparación, deficiente cultura e insuficiente formación didáctica; con nostalgia se habla de los maestros “de antes”, los de la férrea vocación y la entrega total, los que sí sabían enseñar y educaban, los rectos y justos, los extintos verdaderos maestros. Incluso cuando un alumno no muestra empeño suficiente en sus clases, saca bajas notas o no le gusta estudiar, los papás le sugieren que “por lo menos estudie para maestro de primaria”, de tal forma que han semiprofesionalizado la práctica docente y la discriminan, ya que consideran que para llegar a ser profesor no se requiere de una gran capacidad intelectual ni de mucho esfuerzo académico.

En contraste, hace veinticinco años, el maestro era admirado por los padres de familia que inculcaban a sus hijos el respeto a su mentor, por los alumnos que veían en él un modelo a seguir y por la sociedad en general que depositaba en ellos sus esperanzas de formación de nuevas y mejores generaciones.

La imagen social del maestro ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la humanidad. Considerando la variedad histórica de las imágenes del maestro desde la óptica de un planteamiento pedagógico triplemente despegado, se pueden remontar a tres grandes modelos que, a su vez, corresponden a tres visiones antropológicas claramente diferenciables.

Johan Heinrich Pestalozzi
Johan Heinrich Pestalozzi

Según Pestalozzi (1) , el hombre puede ser considerado como obra de la naturaleza, como obra de la sociedad, o como obra de sí mismo y, en concordancia la imagen del maestro se ha percibido respectivamente como auxiliar de la naturaleza, como agente de la sociedad o como representante de una humanidad realizada, es decir como persona.

Todas esas imágenes de él cuentan con una larga y rica tradición histórica que analizaremos de manera muy general.

La imagen del maestro como auxiliar de la naturaleza, exigía que éste observara y estudiara a fondo las necesidades de aprendizaje y desarrollo naturales de los niños, a fin de poder disponer y preparar las cosas en su alrededor de manera que goce el presente y avance en su desarrollo natural. Rousseau en una carta fechada el 10 de septiembre de 1763, enumera una serie de criterios que ha de cumplir un buen maestro como auxiliar de la naturaleza:

1. Debe ser del mismo sexo que su alumno.
2. No debe ser joven, ni sobre todo, guapo.
3. Mejor una viuda(o) que un(a) soltera(o).
4. No debe poseer sentimientos elevados y menos una alta cultura.
5. Debe ser ordenado y principalmente, dar prioridad a sus propios intereses.
6. Es preferible que sea distanciado y desinteresado, y que tenga un carácter frío más que brillante.
7. No debe ser demasiado vivaracho, en modo alguno un atolondrado.
8. No debe contar con la menor cultura, lo mejor sería que no supiera ni leer.
9. La única cualidad espiritual de la que no puede prescindir es sinceridad.

Aunque ahora parecen ilógicos estos criterios, hay que recordar que el programa educacional de Rousseau tiende a que el niño aprenda lo menos posible mediante palabras y libros, y lo más posible medio de su propia y natural experiencia. De esta manera la imagen social del maestro era más bien la de un “jardinero” que cuida la semilla y la planta o un “cuidador” que domestica a un cachorrito.

Una imagen completamente distinta del maestro lo muestra, no como un auxiliar del nacimiento, del desarrollo individual, sino como un formador que privilegia las exigencias y necesidades sociales. Algunos de los primeros en tomar esta imagen fueron los sofistas, que proporcionaban a sus discípulos conocimientos y habilidades de utilidad social y política. Para esto derivaban su competencia de sus estudios especializados –matemáticas, gramática, retórica, política, ciencias sociales, etc.- y de su familiaridad con las cualificaciones exigidas para el éxito social-político.

El concepto de maestro como agente de la sociedad se nutre hoy, ante todo, desde el cambio sociológico. A partir de Durkheim se encuentra la definida prefijación de la educación en su función socializante, de la que forzosamente se deriva la imagen del maestro como agente de la sociedad.

El ser social equivale a un sistema de ideas, sentimientos y hábitos que no constituyen expresión de nuestra personalidad, sino del grupo o de los grupos a los que pertenecemos. En este campo se encuentran convicciones religiosas, principios y prácticas éticas, tradiciones nacionales y profesionales, opiniones colectivas de toda índole.

Desde esta perspectiva sociológica, se deduce que la tarea del maestro es impregnar valores, normas y modelos de comportamiento, conocimientos y habilidades, orientaciones y motivaciones, cualidades y competencias, que hagan al individuo capaz de intervenir socialmente y a la sociedad capaz de funcionar como tal.

Ahora el maestro se convierte en organizador de los procesos de aprendizaje, cualificador, ingeniero de socialización, perfectamente aleccionado en el aspecto sociológico. Las tecnologías de la enseñanza y las técnicas de la modificación del comportamiento deben constituir, los contenidos del saber preferido del profesional de la enseñanza.

En los últimos años, se ha entrado en una polémica derivada de la excesiva preponderancia de la personalidad del docente, misma que era medida con un desmesurado catálogo de virtudes, profesionalmente inespecífico y desmedido. Esta polémica ha tendido a la desvalorización de la personalidad del maestro. En este caso, la imagen del maestro se hace patente ya que la educación y la formación del hombre no son consideradas como obra de la naturaleza o como obra de la sociedad, sino como realización de un hombre –el maestro-.

¿No será que el cambio en la imagen social del profesor ha traído consigo transformaciones en la manera en que se relaciona con sus alumnos, en la motivación que tiene para la realización de sus labores diarias y en los resultados de su práctica docente?

¿Ustedes qué piensan?

(1) Böhm, Winfried & Schiefelbein, Ernesto. (2006, p.87)

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