LA LLORONA DE LA SIERRA. Autor: El Adobero.

La Llorona de la Sierra

Después de la desviación a Tancama verán una gran ceiba, ahí sale la llorona…


Todo inicia el 15 de mayo de 1867. Las tropas francesas han sido derrotadas en Querétaro, el emperador Maximiliano ha sido aprehendido y se encuentra encerrado en el convento de la Cruz…

Las tropas republicanas se han adueñado de la ciudad y en una vorágine de sangre y venganza, buscan a los franceses que fueron amistosa y amorosamente alojados por algunas familias queretanas.

Los soldados franceses huyen aterrorizados por las crueldades que sufren por la derrota, algunos hacia el sur en algunas aldeas cercanas al pueblo de San Miguel Huimilpan y otros hasta Amealco. Otros hacia el norte, algunos pasando por la zona de Bernal y Ezequiel Montes y algunos otros por el poblado de San José (ahora Iturbide) hacia la sierra de Guanajuato y Querétaro, pasando por Xichú y San Miguel Palmas, hasta llegar a la Purísima y San Juan Buenaventura. Otros continuaron su camino hasta las aldeas más recónditas de la sierra queretana, Valle de Guadalupe y Tres Lagunas y aún otras más lejanas: el Lobo y Agua Zarca.

Para identificar esta ruta, solamente es necesario dar seguimiento a los rastros, niños y niñas de tez blanca y ojos claros y algunos hasta con apellidos franceses como es el caso que les cuento.

Uno de los pelotones franceses se fue a refugiar a la aldea de Tres Lagunas, encabezados por un teniente de apellido Duvaliere. Fueron bien acogidos por la población e hicieron su vida y sus nuevas familias hasta su muerte, incluso al día de hoy es posible ver en el panteón de la comunidad tumbas con nombres y apellidos franceses, de esos que huyeron de Querétaro.

Dice la leyenda que unos cinco años después de la caída de Querétaro, una dama francesa, joven y agraciada, que nunca se resignó a la desaparición de su esposo, el joven teniente Duvaliere, disponiendo de su hacienda, se preparó a venir a México e iniciar una travesía para poder encontrar a su amado.

Llegó a Veracruz e inmediatamente después inició su aventura hacia Querétaro. En el transcurso del viaje se fue informando de las crueldades que estaban sucediendo en México. De cómo las huestes de Juárez sin medida y sin respeto saqueaban las haciendas y mansiones de los anteriormente potentados, entre ellos a los templos y conventos que eran despojados de sus riquezas y tesoros más preciados.

A su llegada a Querétaro, recurrió a una de las familias que habían tenido más relación con los oficiales franceses para obtener información del posible camino que hubiera seguido su esposo.

Llegó a la conclusión que lo más probable es que haya sido de los soldados que huyeron a refugiarse a la sierra gorda donde hacía más de cien años Fray Junípero Serra había construido unas misiones.

Emprendió su camino hacia la sierra, llegando a Concá y la Purísima siguiendo la ruta de la sierra de Guanajuato. Permaneció uno días en Jalpan para reabastecer su caravana.

Investigando entre la población de Jalpan, se informó que un grupo grande de personas extranjeras se había refugiado en la población de Tres Lagunas, por la ruta de Agua Zarca. Le informaron también que había en ese camino bandas de salteadores que se habían formado con nativos y soldados abandonados por las fuerzas de Juárez.

Dejando aparte sus miedos se llenó de valentía y ordenó salir hacia la aldea de Tres Lagunas con toda su caravana.

No había recorrido más de unas diez leguas, cuando una banda de asaltantes los atacaron, sus mayordomos y peones así como los guardias que la protegían fueron cruelmente masacrados. Sus más bajos instintos se encendieron al ver la belleza de la patrona de la caravana, que ataviada con vestimentas que impactaban por su blancura, dejaban apreciar su graciosa figura; la aprehendieron y mientras echaban a la suerte para ver quién iba a ser el primer rufián en tomarla, ella hábilmente tomó una de las cabalgaduras y huyó hacia el oriente. Al darse cuenta de la huida más de diez jinetes la siguieron y como conocían todos los atajos de la región, rápidamente se fueron acercando para alcanzarla.

La joven señora, al ver que no tenía forma de huir de sus perseguidores, llegó a hasta una gran ceiba y en su desesperación para no caer en sus manos, tomó la cuerda de la cabalgadura, la hizo pasar por una rama de la ceiba, se la colocó en el cuello y prefirió colgarse antes de sufrir su deshonra.

La Gran Ceiba
La Gran Ceiba

En las cercanías a la aldea de Tancama se contaba que por las noches de luna llena, en una gran ceiba se veía deambular una figura de gran blancura que parecía flotar por el bosque tropical de la región.

Pasaron el tiempo y a principio de los años setenta, se construyó la carretera de Jalpan a Landa de Matamoros, coincidiendo en su trazo por la gran ceiba. Uno de los ingenieros topógrafos evitó que el trazo la destruyera con la maquinaria e hizo un ligero desvío para dejar a un lado del camino ese gran árbol.

La carretera fue terminada e inició el tráfico de vehículos en esa región. La parte del camino por donde está la ceiba es una recta de unos cuatrocientos metros de largo, sin curvas y sin mayor peligro. Sin embargo, se fueron sucediendo muchos accidentes inexplicables en ese tramo del camino.

Este Adobero llegó a trabajar a la sierra en el año de 1977 a supervisar las obras de construcción de escuelas en toda la región. Mis compañeros de trabajo Eliseo y Manuel me enseñaron todas las travesías, rutas y caminos de la sierra, que en ese entonces, fuera de las carreteras, todos los trayectos a las comunidades eran sobre machos o a pie.

Las Cruces del Camino
Las Cruces del Camino

Una noche, viniendo de la comunidad de Otates en el municipio de Landa de Matamoros, pasando por la gran ceiba le pregunté a Eliseo porqué había tantas cruces en ese tramo del camino.

Eliseo me contó de la leyenda de la llorona de la sierra, me decía que precisamente en el lugar que íbamos pasando, en noches de luna, a los conductores solitarios se les aparecía repentinamente a media carretera una mujer muy bella, ataviada con velos de gran blancura que dejaban ver un cuerpo de gran belleza y que parecía que no pisaba el pavimento.

La impresión de la aparición originaba gran cantidad de accidentes fatales en ese tramo de camino.

A otros conductores, en forma repentina se les aparecía dentro de su vehículo y les invitaba a seguirla a su casa bajo la promesa de pasiones encendidas. Los que la siguieron nunca fueron encontrados…

La siguiente noche de luna, Manuel nuestro compañero llegó respirando agitadamente y sudando frío al lugar donde estábamos durmiendo en el campamento que teníamos en el pueblo de Jalpan, donde ahora está el mercado. Nos contó que viniendo de la Lagunita en el municipio de Landa de Matamoros, por Carrera de Tancama, estaba una hermosa mujer a la orilla de la carretera pidiendo se parara, lo cual hizo ilusionado por tan maravillosa visión. Ya arriba de la camioneta la mujer le pidió que la llevara al poblado de Tres Lagunas porque le urgía llegar en busca de su esposo.

Mi amigo Manuel, presto a ayudar y sobre todo a las damas, no pudo negarse y dio vuelta para retornar hacia el camino al entronque a El Lobo. Y de ahí tomar la brecha a Valle de Guadalupe y de ahí a Tres Lagunas.

Contó que en el camino, pasando La Lagunita, la dama empezó a cantar en un idioma muy raro una canción muy triste. Él le preguntó la razón y ella le dijo que desde hacía muchos años buscaba a su esposo y no lo encontraba. Trató de consolarla y le dijo que él había visto algunas gentes con facha de extranjeros en la comunidad de Tres Lagunas y algunos de apellido Duvaliere. Ella le dijo que ya conocía el camino y que en virtud de que no había querido propasarse ni aprovechar la promesa de amor, le dejaba en prenda un velo de seda totalmente blanco y repentinamente desapareció…

Manuel retornó rápidamente a Jalpan y nos enseñó el velo blanco en prueba de que lo que contaba era verdad. Y sí, yo lo vi, tenía un aroma a jazmines y de una gran suavidad.

Al otro día, el velo había desparecido, lo buscamos por todo el campamento y no lo encontramos…

La Llorona
La Llorona

Ahora cada que paso por esa ceiba, rezo una Ave María por el eterno descanso de la Llorona de la Sierra…


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¡Hasta el próximo adobe!

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5 Thoughts to “LA LLORONA DE LA SIERRA. Autor: El Adobero.”

  1. Anónimo

    Es un relato sumamente muy interesante gracias por ilustrarnos con esta leyenda

  2. Arturo Bautista Hernández

    Buenos días Pío, que buena historia. Felicidades. Un abrazo

  3. Anónimo

    Muy bonita leyenda Pio saludos

    1. adobero

      Gracias Alfonso

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