OMETEÓTL, LA DIVINIDAD EN EL ANÁHUAC. (Capítulo I, 1ª parte). Autor: Alfonso Montejano

Cultura del Anáhuac

Alfonso Montejano, excelente arquitecto, apasionado de la sustentabilidad y nuestra cultura. Nos hace partícipes de su excelente prosa que nos traslada a la verdad de nuestras raíces, que nos deben dar el orgullo más allá de nuestro tiempo…


A Juan Enrique Saavedra Morales/ Historiador de lo Intangible/ In Memoriam

 

Antes de la llegada de Cortés a tierras inexploradas, donde reinaba la armonía, existió un códice Maya que vinculaba a Grecia e Israel con las culturas del Anáhuac, su autenticidad nunca fue confirmada porque solo quedó ceniza de lo arrasado por pueblos bárbaros que no quisieron respetar el acervo de conocimientos y tributo a lo creado por Dios millones de años atrás, antes de Adán, versaba sobre buenas nuevas repujadas en piedra con símbolos ininteligibles pero llenos de sabiduría, su título era el siguiente:

 

“Evangelio de los niños asesinados por Herodes”

¿Qué más pudieron esculpir niños asesinados menores de dos años?

 

En realidad era una piedra lisa que terminaba con más símbolos paradójicos tallados por los habitantes del Cem Anáhuac. No se sabe cómo llegó a Persia, pero un escriba de Babilonia, antes de ser destruida por Jehová de los ejércitos, descifró su significado: “Y vino a nosotros la palabra suave, pausada y tranquila del Dios único de la Sustentabilidad para cincelar que no se le añada ni se le quite nada a este monolito

Ometéotl

Ometeotl
Ometeotl

La Serpiente del viento barrió, con su aliento, la tierra preparándola para recibir el regalo del agua divina, se formó un diluvio límpido y claro, terso y reflejante donde la luz del sol era absorta por el dominio de los colores del Quetzal y el cielo y la tierra fundieron su canto en espasmos paulatinos junto a las joyas de las aves para crear al diestro Jaguar.

 

Los Dioses sembraron las Ceibas y marcaron el centro del Mundo, en el hogar donde los frailes evangelizadores prohibieron el tesgüino, hasta que la inquisición redobló sus esfuerzos y los ensambló en la cobertura de la imposición, en tanto la escritura horizontal y vertical era otorgada bajo una dádiva sublime sobre el continuo espacio-tiempo para denunciar estos abusos, los cuales quedaron enterrados en los interiores de cuerpos mutilados pertenecientes a entendidos sobre las órdenes de los eclipses, seres peregrinos que vencieron a los moradores del inframundo en el juego de pelota y controlaron el entorno de los Dioses del Anáhuac, con miradores de piedra instruida, labrada en sus aristas por Xipe, Tezcatlipoca, Quetzalcóatl e Huitzilopochtli, y custodiada por los salvaguardas de granito de Chac Mool.

 

Quetzalcoatl
Quetzalcoatl

Las fuerzas de la naturaleza fortalecieron la relación con sus creadores: el Relámpago y el Trueno. Las pirámides permanecieron impávidas al contemplar la comunión de los hijos del Maíz con la lluvia y el arco iris, somos la pendiente al cielo, murmuraban, mientras sus descendientes convenían en el patio de los cautivos la repartición de la cosecha que la dinastía de la serpiente había engrandecido al adorar al cosmos. “La tierra será como sean los hombres” aseguraban sin profetizar, y su cumplimiento se plasmará en la dualidad del bien y del bien, solo del bien en el camino del Aztlán al Sol, sin bestias de tiro porque no las necesitamos, aseguraban.

 

La naturaleza provee lo suficiente para ser el pueblo más sano del mundo, antes de la viruela y la sífilis que trajeron los transgresores de la herbolaria, artífices buscadores del plomo envenenador que alimenta los palos de fuego y los hace detonar contra guerreros nada belicosos que encuentran el control de la sobrepoblación en las guerras floridas, perturbadoras de los vínculos con lo sacro; sus rostros revelan la firmeza del corazón con escapes a la dimensión divina, al transformar las tierras prodigiosas, en animales tonales que, bajo el influjo de los chamanes, obtienen el aliento vital durante el momento en que se enciende el Big Bang, explosión primigenia y máximo sacrificio para nutrir la naturaleza, familiar íntimo de hombres respetuosos a los que la espiritualidad subyuga ungiéndolos con las almas de los muertos conversas en mariposas monarcas, vacías de ambición y llenas del conocimiento pleno a imagen y semejanza de fusiones sobrehumanas a los que el mismo jade de sus súbditos reduce a la superioridad virtual de la lealtad, metamorfosis y símbolo de sistemas de cumplimiento y obediencia equitativa, las virtudes de la civilización son nuestras, la comprensión del universo lo ratifica con la alineación de los planetas incrustados en las venas de los guijarros que nadie supo intuir como el inicio de una época gloriosa y sostenible.

 

Telpochcalli
Telpochcalli

La irrelevancia de los dogmas sanguinarios esclavizó las conquistas haciéndolas exiguas ante la inspiración de flor y canto, amistad del arreo de lisonjas poéticas ofrendadas al sol por la eminencia de la Serpiente Emplumada que gobierna a la tierra y al aire, quemaron los códices y se quedaron con las luchas fratricidas, las transformaron en propias porque las lanzas se requerían solo para alimentar a los cautivos llenos de nobleza por la alianza con los Dioses Naturales: Trinidad del Maíz, Calabaza y Frijol, simbiosis indivisa de nutrientes sutiles del Cem Anáhuac, Omnipotencia continente verdadera y combativa del monocultivo transgénico proscrito en los Calmecac y Telpochcallis, donde el arte y el deporte señoreaban sobre el derecho medieval restringido.

 

El trueque no permite la acumulación de riqueza Cem Anáhuac, no tenías diamantes, pero ya tenías libros de sabiduría excelsa, no tenías posesiones usurpadas, pero tampoco tenías esclavitud, tenías libertad cultural hasta que llegaron los rosarios y te dejaron en la orfandad al perder tu identidad, inculcándote la alegría de dormir boca arriba pero en el suelo, tal como nos lo explica Bernal Díaz del Castillo en su historia verdadera de la conquista de la Nueva España, testigo presencial de tormentos y cómplice de aberraciones que pudieron salvar al mundo de su total agonía por el desconocimiento de flora y de fauna extraña que alarga la vida, superstición averiguada en fuentes de la eterna juventud que someten los caprichos del acontecer vivencial de los conquistados, pueblos antiguos de los que no pudieron tomar su tradición por no querer asimilar su esencia, la propiedad comunitaria les impedía este conocimiento de transformación codiciosa, enfocado hacia horizontes de satisfacción colmada, virtud masacrada cuando solo eran dueños de lo que traían puesto y de lo que podían saquear en sus tropelías callejeras mal llamadas conquistas evangelizadoras, así enseñaron con sangre, a robar a gente que no robaba cuando ellos si robaban, a mentir a gente que no mentía cuando ellos si mentían, a matar a gente que no mataba cuando ellos si mataban y a humillar ante rateros, mentirosos y asesinos a la honestidad, la verdad y la justicia, trasmutando a Tonantzin “nuestra madre venerada” por Guadalupe “nuestra madre remplazada”.

 

La Conquista de México
La Conquista de México

Edipo, príncipe de Tebas, se sintió desventurado y fue al oráculo de Delfos a llorar las asechanzas de los suplantadores de los lugares sagrados que circundan a la Madre Tierra, protectora soberana de las víctimas de los descendientes de los invasores, pueblos antiguos que se distinguen por la limpieza de sus cuerpos inmersos en temazcales, donde la sangre escarmienta la bondad de los poros abiertos, dejando a la imaginación los relatos apócrifos de frailes franciscanos narradores de sacrificios humanos con los que hacían tamales, quince millones de tamales sitiados por el Maíz en instantes imposibles, en los que tres segundos eran suficientes para sustraer el corazón palpitante y todavía temeroso por haber recibido con halagos a su embajador enemigo sin romper un hueso, enramadas de cadáveres que simulan selvas guarecidas en las que su propio sustento evita epidemias cocidas con la leña fantasiosa.

sacrificios-humanos
Sacrificios Humanos, que nunca vio Cortés

 

 

 

 

Cortés jamás presenció un sacrificio, sus cartas de relación lo confirman con los mulatos que practican el vudú quinientos años después de su desaparición decretada y con los ausentes del color que resienten aún, el triturar de sus tradiciones, apegándose a las costumbres milenarias profesadas en la ancestral unión del orden natural y lo sagrado, sinergia impuesta por el interior de las sustancias del cosmos vacío y repleto del aroma tribal fuera de lucros religiosos civilizadores que apagan al infinito.

 

Con su nombre original, las doncellas saturaron las lagunas de mil colores para que el sol nos diese luz, Jaques Cousteau las encontró mermadas en su número, por lo que estuvimos y estaremos en tinieblas durante otros mil años hasta que emerjan de sus tumbas los astrónomos más prominentes de toda la humanidad para enseñarnos el concepto de la búsqueda de la verdad, justicia matemática elemental de igualdad de género, vírgenes exponenciales elevadas a la quinta potencia para emponzoñar el agua dulce que bebemos los de cráneo de capirote.

 

Continuará…

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2 Thoughts to “OMETEÓTL, LA DIVINIDAD EN EL ANÁHUAC. (Capítulo I, 1ª parte). Autor: Alfonso Montejano”

  1. Elba Patricia Montejano

    Me encantó, espero la continuación.

  2. Anónimo

    Felicidades Arquitecto!

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